Reforma a los ciudadanos

Que no a la reforma, que firmemos el referendo, que qué malos políticos. ¿Ellos? Mala la ciudadanía que se deja pisotear. ¿Dónde están recogiendo firmas? ¿Cuántos de ustedes han firmado?

Por: Miguel Ángel López

La reforma a la justica, la reforma militar, la reforma a la educación, a la libertad en Internet, la reforma a la reforma, de la reforma, de la Constitución que fue una reforma, que aunque reformada ya no queda nada de ella.

Estamos en un momento de indignación, un baldado de agua fría en la cabeza de cada colombiano al enterarse que sus políticos son corruptos. ¿Sí? ¿Agua fría? Eso no es en realidad una sorpresa; asusta sí, que puedan ser tan corruptos y seguir ahí.

Ya renunció Esguerra y Santos no aprobó la Reforma. ¿Y qué? Ambas acciones no son más que politiquería; de la positiva, sí, y para variar; pero politiquería al final. Solo imagen, solo honor. Esas dos acciones no aseguran que se vaya a hundir la reforma a la justicia. El poder está en las manos de los ciudadanos, porque ya sabemos  que los congresistas no van a hacer nada al respecto; ni siquiera los que no la apoyaron. Quienes, de hecho, no hicieron nada al respecto hasta el momento en que Colombia se opuso, ¿por el contrario se hubiesen mostrados como tales enemigos de ella?

En fin, el poder está en Colombia entera. Pasó el escándalo mediático, la gente conoce los “micos” de la reforma y están en contra de ellos. El siguiente paso es el referendo, ¿y dónde está? Nadie asegura que un millón 600 mil firmas que se necesitan aseguren la derrota de la Reforma, pero sí es el siguiente movimiento.

No obstante, como buenos colombianos que comemos arepa y bailamos salsa, también somos excelentes en dejar todo en palabras. Que no a la reforma, que firmemos el referendo, que qué malos políticos. ¿Ellos? Mala la ciudadanía que se deja pisotear. ¿Dónde están recogiendo firmas? ¿Cuántos de ustedes han firmado?

Estamos lavando y no guardando la ropa. Hay que tomar acciones contundentes y aclararles a los políticos que ellos trabajan para la gente, y no al revés. Colombia debe dejar la protesta de hamaca, mera charla y cero movimiento.

Tomemos mejor esa reforma, que más bien deforma, como un empujón por parte de los políticos. Como si nos dijeran: “Ey, dejen la bobada, pues. Estamos matando y comiendo del muerto y ustedes no hacen nada”.