…el boom cocalero que vivimos implicaría un incentivo perverso para que ciertas estructuras no quieran la paz y no se sientan representadas en una negociación para llegar a ella.

 

Por: Camilo Andrés Delgado Gómez*

El proceso de paz con las FARC fue un éxito relativo. La dejación de armas, junto a la desmovilización, que permitió la reducción sustancial de heridos vaciando el Hospital Militar, es el claro ejemplo del éxito. Pero empieza a relativizarse en el momento en que no se asegura el desarrollo de los acuerdos y, aun más importante, en el momento en que se crean unas “disidencias” que son reductos afines al narcotráfico.

Era apenas lógico pensar que no se iban a generar procesos paralelos que impidieran que la totalidad de la guerrilla se desmovilizara, después de todo el “régimen” de las FARC, de tipo estalinista, tenía un Estado Mayor Central que impediría que esto sucediera. Sin embargo, sucedió, pues no se puede prever las dinámicas de una guerrilla que ya no tenia ideologia y que, queriéndolo o no, habia sido cooptada por el narcotráfico.

Este problema, el de las disidencias, se puede esperar, y tal vez a mayor escala, luego de una hipotética desmovilización del ELN, pues esta organización guerrillera se ha organizado como se organizaban las guerrillas “comandadas” por el Che Guevara: en focos.

Este tipo de organización implica que, si bien hay un “vocero”, no se puede considerar que existe un líder único, ni mucho menos un sistema de toma de decisiones centralizado. Prueba de esto es la dificultad por parte del Comando Central para la liberacion de los secuestrados.

Esto, evidentemente, es un problema grave en cualquier negociación: que el enviado de una parte no controle a los suyos. Por tanto, vale la pena preguntarse, antes de cualquier proseso de paz con el ELN: ¿Qué tanto mando tiene el Comando Central sobre sus subordinados?

De este modo se configuran los dos dilemas de las negociaciones con el ELN: por un lado, qué tan representativos son los voceros y, por el otro, que tanto quieren la paz las estructuras elenas.

El primer punto parece zanjado con los mecanismos que se habían propuesto, antes de levantarse la mesa de negociación, que consistían en una delegación más amplia que aquella planteada en la mesa con las FARC y en la participación activa de la sociedad civil. Este punto es importante pues, a menor representación, más grande sería una eventual disidencia.

Empero, es más importante el segundo dilema, pues es el que impide en mayor medida las negociaciones de paz. Esto porque las decisiones de una facción son tomadas como si fueran conjuntas. Asi, por ejemplo, la decision de hacer un atentado en la Escuela General Santander pudo haber sido tomada por un “foco”, y no por la organización completa; sin embargo, la falta de voluntad de paz de unos se toma como la falta de voluntad de paz de todos.

Sumado a lo anterior, el boom cocalero que vivimos implicaría un incentivo perverso para que ciertas estructuras no quieran la paz y no se sientan representadas en una negociación para llegar a ella.

Sin embargo, espero no ser malinterpretado. Yo estoy a favor de un proceso de paz con el ELN, pero creo que se debe conocer al enemigo para negociar con él. Creo, además, que el presidente Duque debe reinstalar la mesa de negociaciones, o al menos permitir que las comunicaciones “extraoficiales”, como las de Angelino Garzón, Everth Bustamante y Piedad Córdoba, continúen, pues son un buen mecanismo para que estos problemas con respecto a la negociación con el ELN se vayan solucionando, y no se espere al final del proceso para darnos cuenta que negociamos con 100 combatientes.

Adenda: lo que acabo de suceder con el proyecto Hidroituango solo refleja la incompetencia y falta de escrúpulos de la elite paisa, es menester que se halle a los responsables, con nombre propio, y que paguen por lo que hicieron.

*Politólogo en formación en la Universidad Nacional de Colombia. andelgadogo@unal.edu.co