Mientras tecleo escucho un ruido en el techo, un rasguño chiquito. Miro por la ventana que está llena de polvo. El sol alumbra el cuadrado de tejas rojinegras y viejas. Veo una rata intentando triturar con sus dientecitos un madero de dos metros en posición vertical para pasar al otro lado.
Hay mucha luz esta mañana. Escribo un cuento mezclado con crónica sobre un avión que trajeron a Cali por carretera para exhibición estática. El viaje duró siete horas. La exhibición lleva casi cuarenta años, pero es como si el avión estuviera en el fondo del mar: mohoso, oxidado, inadvertido. Reviso una frase. Corrijo. Borro. Reacomodo un párrafo, subo unas líneas. Agacho la cabeza y veo la imagen de los personajes y sus movimientos. Recuento las sílabas del título: once. Pongo una coma en la parte del cuento, muevo el cursor y pongo otra en la parte de la crónica. La quito; mejor punto y coma. Mientras tecleo escucho un ruido en el techo, un rasguño chiquito. Miro por la ventana que está llena de polvo. El sol alumbra el cuadrado de tejas rojinegras y viejas. Veo una rata intentando triturar con sus dientecitos un madero de dos metros en posición vertical para pasar al otro lado. Es la única manera de pasar. Ella no me ve o me ignora consciente. Sigue en su tarea pero al instante la abandona. Gira. Saco las manos del teclado. El animal mira al cielo, respira profundo y mueve los bigotes. La imagen podría servir de aviso publicitario para las ratas. Su gesto me parece simpático. Camina hasta llegar a su escondite en la canal de la otra casa.
Me cuesta concentrarme otra vez. Pienso en la rata, en su disfrute del sol y del aire. Pongo las manos en el teclado. Escribo una fecha. Saco las manos del teclado. Vuelvo a mirar por la ventana. Sale del escondite, levanta el hocico al cielo, cierra los pequeños ojos y respira profundo como antes. Regresa a su escondite. No la vuelvo a ver. Se me hace difícil retomar el hilo del cuento con la crónica.
Hoy también cae mucha luz. Ayer logré terminar la primera versión del cuento (crónica) y se la envié a alguien que siempre está dispuesto a leerme. Miro constantemente por la ventana. La rata no se ha asomado esta mañana. El techo está casi vacío. Una lagartija con el cuerpo negro y la cabeza color rojo volcán pasea por las tejas. Pienso en dinosaurios. El madero de dos metros tiene un boquete del tamaño de un puño. Las virutas están a un lado.



