Artificios para disimular el miedo

Además de cronista, labor en la que ha tenido amplio reconocimiento, Tavo Colorado también ha incursionado en poesía, labor de la cual queda un libro –Rituales– publicado en su juventud. Hoy, de manera casi extraordinaria, publica algunos de sus nuevos poemas.

 

Por Gustavo Colorado Grisales

Un mes atrás se realizó en Pereira una nueva edición del Festival Internacional de Poesía Luna de Locos.

Allí tuve oportunidad de compartir con una punkera hispano-croata igualita a Patti Smith; una sacerdotisa bielorrusa que recitaba gospels a sus dioses en una lengua llena de susurros; un gnomo llegado de Gales, y una suerte de oso rumano que asperjó sus blasfemias con una voz de trueno sobre los asistentes al Lago Uribe Uribe.

Blusero sin guitarra, aquí les comparto algunos de los versos míos.

 

Artificios  para disimular el miedo

                                       “¿No hiere ya sus ojos la dulce luz del día?”

                                                           Infierno, Dante, La divina comedia.

                                                           Canto X

I

De súbito

el naufragio se hizo inevitable

Pero aún nos quedaba el supremo recurso

de escribir historias

 A veces inventadas:

 tu risa de ayer,

acunando mi soledad de hoy

Nosotros, escépticos de profesión,

enarbolamos entonces

la bandera de la vida

Aunque el escenario no fuera otro

que ese calcinado y hambriento territorio

reservado a las quimeras.

II

Asistir a pequeñas maravillas

como el contacto del jabón

con las axilas

a la hora del baño matutino

O esperar la salida de la luna

con la certeza de que acudirá puntual

igual que hace mil años

Despertarse con el rumor de  la leche

improvisando mareas

en las entrañas de las vacas

Dormirse contando

los animalitos verdes que sestean

al otro lado de la muerte

Y asomarse a los ojos de una desconocida

inmóvil bajo un paraguas

en una tarde de noviembre

Como si acabáramos de descubrir

en las páginas del diario

el número del billete de lotería

que guardamos en casa.

III 

Hoy te hablaré de la savia que asciende

por las entrañas del edificio

y mancha con su vaho

el espejo de los ascensores

De  la cópula de una pareja

que antes del diluvio

hizo arder las azoteas

Del murciélago que roza con sus alas

el sueño de los niños

De solteronas que tejen

sobrecamas

a las tres de la mañana

Del vientre  estéril

de las comadronas

De la fina escarcha que planea

sobre los incendios forestales

De grietas en el sol.

                                                                           
IV 

Bendita sea esta noche

que asperja el mundo

con el vino lechoso del insomnio

Y nos deja este montón de nada

en el cuenco de las manos

Bendito tú, amigo

que eres agua, tiempo,

sed.

Bendita tú, mujer que no me amas

y así me salvas de futuros desamores.

Bendita tierra que eres sal,

sol,

atardecer incendiado de granizos.

Bendita tú, piedra,

sabedora de tantas verdades

que prefieres callar.

Bendito el frutecido follaje

de los pájaros,

que no firman pactos

ni siquiera con el viento.

Bendito el verbo

del hombre que dijo:

“Los cielos y la tierra pasarán…”

Y bendita tú, muerte,

Que en los párpados yertos del amigo

Me obligas a ser lo que no soy.

PDT: les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada