Y hablamos de la universidad pública en el entendido de la que requieren las naciones para ofrecer acceso a toda la población, sin distingo alguno, y la que, en términos de democracia, ciencia y humanismo, puede conservar su independencia de los poderes y el capital financiero.

 

Por: Duberney Galvis

Masivas y pacíficas movilizaciones se han visto en todo el país. Acá en la ciudad de Pereira, acompañamos a estudiantes y profesores de las universidades Tecnológica, Católica, Autónoma, Libre, Andina y también el Sena, a confluir en marcha por el viaducto que dejó su propia postal para la historia. La consigna unitaria, que el gobierno asuma el pago de la deuda histórica con las universidades, que en datos del Sistema Universitario Estatal (SUE) asciende a más de 18 billones de pesos.

Ocurre en el marco de la desfinanciación de la universidad y el reajuste de la educación superior a la globalización, la que usan los gobiernos como corillo modernista para justificar todo retroceso. Y hablamos de la universidad pública en el entendido de la que requieren las naciones para ofrecer acceso a toda la población, sin distingo alguno, y la que, en términos de democracia, ciencia y humanismo, puede conservar su independencia de los poderes y el capital financiero. Reconociendo que universidades privadas pueden ofrecer conocimiento de alta calidad, so pena de un alto costo para acceder a él.

En cifras, posterior a la ley 30 del 92, bajo el gobierno Gaviria, la variación en el aporte de la nación a las universidades públicas por cada estudiante, en precios reales, fue así: entre los año 1993 y el 2000, cayó de $9.557.946 a $8.715.394 (-8,8%). Entre los años 2000 y 2010, de $8.715.394 a $5.832.032 (-33,1%). Y entre los años 2010 al 2017, de 5.832.032 a 5.139.777 (-11,9%). (Datos: Diego Cortés Valencia, 2018).

Aquí la regla es básica. El presupuesto anual, cuyo aumento es fijado con el IPC, queda rezagado ante el aumento de estudiantes que acceden a la universidad. ¡Y ante la piedra lanzada! El periodo de Uribe, como puede verse, fue en el que más cayó el aporte por estudiante, entre otras, porque profundizó la cobertura irresponsable, o sea que mal hace el uribismo en esconder la mano.

Esto tiene lugar en el contexto de la “mercantilización de la educación”, como lo describe Boaventura de Sousa Santos. Y si bien ya existía una oferta nacional de educación privada, esta contenía elementos nacionales que impedían la expansión lucrativa. Entonces, en la década del 90, introducen el capital transnacional “que a partir del final de la década es transformado en solución global de los problemas de la educación por parte del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio”.

Dicha transformación incluye el desmejoramiento de la planta docente, la pauperización de los contenidos y laboratorios, hacinamiento, enjaular la libertad de cátedra, el detrimento del bienestar universitario y el sometimiento de la juventud universitaria a la lógica de de educación para “encontrar trabajo”, y no para transformar la sociedad, lo que implicaría una fuerza laboral cada día más educada y con mejores salarios.

Educada no en términos credencialistas, sino en comprensión profunda del conocimiento de complejidad científica, y que en el campo humanista salga del culto a las campañas foráneas, a consolidar el avance de las necesidades culturales del país y su relación con las del mundo.

Va en contraste con el meollo de “empleabilidad” que explica en parte, por ejemplo, el marchitamiento existente en el espíritu estudiantil por el aprendizaje continuo y del más alto nivel, palpable en una parte del estudiantado. Luego, a falta de Estado, batallan los universitarios contra este problema, cuando marchan exigiendo financiación y calidad para las universidades.

Al cierre, una verdad a medias: “no es un problema del gobierno Duque”. Véase, el problema arranca en 1993 en el gobierno de César Gaviria, continúa con Samper y Pastrana, se profundiza con Uribe, siguiendo en esa línea con Santos, durante el cual no fue peor porque la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) se lo impide en el 2011.

Y finalmente le estalla a Duque, hombrecillo del BID que ha hecho parte de esos gobiernos. Que va en la línea de profundizar la política y hacer caso omiso de la deuda a las universidades, y antes que aportar a la oferta universitaria para atender la creciente población estudiantil, subsidian la demanda, en la que estudiante y familia, quedan empeñados con el capital financiero.

En últimas, la esencia de la movilización universitaria la resumió el profesor Aurelio Suárez Montoya: “No se trata de que estudiantes del Chocó entren a la universidad de Los Andes, se trata de que la universidad del Chocó sea como Los Andes”.

@DuberneyGalvis