El hombre me entregó el folleto con el aire entre iluminado y suficiente de los de su estirpe. “Léalo”, me ordenó y , sumiso , lo hice. “ A la vuelta de un par de décadas, a cada niño nacido le instalarán en la clínica un dispositivo electrónico en el que estará consignada, aparte de la memoria familiar y universal, la matriz de su vida, es decir, cada uno de los pasos a seguir desde la infancia hasta la muerte”.
Bueno, no es para tanto, pensé y así lo dije. Eso mismo ha venido haciendo la humanidad, por lo menos desde que el primer antepasado se levantó sobre sus patas traseras y se consagró al delicioso pasatiempo de hacer preguntas. Solo que el papel del dispositivo en cuestión lo han cumplido con creces las instituciones creadas para tal fin: la iglesia, la familia, la escuela, el ejército, las corporaciones, los medios de comunicación, el club. En fin todas esas estructuras diseñadas para darle la ilusión de un sentido a la vida de la gente. Allí nos adiestran en la obediencia, el acatamiento a los dogmas, la aceptación de las modas y sobre todo nos preparan para reproducir y multiplicar ideas fijas, prejuicios, clasismos , racismos y taras de toda laya. Es decir, nos extirpan de un tajo la facultad de pensar y discernir.
Pero el tipo no dio su brazo a torcer así de fácil . No por casualidad se gana la vida orientando ese tipo de conferencias en las que un gurú mezcla con total impunidad, tomando de aquí y de allá, elementos tan contradictorios como el budismo zen y la religión del consumo, la tecnolatría a ultranza y el cristianismo de estirpe tolstoiana, mientras su auditorio, incapaz de contenerse ante semejante prodigio del pensamiento fusión, aplaude a rabiar y alista la billetera.
Temeroso de que el fulano fuese incapaz de pensar en conceptos y metáforas, opté por el viejo recurso de los ejemplos. “ Fíjese usted : el único universo donde las niñas ricas se enamoran de los muchachos pobres y hasta se casan con ellos y les dan prole, es el de los culebrones mexicanos y venezolanos. Para los que no creen en la materialización de esa utopía, les recomiendo una antología completa de refritos de Televisa. Pero no vaya a creer que las niñas ricas de carne y hueso carecen de corazón y sentimientos. Mucho menos que son proclives a la discriminación por una suerte de naturaleza perversa. Simplemente responden al libreto- o chip, como dicen los yuppies- que la familia, la clase y la cultura les entregaron a su debido tiempo. Eso equivale a lo que los lenguajes de moda en estos días llaman un “ Proyecto de vida”, es decir, una especie de plan de navegación para aventurarse en los meandros de lo impredecible”.
En este punto el iniciado me fulminó con su mirada, lo cual, les confieso aquí entre nos, me proporcionó mi buena dosis de satisfacción. A todas luces, mi improvisado interlocutor estaba programado para no aceptar herejes. Y yo estoy- cómo no- programado para no entregarle parte de mi salario, ganado con el sudor de algunas ideas sueltas como esta , a todo el que venga a ofrecerme sabiduría empacada al vacío. Antes de que se produjera un corto circuito letal, como es frecuente en esos casos, saludé al primer conocido que apareció en el camino y me aferré a una conversación que de momento me pareció providencial : las innegables virtudes de Munir El Haddadi, el último niño prodigio del Fútbol Club Barcelona



