Pensar en las practicas pedagógicas apropiadas para el bienestar y la calidad de vida de un estudiante, es pensarse la educación en todo su esplendor y el estilo de sociedad que todos buscamos.

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Por Carolina Hidalgo

En perspectiva, la educación del siglo XXI plantea la verificación de los principios de la Democracia.  Proclama un ser en libertad, digno de un lugar en el mundo. Acepciones que implican el desafío por parte de los agentes actuantes dentro de sus prácticas pedagógicas, donde la conciencia de una educación complementada por el amor y los conocimientos refuercen el respeto por la labor sagrada de la enseñanza y sea toda una realidad que  conjugue un proceso recíproco de formación para la vida. El ideal de una educación más humana, en vía al reconocimiento del ser, amerita incorporar lineamientos curriculares y conocimientos transversales que afiancen temáticas sobre la declaración de los derechos humanos, puesto que la participación del estudiante es fundamental para la construcción de una convivencia en armonía con la naturaleza y la sociedad.

Para que esto suceda, es necesario, una mirada holística de la aplicación de pedagogías de emancipación en pro a una sociedad equilibrada y soberana. Como también prepararnos desde una pedagogía del amor y del juego, donde el aprendizaje sea una aventura lúdica y participativa, como enriquecedora y comprensiva. Así es un deber del Estado sostener una educación gratuita y participativa en beneficio de una comunidad. Lo que implica, la adecuación de planteles y aulas saludables, con un número de estudiantes promedio por docente, pues el problema de hacinamiento de las aulas ha traído una desmejora en los niveles de aprendizaje y un agotamiento del educando ante la panorámica de una enseñanza de conocimientos encapsulados y ligeros para masificar la enseñanza.

De la misma manera al interior de las academias, se trata de la revisión de un currículo inclusivo y pluricultural donde confluyan alumnos de todas las regiones, lo que estaría por hacerse en un plan de estudios, es aportar al conocimiento general de las riquezas de las culturas y el respeto que se le debe a cada una en su esencia, un ejemplo,  es una educación formadora de pensadores y líderes, así como ciudadanos del mundo, ante un siglo XXI que dispone de cambios políticos e ideológicos a favor de una conciencia latinoamericana.

Para llevar a buen fin un programa educativo amplio y actualizado a los cambios socioculturales que el mundo en la actualidad representa, es un deber la revisión de las practicas pedagógicas a favor de un ser consciente, y esto inicia, en la calidad de docente que hoy en día estamos preparando o ejerciendo la profesión educativa. De igual manera, la prioridad de un acompañamiento por parte de la familia y del Estado en el desarrollo sociocultural de una juventud, implica en estos tiempos confrontar activamente discusiones que evidencien los riesgos mayores que hay fuera del aula para un niño o un joven.

Además de las diferentes razones que han sido el contrapunteo a las escuelas respecto a la deserción estudiantil en la actualidad: el narcotráfico, la trata infantil, el bullyling, la deficiencia de un núcleo familiar, la ausencia de justicia y respeto por los derechos de los chicos, entre otras problemáticas extraacadémicas, replantean las discusiones alrededor de lo que pertenecen más a la existencia del ser y a sus procedencias.

Pensar en las practicas pedagógicas apropiadas para el bienestar y la calidad de vida de un estudiante, es pensarse la educación en todo su esplendor y el estilo de sociedad que todos buscamos. Pues la formación de un ser humano incluye las condiciones socioeconómicas y las prácticas filosóficas que una sociedad asimila en su visión de mundo; formar seres humanos lúcidos y libres encaminan un modelo democrático.

Toda esta reflexión apunta a lecturas complementarias como han sido las presupuestas por Paulo Freire con su pedagogía de la liberación, Pedagogía 3000 que entre sus fundamentos se encuentra enfatizar en las herramientas llamadas “bio-inteligentes”, “bio-mórficas” y “bio-reconectadora”. Un compendio de posturas acertadas a la vida y al proceso biológico de un ser humano para desarrollarse con más tranquilidad y reconocimiento de su ser en el mundo.

El sentido de la educación es disfrutarla a viva voz; así posibilitará  la libertad de expresión de sus participantes, con respeto a sí mismos como hacia sus compañeros y compañeras.

Cada encuentro es un espacio para “el ritual de la palabra”: divertirse en el diálogo;  conocer autores y experiencias; compartir  perspectivas y crear vínculos y ampliar la lectura del entorno social.

Educar es el espíritu de la fantasía y aprender es amistarnos con una ciudadanía del mundo; las dos conjugadas es solidarizarnos con la fauna y la flora del ser humano en todo su esplendor.