ANDRES CALLE (MAMBRE)​Por: Andrés Calle Noreña
Qué bonito ver cómo muchas personas se han sentido sensibles frente a la masacre de 10, 11, soldados en Timba, Cauca, la semana pasada. Qué miedo ver a una turba, que a su vez está compuesta por sub grupos, que se manifiesta con tanta rabia y con sed de venganza.
Por supuesto, lloramos y lloraremos en la memoria a estos soldados héroes de la Patria, y los honraremos con flores y oraciones y trataremos de expresar la solidaridad a sus deudos, de mil maneras. Es lo que corresponde en un país civilizado.
No obstante, hace falta tomar una panorámica del país y de los sujetos que ahora, momentáneamente se han despertado frente al dolor ajeno,  frente a la muerte ominosa de los combatientes de uno de los tantos bandos enfrentados (por que valga decir, que tenemos por lo menos dos grupos guerrilleros vigentes, muchas guerras y combates y ataques a la población civil).
Estos ciudadanos sensibles dónde estaban y qué hacían en los últimos 2,  8, 16, 24, años (para contar con respecto a periodos presidenciales). Cada cual tiene a derecho a vivir la vida como quiera, y tanto más los que tienen la fortuna de poder escoger la vida que quieren, el apartamento que quieren, los colegios y universidades que quieren, los viajes que quieren, el gimnasio, las gafas de sol, los suplementos vitamínicos y dietas, y otras cosas indispensables.
Al parecer muchos colombianos estuvieron viviendo largos periodos en los países nórdicos.  O estaban enfrascados haciendo informes de las empresas en las que tienen sus empleos. O tal vez, dedicados a cuidar uno o dos niñitos, de cero a siempre (porque se quedan como niños). Por unas o por otras circunstancias no escuchaban o no atendían la radio y l televisión. Pero, con todo el dolor que nos causan 11, y también un soldado, hubo otras épocas de enfrentamientos feroces, fines de semana de menos de 10 y de más de 10 hombres de acero que quedaban tirados en la guerra. Y no sólo ellos, también un ‘jurgo’ (como dicen los estudiantes y los intelectuales y la gente regia de Bogotá) de guerrilleros, cuyas cifras estaban siempre nubladas por los intereses de ellos mismos, de la prensa o del gobierno de turno. Pero además, de manera no definida, entre los cadáveres de los unos y los otros, hubo y hay población civil, mujeres y niños, “recolectores de café” y de otros oficios, gente como la de San José de Apartadó, que morían como moscas. Bueno y no pasemos al otro tema de los llamados ‘falsos positivos’, que se cuentan  por miles también. Uno no alcanza a retener los nombres de los municipios olvidados en los que han ocurrido todas estas otras masacres. Lugares tan insalubres y alejados que casi nadie ha conocido ni visitará jamás.
Qué tristeza los 11 soldados muertos, sí. Y dónde estaban, o estábamos, y qué dijeron cuando cayeron los otros miles, realmente miles,  de ciudadanos colombianos, de los últimos años. Y esta semana también asesinaron a 5 indígenas y quién los vio o quién los sintió o quién los acompañó al cementerio. O éstos no fueron noticia y uno tiene muchas otras cosas que hacer, para andar pegado de los noticieros y de las redes sociales.
Alguien conocido y cercano, inteligente y formado,  se refirió a un político y dijo de él que era uno de los ‘prescindibles’.  Esto me asuntó de veras. Le pregunté si él pensaba que había algunos muertos deseables y se indignó y se ofendió. Me explicó qué era para él ‘prescindible’ y me dijo que no pusiera palabras en su boca. Bueno, veámoslo desde el otro lado, ¿será que todos los muertos del país, y de la guerra, son indeseables? ¿Habrá distintas categorías de muertos? O, será que la muerte de cada colombiano nos disminuye. O será que ya muertos, los muertos se emparejan y llegan a ser lo esperable, lo merecido, lo democrático, ciudadanos. Por fin ciudadanos, muertos sí, pero reconocidos con igualdad ante la ley y los medios, como dignos ciudadanos.