El civismo no crece por generación espontánea, es necesario crear las condiciones que permitan que cada ciudadano se sienta comprometido con el destino de su ciudad. De allí que los planes de desarrollo deben contemplar esa opinión ciudadana que implica consultar los anhelos de todos los estratos y no solo los de los expertos, los académicos o los que siempre han sido llamadas “fuerzas vivas” (como si hubiesen “fuerzas muertas”).

Por: Víctor Zuluaga Gómez

Hubo una época en la cual a Pereira se le conocía como la “Ciudad Cívica”. Hubo una época en la cual, todos los ciudadanos se sentían partícipes de los procesos de desarrollo de su ciudad, Pereira. Entonces se construyeron carreteras, un aeropuerto, hospital y centros deportivos.

Pero ese hubo nos recuerda que ese espíritu cívico se fue marchitando poco a poco en la medida que las decisiones se tomaban desde los escritorios de la capital de la República o de la sede gubernamental de la Plaza de Bolívar de Pereira. Y también existen elementos suficientes para pensar que una vez lograda la autonomía como Departamento, los retos para desarrollar la infraestructura de la ciudad con una amplia participación ciudadana, fueron desapareciendo poco a poco.

Es por ello que en muchos eventos públicos y privados se plantee una permanente queja sobre aquel civismo que fue y ya no es. Pareciera incluso que se planteara la necesidad de crear un “Bloque de Búsqueda” para rescatar el “civismo pereirano”, que alguien lo tiene secuestrado.

Pero ¿qué es civismo? Es de suponer que los griegos y romanos hablaban del compromiso que debía existir entre los pobladores de una aldea, de una ciudad. Los griegos llamaban a sus ciudades, “polis” y era por ello que demandaban la participación ciudadana en los asuntos de la “polis”, es decir, la política. De igual manera los romanos acuñaron el “civismo”, derivado de su ciudad, a quien llamaban “cívitas”.

Pero el civismo no crece por generación espontánea, es necesario crear las condiciones que permitan que cada ciudadano se sienta comprometido con el destino de su ciudad. De allí que los planes de desarrollo deben contemplar esa opinión ciudadana que implica consultar los anhelos de todos los estratos y no solo los de los expertos, los académicos o los que siempre han sido llamadas “fuerzas vivas” (como si hubiesen “fuerzas muertas”).

Me parece pues que el ejercicio que ha comenzado a liderar Mauricio Vega Lemus desde la Cámara de Comercio, de llamar a la ciudadanía a participar en una “marcha del ladrillo”, como en épocas remotas se hacía para transportar materiales de construcción, con la participación de toda la comunidad, es saludable y necesario. Pero más que el acto simbólico que ello representa, es importante destacar el hecho de que la Cámara de Comercio, con su presidente al frente, explique, sensibilice y pida que el proyecto de construcción de un “Centro de Convenciones”, sea apoyado por todos los pereiranos. Creemos que es a través de grandes proyectos como es posible revivir ese espíritu cívico que no está perdido sino esperando que sea convocado para la realización de obras de beneficio común. Buena suerte en esta empresa y otras muchas que la ciudad espera, como por ejemplo, el logro de los recursos para la ampliación del aeropuerto, un ícono incuestionable cuando hablamos de civismo.

Coletilla: Al oído del señor Director de Tránsito de Pereira: ¿Acaso no se ha dado cuenta que todos los “prohibido parquear”, de la Avenida Circunvalar, son violados de la manera más aberrante? Ojalá se diera una “pasadita” de vez en cuando para que vea tristezas.