Serie Botella al Mar / Carta uno

MIGUEL ÁNGEL RUBIOHe aceptado el reto, propuesto por un amigo y maestro, de  escribir cartas a personajes públicos de esta ciudad y el país. Carta a un personaje público que jamás la leerá.

 

Por Miguel Ángel Rubio Ospina

 

Doctor Luis Carlos Villegas E.

Ministro de Defensa

Ilustrísimo señor,  por medio de la siguiente epístola, que no pistola, deseo manifestarle la ternura que me inspira (no lo tome a mal) su figura de Kung Fu Panda, de la cual hace alarde en cada aparición. Po, el personaje de la película de la cual le hablo, es un panda Oriental, bonachón y un poco tragaldabas, el cual, por una coincidencia absurda, termina siendo elegido el Guerrero Dragón de toda la cofradía del Kung Fu. Él, que en su aldea viviera tranquilo, cocinando, y sobre todo, comiendo, de repente se ve en la obligación de salvar el mundo sin más virtud que la que su torpeza y buena voluntad le permiten tener.

Es usted hoy el dragón, sin serlo, de un ministerio polémico en Colombia, el de la Defensa. Cargo al cual llegó por rebote (tampoco lo tome a mal), es decir, siendo usted el embajador en el país más belicoso del mundo y en el cual hay un tiroteo cada dos por tres, vendría usted con la suficiente experiencia en armas y acción militar a gerenciar la cartera, que ha llevado a varios “prohombres” a ser Presidentes de la República, por ejemplo, a Urdaneta, último presidente de la Gran Colombia, o Alcántara Herrán, también el muy famoso y mentado Mascachochas, conocido con su nombre de pila como Don Tomás Cipriano de Mosquera, entre otros, de los cuales no pretendo refrescarle a su memoria, que esa la debe tener usted amplia, como el diámetro anteroposterior de su cavidad abdominal (no lo tome a mal tampoco).

El último de esa lista, es su hoy Jefe Juan Manuel Santos, ministro de defensa del anterior Gobierno. Quiero afirmar con esto, que hace méritos de peso (insisto, no lo tome a mal) para llegar al primer cargo de la nación

Y es que usted, además, inspira pueblo doctor Villegas. En alguna ocasión, de esas en las que uno despistado camina por las calles de esta ciudad, escuché a unas señoras muy distinguidas en una panadería discutiendo si compraban o no buñuelos, la indirecta alusión de una de ellas fue afirmar  “pero que no se den cuenta… los ricos no comen buñuelos” y uno pensaba, hombre y el doctor Villegas qué… ¿no es la muestra fehaciente de que dichas señoras están equivocadas? Pues no solo debe comerlos, sino que además los quiere imitar, por supuesto como estrategia de imagen para su futura muy probable candidatura presidencial, una imagen gruesa, de envergadura, una imagen en la que elitista provinciano y el camionero, se vean reflejados, una imagen en la que los vendedores de buñuelos cierren su venta el domingo de elecciones y salgan a votar por primera vez, animados por ese mensaje subliminal que usted les envía.

Esa virtud gastronómica, doctor, le sería además muy útil en plena campaña electoral. Es costumbre entre los aspirantes a cualquier cargo de elección popular tener unas avanzadas, es decir, grupos de personas que en las caminatas electorales van adelante del político, repartiendo volantes y hablando con la gente y por supuesto a estos son los que más les toca del plato grande de sancocho, el más suculento trozo de lechona. Así, cuando llegue el líder, la comida ha mermado ostensiblemente y solo comerá lo necesario para mostrar que también come lo del pueblo, sin abotagarse de comida, cosa que desde el punto de vista político es mal visto, pues quienes hacen el sancocho lo hacen es para el candidato, no para sus acompañantes.

Usted no sufriría de eso, su equipo de avanzada es usted mismo, y su capacidad para asimilar cuanta comida le den en cada vereda, pueblo, barrio o sitio donde vaya, será infinita. La ventaja, es que no tendrá que presupuestar pagos para gente de avanzada, ese presupuesto se le iría en sal de frutas, pero eso es, créame, más barato.

Pereira es una ciudad de políticos en toda la extensión de la palabra. Ha dado ministros (un coterráneo suyo ya fue ministro de Defensa, Riverita, ¿lo recuerda?), directores de organismos privados que parecen públicos y de organismos públicos que parecen negocios, como los de buñuelos. En fin, personajes muy ilustres, educados para hacer absolutamente nada en altos cargos. El paradigma de lo que digo, es otro coterráneo suyo, hijo de esta ciudad, el expresidente César Gaviria, cuyo nombre lo lleva el Viaducto que será lo único que dejó para Pereira el César.

En consecuencia, doctor Villegas, usted que fue gobernador de Risaralda, candidato al senado y nombrado a dedo (así solo pudiera, por obvias razones, señalarle únicamente el botón a punto de saltar de su camisa) en cuanto cargo ha tenido, es prueba de que  la experiencia en hacer nada por este país la tiene muy bien ganada. Yo diría que en una contienda presidencial no habrá candidato de su peso (solo es una metáfora) que le pueda pelear la silla del palacio. ¿Y qué mejor que un ministro de Defensa que parece un panzer alemán? O un escudo antimisiles. O un muro de contención, yo me siento más defendido por usted, que por cualquiera de los otros que han sido ministros. Y es mejor que mantenga su record de no hacer nada, pues quienes llegan a hacer algo terminan armando la gorda en cuanta cosa se meten… digo, terminan… mejor no digo nada.

Para cerrar, estoy pensando en montar una venta de buñuelos, ¿cuántos me va a comprar doctor?

Pereira, agosto de 2016