Existe un consenso general en la aprobación de los Derechos Humanos consagrados tanto en la Declaración Universal de los mismos como en la Constitución Política de Colombia. Sin embargo, muchas personas desconocen o malinterpretan expresiones como “Los derechos suyos llegan hasta donde llegan los de los demás” y abusan de sus derechos. Veamos por el momento tres ejemplos:

Libardo-García gallego

Por Libardo García Gallego

1.      El derecho a la propiedad privada permite a los más astutos, a los mejor dotados, a los herederos de grandes fortunas, apropiarse de la mayor parte de las riquezas, dejando sin nada a los ignorantes, a los humildes, a los menos ambiciosos. Debe fijársele un límite al monto de las riquezas que puede acumular un individuo. De igual manera debe procederse con las herencias; estas atentan contra la igualdad de los individuos al nacer, pues no es justo que unos niños nazcan desamparados mientras otros ya vienen al mundo cargados de enormes prebendas. De ahí la importancia de distinguir entre medios de producción y medios de consumo. Los medios de producción deben ser propiedad de las colectividades pero no de los individuos mientras que sobre los medios de consumo puede haber mayor permisión para su posesión.

2.      El derecho de los padres a  educar a sus hijos libremente choca con el derecho de los hijos al libre desarrollo de su personalidad. Los padres siempre quieren imponer sus propias creencias a sus hijos, constriñendo así el derecho a la libertad de opinión. Por ello se hace necesario prohibir a los padres que obliguen a sus hijos a practicar determinados credos religiosos o políticos. Los hijos definirán autónomamente su adherencia religiosa o política cuando lleguen a la mayoría de edad. La obligación de los padres y maestros ha de limitarse a explicar objetivamente, con toda la verdad histórica sin sesgos ni sectarismos, las diferencias entre las diferentes religiones y entre los distintos partidos políticos. Igual cosa debe hacerse con respecto a la elección sexual o las modas.

3.      El derecho a elegir libremente a ciertos funcionarios no puede ser violado mediante chantajes y prebendas electorales. Los castigos han de ser ejemplarizantes. La única propaganda que debería permitirse es un texto donde aparezcan las hojas de vida, los partidos o movimientos a que pertenezcan y los programas de cada uno de los candidatos propuestos para las entidades o corporaciones en juego. Deberían prohibirse los afiches, las vallas, los perifoneos y en cambio educar al pueblo para que elija consciente y autónomamente a sus voceros. Cuando hay de por medio amenazas de perder un empleo u ofertas de regalos entonces el acto de votar se convierte en chantaje o en una compraventa de conciencias. De esta manera no progresa ni la conciencia popular ni la participación democrática.

Para hacer realidad los derechos humanos promulgados hace 68 años se hacen necesarias estas y otras precisiones o aclaraciones, tanto respecto al concepto de igualdad de derechos como al de democracia. Es inadmisible que el ejercicio de los derechos humanos sea proporcional a la magnitud del patrimonio físico de las personas. Democracia no puede seguir significando que “quien más saliva tiene come más hojaldre”.