Freddy-Alan-Gonzalez-SalazarSeguro estarás comprometida para entonces y yo habré muerto y conmigo los bosques de niebla en donde solía perderme.

Por: Fredy Alan González

Sentado en el parque de la infancia, pienso en ti, montaña de los desheredados, Andes colombiano, corazón del país donde se irrigan y bifurcan los caminos, ciudad del tránsito, hija Bárbara, belleza de la corrupción, sigue rindiendo honor a los que guardan vigilia y son tus ojos. Santa Isabel, Santa María, senos turgentes, vientre de plata, segarás siendo bella. Bella. Bella en la noche de todas las noches en la que bailas y te haces llama, lucero de la muerte. No hay tierra en tu futuro, sólo cemento e infamia. ¡Ay Pereira, bella sin lugar a dudas, como una adolescente que pide atención y se deja pasear! Seguro estarás comprometida para entonces y yo habré muerto y conmigo los bosques de niebla en donde solía perderme. Serás una mujer organizada. Espero te gusten más los parques, las flores y la música, que consueles a tus amantes ahora que sos despiadada e inútil, pequeño burguesa, es lo que habrán de recordar los hombres sensibles a los que te has hecho sorda.

Es mediodía en el parque de la infancia, aún repican las campanas de La Trinidad; el río, a pocas cuadras, se presiente monótono y turbio y allá, más allá lo divide todo, El Balso, San Judas (a quién se le ocurre), Cola de Gurre, El Viacrucis y lo que se conoce como la Avenida del Río (río de casas de cartón), el cual concluye siendo un hilillo fétido de aguas negras en Cuba, ¡esa Isla!, (río de los muertos, no olvides su nombre).

Debo volver mis pasos entonces, el Valle implica descender hacia el sol y aquí el clima es destemplado, sin embargo a mediodía dan ganas de tirarse del Viaducto para llenar el estómago aunque sea de aire. Yo no sé muy bien cómo serás en cincuenta años, has olvidado a Martín Abad, yo no sé bien, porque para entonces estaré muy muerto… en fin, ahora estoy sentado en el parque de la infancia y veo llover, correr los niños, ¡es otra ciudad el país de la burocracia, de los ricos infames y los ignorantes sin dios!, aquí tienen sus edificios, sus centros comerciales, sus noches sangrientas, su progreso para quién y los sueños… los sueños con los que conquistan mundos, o a ti orquídea salvaje, a cada paso… a cada paso, vida mía, abrir las puertas, derrumbarlas, tirarlas por la ventana; esta ilusión próxima de verte más cielos móviles, menos lejos las casas, cerca al centro del vértigo donde el tiempo no tiene espacio y los días están hechos de sacrificio y de nada, ¡reloj implacable!, salir de la oficina, irse a otra ciudad, Pereira internacional y trasatlántica.

 Pereira de cafetales y cafetines en donde aprendí esta defensa de la soledad que es la escritura. Yo te quiero puerto sin mar. Sin las ruinas del éxito y tus calles ¡molineros de la muerte! Silenciosa, nostálgica vida mía, ocio, libros y grandes discusiones para adentrarse en el olvido, ya que eres profunda y amas la máscara… Vida, juventud mía, La Bella, El Bosque, la Universidad (ay, Luis Carlos González, no tengo ruana), San José, Bolívar desnudo, vendedor ambulante (ahora llueve, no hemos bajado bandera) ¡Juventud, juventud, organiza el odio y vuela y vuelve! para que hablemos, en silencio, con estas palabras que nos son secretamente íntimas, ahora que llueve y estamos solos, en el parque de la infancia.