No es suficiente el diseño de una política pública que en el papel puede ser viable, fructífera, razonable y legítima. Tampoco es suficiente reducir incertidumbres e incoherencias.
Por Carlos Victoria
La iniciativa de desprivatizar, recuperando lo público para el Estado, es decir para el bien común, es la principal característica que distingue el plan de gobierno del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. La apuesta, transversalizada por una política ambiental de cara a enfrentar causas y consecuencias del cambio climático, es pertinente pero traumática en su implementación.
Las últimas declaraciones de Guillermo Alfonso Jaramillo, exgobernador del Tolima y miembro del equipo de gobierno de Petro, bien podría resumir el meollo del asunto: la baja capacidad y eficiencia en la gestión pública de los responsables de llevar a cabo una política audaz y necesaria en Colombia. “A Petro lo engañaron”, dijo tajantemente.
Jaramillo, con una amplia experiencia en el sector público, reclamó la renuncia de aquellos colaboradores del Alcalde que fracasaron en su misión de operativizar con creces la puesta en funcionamiento de Basuras 0. No había pasado la escandalera mediática tras las dificultades de recolección el 17 de diciembre, cuando se vino encima el lío de los vehículos recolectores puestos en Cartagena por el contratista.
El problema, como lo demuestran múltiples experiencias, no es alcanzar el poder, sino saber administrarlo, y en últimas gerenciarlo, con el objeto de alcanzar las metas y cumplir con un programa de gobierno del cual depende el éxito de una gestión asociada a las expectativas de los ciudadanos que votaron por unas propuestas.
El caso de los Sandinistas es un ejemplo clásico de cómo fracasar una vez tomado el poder. En 1979 todo fue euforia, pero luego se comprobó que la élite revolucionaria comandada por Daniel Ortega, Pastora y otros no estaba confeccionada para asumir las riendas del Estado, y más aún de poner en marcha el programa que inspiró una lucha sangrienta y dolorosa.
No es suficiente el diseño de una política pública que en el papel puede ser viable, fructífera, razonable y legitima. Tampoco es suficiente reducir incertidumbres e incoherencias. El dolor de cabeza subsiste a la hora de implementar las decisiones adoptadas. Esta es la fase más sensible y expuesta a contradictores y ciudadanos. Los primeros la han aprovechado eficientemente, descalificando a Petro
No tengo duda que el Alcalde de Bogotá esté rodeado de ineptos, novatos e irresponsables. Una fuente me dice que la Uaesp demoró seis meses en tomar decisiones claras! Fue demasiado tiempo, máxime si los operadores privados están bien posicionados en los carteles mediáticos para sabotear la transición. Así sucedió.
El capital político de Petro se ha dilapidado ostensiblemente como para apelar, ahora, a una política contingente, en medio de un escenario adverso, y cada vez más enrarecido por la desconfianza que pueden producir trazados y decisiones. Sus adversarios apuestan por el colapso del modelo, al tiempo que apurarán entre la ciudadanía la revocatoria del mandato.
Finalmente considero que el modelo de gestión de residuos, pese a los errores del proceso administrativo, saldrá airoso luego de atravesar una transición que debe producir resultados tales como: reducción de tarifas, reciclaje en la fuente, eficiencia en la recolección y equidad en la inclusión de los miles de recuperadores.
Los Progresistas deberán agregar a Basuras 0, Errores 0…

