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alvaro ramirezEl Senador Soto ya entendió que había perdido mucha aceptación en las pasadas elecciones; su curul estuvo casi perdida; tuvo la oportunidad de corregir el rumbo, pero puso a Enrique Vázquez, un hombre muy inferior en su desempeño a lo que reclama la ciudad hoy.

 

Por: Álvaro Ramirez González 
Sentí mucha satisfacción al ver por la TV la última encuesta de intención de voto para Alcaldía de Pereira en el noticiero CMI. Como pereirano, ex alcalde y habitante de esta Villa de Cañarte estoy vivamente interesado en un cambio en el rumbo de la ciudad; para que eso se dé, es preciso un mejoramiento en la gerencia pública.
Y es, entonces, condición para ese cambio drástico, quitarle por la vía de las urnas el manejo de la ciudad al Senador Soto, que tuvo dos oportunidades de lucirse, consolidarse y hacerlo muy bien, pero en cambio con sus Alcaldes Israel y Vázquez demostraron una calidad de gerencia pública muy, pero muy inferior a la que necesita Pereira en su tamaño y con sus complicados problemas que hay que enfrentar y resolver.
He luchado contra esa mala gerencia pública por varios años e incluso fui candidato por unos meses, a petición del Presidente Uribe, ayudando a “debilitar el imperio”. El Senador Soto ya entendió que había perdido mucha aceptación en las pasadas elecciones; su curul estuvo casi perdida; tuvo la oportunidad de corregir el rumbo, pero puso a Enrique Vázquez, un hombre muy inferior en su desempeño a lo que reclama la ciudad hoy.
No voy a hablar de los hechos de corrupción, ni las nóminas paralelas ni de los matoneos del régimen a empleados y contratistas. Ese será otro capítulo. Soto, dijo en alguna parte, que de allí lo sacarían muerto; he visto ese comentario en Facebook varias veces. Soto dice que Pereira progresó mucho en su mandato pero los indicadores sociales y económicos, el estado físico lamentable de la ciudad y las finanzas de Pereira dicen lo contrario. El juez supremo e implacable de un político es el pueblo que le entrega y le quita en las urnas su confianza. Todas las encuestas, sin excepción, y desde hace muchos meses, han mostrado a Juan Pablo Gallo adelante.
Las últimas ya muestran una gran diferencia frente a Israel, candidato de Soto. Pero esta última es lapidaria. Un 54% contra un 26% a un mes de elecciones es casi un veredicto. Me alegro que con Juan Pablo Gallo y su mentor, el expresidente Gaviria, lleguen personas distintas al comando de la ciudad.
La Operación Rescate quedó asimilada por la campaña de Gallo y eso me anima mucho más; hay en esa propuesta un haz de soluciones prácticas, aterrizadas y financiables. Ella copa, resuelve y ordena la ciudad en el corto y mediano plazo. En esta columna no hay una sílaba de política. Mi sueño es vivir en una ciudad amable y ordenada. Esa no es la ciudad de hoy. Entonces vamos a las urnas a definir el futuro próximo de nuestra Pereira.
SOBREMESA. En la crisis de Gobierno de mi ciudad, nada más inútil, nada más incoloro, insaboro e inodoro que ese voto en blanco. Eso es permitir que otros definan por mí. Los pereiranos, y yo el primero, iremos a llenar las urnas de votos para cambiar el rumbo de Pereira. Punto.