Podríamos empezar por el recién destituido exsenador Carlos Enrique Soto, faro incólume y moral de la praxis política risaraldense (no sé si daba risa o indignación escuchar a la gente lamentándose por la destitución de Soto). Solo recuerden investigar que la empresa que provea las medallas no sea de propiedad de un familiar del exsenador.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Están de moda las condecoraciones y más a personajes pintorescos. En días pasados, la Asamblea departamental de Antioquia intentó condecorar al exprocurador Alejandro Ordóñez, intención de la cual les salió el tiro por la culata, pues todo el país se les fue encima alegando que ese señor no merecía tales homenajes.   

Sin embargo, el señor Tirantas, como le llamaremos de ahora en adelante, se desquitó y de inmediato llamó a sus filas, convocó a una marcha contra la corrupción y fue más mediático que nunca. Yo hubiera dejado a los antioqueños condecorarlo, al fin y al cabo, Ordóñez representa todo lo que ellos son y nos hubiéramos ahorrado el ridículo nacional e internacional de la marcha, por lo menos todo hubiera quedado entre las montañas del valle de Aburrá, allá ellos con el karma de tener que cargar severo peso en su conciencia.

La antioqueñidad no se quedó atrás, y por supuesto no cejó en su empeño; días después, el gobernador de Antioquia sorprende al país al condecorar al también antioqueño Maluma,  comparando su aporte al arte con el de la pintora y artista Débora Arango. Y los colombianos pasamos de la indignación a la risa, a adquirir un sentido del oso y la ramplonería digno de Sábados Felices, o La Red…

¿Y cuál es el escándalo? ¿No fue un antioqueño el elegido por History Channel como el Gran colombiano de la historia? ¿No es de allá el narcotraficante más querido e idolatrado del planeta? ¿Y, acaso se les olvida, que hace pocos días el Atlético Nacional fue ranqueado como el mejor equipo del mundo?  ¿Y díganme honestamente, qué mérito tienen?… La historia dirá si tenemos razón o estábamos equivocados. ¿Además, a la marcha asistió el ideólogo del antioqueñismo posmoderno, para quien Paloma Valencia y Pacho Santos ya pagó sus culpas y merece un puesto en la “honrosa” vida política de Colombia? Me refiero a Popeye, ilustre intelectual, que entre barrotes radiografió el país de Pe a Pa: “De bandido a bandido”.

Pero vengamos a nuestra patria chica, a esta tierra “Querendona, trasnochadora y morena” y busquemos la viga en el ojo propio.

Yo propongo que Pereira, o el departamento de Risaralda, acoja la misma iniciativa progresista del departamento de Antioquia, que al fin y al cabo está apoderado económicamente de varias empresas de la región, y condecore a personajes que, siguiendo la lógica antioqueña, se hacen merecedores de una medalla al “mérito”.  

Podríamos empezar por el recién destituido exsenador Carlos Enrique Soto, faro incólume y moral de la praxis política risaraldense (no sé si daba risa o indignación escuchar a la gente lamentándose por la destitución de Soto). Solo recuerden investigar que la empresa que provea las medallas no sea de propiedad de un familiar del exsenador. Como segundo personaje, propongo al señor Jhonny Rivera y a su hijo. “Ambos artistas han igualado, en su aporte al arte risaraldense, a grandes poetas como Eduardo López Jaramillo o Luis Fernando Mejía”, diría el gobernador exultante; al fin y al cabo Maluma fue equiparado con Débora Arango.  Las letras de Jhonny y Andy Rivera, diría el Gobernador en su discurso, son Poesía Urbana y con eso quedaría justificado todo. Porque el arte todo lo justifica: la falta de talento, el poco concepto, tanta teoría.

Pero para quedar mejor que Antioquia, y desafiar el desafuero ideológico de la española Yolanda Domínguez, señor Gobernador o Señor Alcalde, condecoren a Francy, reconozcan con una medalla al mérito a una mujer que no se deja pordebajear de nadie, “que es mucha hembra pa llorar por un g…”. La voz popular de América, que con sus líricas iguala a Mistral o a Carranza, no cabe duda, es Poesía Urbana, yo diría, poesía prepagada. Reivindique el sentir de la mujer pereirana, echada pa’ lante (y no precisamente hablo de la delantera de Judith Giraldo). No jodaaa, no permita que la sigan denigrando por fácil, o por superflua, no señor, condecórela para que les arda por allá, quién sabe en dónde, a esos intelectualitos de la ciudad que tanto atacan el despecho.  Arte Urbano dirían. 

Al fin y al cabo, ¿no son esos los valores que nos representan? ¿No es Pereira, declarada hace poco por un alcalde, “La capital mundial del despecho”? Poesía Urbana dirán, poesía urbana…

@rubio_miguel