Pero señores, la sangre derramada no solo será de los Elenos, ni de los militares o policías, también será de muchas personas que pagarán el precio por estar en medio de una guerra que no eligieron.

Por: Jhonwi Hurtado

¿En la cabeza de qué ser humano puede existir la idea de acabar con la vida de otro ser humano? Esto podría parecer una pregunta sin sentido, muchos responderían con desgano e incluso para algunos despertaría risas. Y ese es un problema, que esa pregunta parezca descabellada. Normalizar la violencia en cualquiera de sus expresiones, habla mal de la sociedad a la que pertenecemos.

El atentado a la escuela General Santander debería tener a todos los colombianos y colombianas en una posición de rechazo absoluto, de dolor, de unión y por supuesto de solidaridad con las familias y con todos los integrantes y familias de la Policía Nacional. Pero no ponernos de un lado o del otro. 

Es posible que algunas personas prefieran dejar de leer en este momento, al no encontrar una posición selectiva hacia algún sector de quienes han sido víctimas. No quiero entrar en comparaciones de los muertos de un lado con los muertos del otro, en estos casos pareciera dejarse de lado lo que realmente importa: que quienes han sido los culpables paguen por ello y que quienes tienen la responsabilidad de ofrecer la seguridad nacional, lo hagan por encima de intereses personales.

Es cierto que el gobierno se hace el de la vista gorda con la muerte de más de 400 líderes asesinados (9 en lo que va del año y tal vez cuando se publique esta columna, sean más) eso es doloroso, inaceptable y merece el repudio total de los medios de comunicación y la opinión pública en general, y es una discusión que se tiene que dar a diario en este país, pero no puede ser la discusión frente a lo ocurrido en la escuela de cadetes. No puede generar una división sobre qué muertos pesan más que otros.

Hay otra parte que genera además de tristeza, asco y son esos personajes que frente a la situación sacan provecho propio, sean políticos o no, eso se reduce a la mezquindad en su mayor expresión. ¿Cuándo van a respetar ese dolor de madre, de padre, de hermano y de patria que generan los actos violentos en nuestro país? Actos que desangran la esperanza por una Colombia en la que pensar diferente y decirlo, no sea un acto suicida.

Estos señores y señoras de diferentes partidos políticos que se las dan de líderes, y que al mirarse al espejo ven reflejado el rostro de próceres del futuro (¿o del pasado?) ellos no conocen el respeto y la solidaridad, pero sí conocen la manipulación.

Sí, uno de estos señores es (aunque no el único) Álvaro Uribe Vélez, hombre oportunista, manipulador y mezquino. Sabe que a través de sus pronunciamentos en redes sociales genera lo que más le conviene: división de opiniones, rencores, exacerbaciones que terminan en las comparaciones y en los insultos y mientras eso pasa, sus amigos salen del país pues son “perseguidos políticos”.

¿Qué nos espera entonces? El acto terrorista atribuido al ELN (Ejército de Liberación Nacional) ha sido un autogol de sangre y muertes que se extenderán por años. Si al Presidente Iván Duque no le interesaba continuar con la mesa de diálogos, lo ocurrido ha puesto en bandeja de plata el motivo para acabarlos definitivamente.

Ya lo decía el jefe guerrillero alias “Pablo Beltrán” en entrevista con periodistas del programa Hoy por Hoy el martes 8 de enero (replicada en la página del ELN) en la cual señalaba que no sabían si podrían continuar con los diálogos con este gobierno o con el siguiente.

Cuando se hizo alusión a la posible ruptura de los diálogos, Beltrán aseguró: “Yo creo en lo que diga el expresidente Uribe, si él dice que hay mesa, hay mesa y sino, no hay mesa. Por ahí le han preguntado y lo que dice es: a esos Elenos primero hay que ponerlos a sangrar”. Pero señores, la sangre derramada no solo será de los Elenos, ni de los militares o policías, también será de muchas personas que pagarán el precio por estar en medio de una guerra que no eligieron. 

Y eso también debería tenerlo en cuenta el ELN, no pueden justificar un hecho como estos diciendo que “No hubo ninguna víctima no combatiente” ¿Acaso las familias de los 21 muertos y 68 heridos no son víctimas? El comunicado que ha publicado este grupo guerrillero (ver comunicado) en el que se adjudican el atentado, aumenta la desazón y el temor de volver a la “horrible noche”. Porque mientras ustedes se lanzan bombas, nosotros, el resto del pueblo colombiano, quedamos aturdidos cada vez que se pierde la esperanza de un país donde no sea pan de cada día el matarnos entre nosotros; un país sin una guerra que se pelea en la selva y en la ciudad, pero que se ordena desde escritorios por señores de saco y corbata en algun edificio o algún club social.  Ya que a ellos no les interesa ensuciarse las manos.

Pero en algo estoy de acuerdo con las discusiones que este atentado desató los últimos días en pasillos y redes sociales: que este dolor y repudio no permitan que el país entero olvide que hay un Fiscal General que debe renunciar a su cargo.

Presidente Duque, que hayan asesinado a alias Guacho (asesinado, no dado de baja), que en tiempo récord hayan descubierto la identidad del conductor del carro bomba y que se diera la captura de otra persona al parecer implicada en el atentado, no son un  triunfo suyo y no opacará todas las demás cosas por las que usted y su equipo de gobierno tiene que dar respuestas, entre ellas, claro está, por el asesinato de líderes sociales que cada vez está más demostrado ha sido sistemático y no aislado; por el asesinato de policías y militares que también a diario mueren sin que sus familias reciban una respuesta. Por los campesinos, indígenas, afros y comunidades en general abandonadas por el Estado. Los homenajes no son respuesta. 

Adenda: La noticia que se viralizó en redes sociales, que aseguraba que a quien la Fiscalía señaló como el conductor del carro bomba, el señor José Aldemar Rojas Rodríguez, alias “Mocho Kiko”, ya había sido asesinado en el 2016 es falsa. El guerrillero asesinado en ese año era alias Mocho o Franklin, líder del frente resistencia Cimarrón. Es decir, compartían el alias pero no son la misma persona. Ver noticia aquí

Adenda 2: Vea aquí quiénes eran los líderes sociales asesinados en lo que va corrido del año.