Ricos que chillarían a costilla de los pobres

Lo que no sabía la mayoría de colombianos es que lo iba a hacer gravando con un IVA del 5 por ciento la canasta familiar, sustento básico al que accede el grueso de la población

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

El presidente Santos pensó que el país le iba a comer cuento chino. Su reforma tributaria afortunadamente filtrada ante los medios puso al descubierto el “mico” que le quieren meter al colombiano de a pie. Además, creyó a la gente ingenua cuando posó de desconocedor desde China sobre una reforma que iba encaminada a ser puesta en discusión.

Con su risa enfrascada en el cinismo que lo caracteriza, se lavó las manos haciéndose el de la vista gorda respecto al asunto y posando como el más acérrimo protector de las clases populares, principales protagonistas del alegato general que se levantó por el contenido de la propuesta del gobierno.

Días antes el mandatario salió con una frase que la sacó del estadio: “La reforma tributaria pondrá a chillar a los ricos de este país”. Lo que no sabía la mayoría de colombianos es que lo iba hacer gravando con un IVA del 5 por ciento la canasta familiar, sustento básico al que accede el grueso de la población. Leche, carne, huevos, pescado, arroz, entre otros productos, iban a convertirse en la nueva caja menor de un gobierno, afectando de manera directa los bolsillos de la gente.

Fue risible además el argumento del ministro Juan Carlos Echeverry cuando afirmó que dicho recaudo iba a ser recíproco, es decir, se le iba a devolver a la gente lo contribuido. Dicha voz no cuaja, sobre todo en un país inmerso en corrupción y en la más alta tasa de desigualdad social, donde los gobernantes bajo esas banderas pretenden captar la atención de la mayoría.

Sí llega a ser aprobada la reforma, sería una nueva afrenta a los colombianos. La mentira de campaña de no aumentar impuestos se desenmascaró por obra del mismo Presidente. Sin dejar de lado también los altos costos en los combustibles, una forma de recaudo camuflado que continúa pasando de agache. Durante meses ha subido en promedio 100 pesos, llegando a tocar los 9 mil pesos pero ante la solidaridad del gobierno con la economía golpeada, él le retribuye a su gente con una rebaja de 37 pesos, ¡qué generosidad! Y eso que Colombia se jacta de ser un país productor de crudo.

Así pues, no es equitativo gravar los productos de la canasta familiar con el fin de obtener mayores ingresos. En caso hipotético que pasara, la Corte Constitucional podría detenerla y declararla inexequible debido a que atenta de forma directa contra una necesidad básica, de igual manera que lo hizo con la ley 788 de 2002 que buscó algo similar.

De todos modos el país debe seguir atento ante los anuncios y las jugadas del gobierno Santos, caracterizado por decir una cosa pero a la hora de la práctica sale con otra. Se ha vuelto el común denominador de varios gobernantes, recular ante lo dicho.

Este tipo de reformas pone en cintura al trabajador colombiano. 3.5 millones de personas verían cómo sus limitados ingresos serían arrebatados por el populismo de un Presidente que no encuentra la manera de cumplir lo dicho en campaña. Los pobres seguirán siendo pobres, así los ricos chillen por esta reforma.