ANGELA MORALESLa canasta de productos alimenticios que se negocian en los supermercados se transforman dando paso a alimentos propios de esta temporada. El consumo de natilla, buñuelos, carnes frías, galletas importadas y demás productos, enmarcan la decoración de los mayores distribuidores de alimentos de la ciudad.

Por: Ángela Morales Chica

Las calles inundadas de gente son el pan diario de estas semanas previas a la llegada de la noche de navidad. El gasto de las familias en esta temporada aumenta descomunalmente por muchas razones, entre ellas la influencia de la publicidad.

Esta tradición que ha cambiado su esquema con el pasar de los años y la influencia de la globalización, ya no estima los pequeños detalles como los calcetines que da la abuela o los collares de la tía. La influencia del consumo navideño ha convertido las compras en un despilfarro de dinero, pues normalmente se compran productos inútiles y quizá, prontamente obsoletos.

Estas festividades ya no son reconocidas por lo que simbolizan sino por los regalos que se dan o se reciben. Con el pasar de los años se ha logrado establecer en la cabeza de los consumidores una regla: celebrar la Navidad requiere inevitablemente ir de compras.

En Pereira el consumo incrementa notablemente. La visita a los centros comerciales es constante y los almacenes no dan abasto. Además de la tendencia a la realización de eventos como “Pereira despierta” o los comunes madrugones y trasnochones, donde se ofrecen descuentos a sus clientes, los cuales cuentan con muy buena acogida, estas se convierten en técnicas comerciales para inducir al consumo afanoso de los pereiranos, tomando como excusa una fecha que cada vez más ha perdido su significado y representación.

Por otro lado, al llegar diciembre las costumbres y hábitos alimenticios de gran parte de la población cambian y se empiezan a notar incrementos en la demanda de productos que gustan más en esta temporada del año.

La canasta de productos alimenticios que se negocian en los supermercados se transforman dando paso a alimentos propios de esta temporada. El consumo de natilla, buñuelos, carnes frías, galletas importadas y demás productos, enmarcan la decoración de los mayores distribuidores de alimentos de la ciudad.

Sin embargo,  la temporada decembrina acarrea algo muy bueno para la sociedad, ya que como los almacenes no dan abasto, se opta por la generación de empleos, lo cual ayuda por lo menos a sobrellevar este mes del año que resulta ser el más costoso.

Es así como las dinámicas de consumo afectan las prácticas tradicionales llevándonos a un afanoso deseo de comprar y regalar. La publicidad aprovecha los ánimos propios de esta época y nos incita a sumergirnos en las maravillosas variedades que nos ofrece  el mercado.

Navidad pasó de ser una época familiar de reflexión a ser una época de consumo caprichoso. Sorprendente es la cantidad de dinero que se gasta, se nos vuelve una obsesión el adquirir cosas y gastamos muchas veces mas de lo que deberíamos y podríamos.

Por ende, quisiera hacer un llamado a todas las personas que leen esta columna. No se dejen llevar por el comercio y la publicidad y aprovechen esta época para disfrutar en familia y hacer las paces con aquellos con quienes tienen problemas, además de regalar amor y sonrisas a todos quienes los rodean.