VICTOR ZULUAGAPero la muerte prematura del “Comandante”, a no dudarlo, vino a darle una fuerza inusitada al candidato chavista, puesto que ha sido ya elevado a los altares como “héroe”, “salvador” y “santo” y eso es obvio que le dio a Maduro toda la fuerza necesaria para no haber sido derrotado por Capriles.

Por: Víctor Zuluaga Gómez
Cómo no calificar de milagro que el señor Maduro llegue a la presidencia de Venezuela, cuando ha demostrado hasta la saciedad que no es precisamente la persona capaz de sacar a ese país del atolladero en que se encuentra.

Un candidato que se comunica con fallecido presidente Chávez por medio de pajaritos y cuyo discurso se centra exclusivamente en hablar de Chávez como un héroe en olor a santidad, el que haya triunfado en las pasadas elecciones no puede ser calificado sino como un milagro que ha hecho Chávez.

Porque podemos decir que el candidato Capriles tampoco tenía un discurso serio y quedó enredado en unos discursos contestatarios, y quizás ello pudo haber influido en cierta medida para que se diera el triunfo de Maduro. Creo que los dos mostraron una gran inmadurez en sus discursos.

Luego de las últimas elecciones en las cuales salió triunfante Chávez, decía yo que el proyecto “chavista” iba perdiendo consistencia poco a poco y presagiaba que para las próximas elecciones, si estuviera Chávez, seguramente saldría derrotado. Pero la muerte prematura del “Comandante”, a no dudarlo, vino a darle una fuerza inusitada al candidato chavista, puesto que ha sido ya elevado a los altares como “héroe”, “salvador” y “santo” y eso es obvio que le dio a Maduro toda la fuerza necesaria para no haber sido derrotado por Capriles.

Y aquí es donde se puede observar la irracionalidad de la política: mientras se habla de ideario, de doctrina, lo cierto es que en su momento, es un líder el que acapara toda la atención de los simpatizantes, a tal punto que no importa que en sus discursos o en sus acciones se puedan ver claramente ideas que permitan avizorar un cambio positivo en un determinado conglomerado. Porque a Venezuela ingresan millones de dólares como resultado de su exportación petrolera y son los millones de dólares con los cuales entrega subsidios, apoya a los países amigos, pero mientras eso sucede los artículos de primera necesidad escasean, la inflación hace que los salarios queden reducidos a la mínima expresión y la violencia común arrecia.

Es apenas lógico que en esas circunstancias, una baja sensible en los precios del petróleo dejarán a Venezuela en un estado de postración inimaginable, porque el problema no es hablar de revolución, entendida ésta como la entrega de subsidios a los más necesitados, sino a la búsqueda de condiciones de desarrollo que le permitan a Venezuela diversificar su producción agrícola e industrial. Lo demás es un vulgar populismo.

Y es bueno que Colombia, pero especialmente los departamentos que han vivido en gran medida del café, comiencen a tomar conciencia de que ha llegado el momento de conjugar el verbo “diversificar” porque hemos quedado advertidos de que el siglo de oro del café ya pasó.