Barbas-Bremen es una de las últimas zonas de vida que ha resistido a distintos embates de la expansión de la frontera agrícola, tras el proceso de colonización que abrió montaña a golpe de hacha, titulaciones leguleyas, y la potrerización del suelo en función de “El poder de la carne” 

 Por: Carlos Victoria

La Empresa de Energía de Bogotá estaría a punto de intervenir una franja estimable de los bosques del Parque Regional Natural Barbas-Bremen, localizado en los límites naturales entre Risaralda y Quindío. El riesgo por contaminación electromagnética sería una de las tantas consecuencias previstas por cuenta del proyecto de repotenciación energética de Armenia. La instalación de gigantescas torres y cables de transmisión entre la subestación de La Hermosa y la capital quindiana, ya tiene a las comunidades de la zona con los pelos de punta.

Barbas-Bremen es una de las últimas zonas de vida que ha resistido a distintos embates de la expansión de la frontera agrícola, tras el proceso de colonización que abrió montaña a golpe de hacha, titulaciones leguleyas, y la potrerización del suelo en función de El poder de la carne (Florez-Malagón, 2008), es decir, de la hacienda ganadera. La importancia de esta área, unas 9.651 hectáreas, no se discute, menos si allí sobreviven especies como el Mono Aullador y la Pava Caucana, amén de ser nervio central de los ecosistemas estratégicos de montaña en el contexto del Paisaje Cultural Cafetero.

Para la Organización Ambiental Chinampa la ejecución del mega proyecto energético UPME 02-2009 del Ministerio de Minas y Energía no sería más que el camino a la destrucción  de una zona de vida con un alto valor cultural, paisajístico y ecológico en el que se plasman décadas de lucha conservacionista, al tiempo que desplazar de sus predios a pequeños y medianos propietarios por efecto de los riesgos de la llamada contaminación invisible que se desprende de la transmisión de 230 mil kilovoltios por encima de sus cabezas.

El emplazamiento de las torres y el tendido de redes implican la tala de bosques en un eje de 37 metros de ancho. Este solo hecho agravaría mucho más la crisis de la oferta hídrica que experimentan las comunidades de Tribunas Córcega, entre otras, afectadas de tiempo atrás por el establecimiento de proyectos de reforestación comercial que, si bien se han cuestionado desde la academia y la sociedad  civil, han doblegado al Estado. La licencia ambiental en trámite solo es competencia de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales, y no de la Carder o la CRQ, las autoridades en el territorio potencialmente afectado.

El conflicto socio ambiental por cuenta del mega proyecto no se reduce exclusivamente a ésta área sino a todas aquellas por donde atravesaría el cableado de alta tensión, soportado en 83 torres. Desde Santa Rosa de Cabal hasta Armenia se estima que pondría en riesgo la vida y bienes de no menos de 80 mil habitantes. Otro de los patrimonios culturales que resultarían lastimados sería el del Parque Regional Las Marcadas, en Dosquebradas, lo mismo que la zona rural del oriente de Pereira, una de las principales despensas agrícolas de la región.

Para lideres ambientalistas como Olmedo Ramírez López el proyecto en cuestión daría lugar a un “corredor de muerte biológica”, siendo incompatible con la declaratoria de Patrimonio Cultural Cafetero por parte de la UNESCO. Se trata, subraya Ramírez, de reemplazar el paisaje natural por “una selva de cables metálicos de un impacto catastrófico”. A medida que se conocen más detalles e impactos en otros lugares del mundo por este tipo de agresiones ambientales la tensión en la región aumenta. El único indicador de éxito de la protesta será que el gobierno nacional y la EEB suspendan las obras.

Este caso nos hace recordar las palabras de Michael de Certeau: “una sociedad modifica su relación con la naturaleza convirtiendo lo “natural” en utilitario (por ejemplo un bosque en explotación natural) o estético (una montaña, en paisaje) o haciendo pasar una institución social de una condición a otra (por ejemplo, la iglesia en museo). El destino del paisaje patrimonial no puede ser la silla eléctrica. La destrucción no podrá imponerse sobre el principio de precaución el cual habrá que invocar en función de proteger derechos e intereses de la comunidad.

La afirmación foucaultiana “donde hay poder hay resistencia”, se expresa de manera específica y extraordinaria. Un puñado de jóvenes ambientalistas y líderes comunitarios ha puesto en marcha un proceso de sensibilización, como llaman ahora la denuncia, entre muchos estamentos de la región y el mundo para hacerse oír y evitar que ocurra lo peor. En la práctica están interrumpiendo la organización del silencio, el mismo que por ahora caracterizada a las entidades oficiales de Risaralda y Quindío. Dura prueba, además, para los impulsores del Paisaje Cultural Cafetero, pues como se advierte a todas luces el UPME-02-2009 atropellaría la vocación eco turística del área amenazada.