Los que están en la calle, con justeza, están reclamando un lugar en el mundo y respeto por su futuro, uno con garantías de dignidad. El Paro sigue, y Colombia ha comenzado a cambiar.

 

Por: Carlos Mario Marín Ossa

Se completan nueve días continuos de movilización en Colombia, como nunca había ocurrido en la historia reciente (me lo confirman personas que durante décadas han estado en la lucha social). Los jóvenes menores de 30 años han sostenido el momento en las calles. Es similar a lo que ocurre en Chile, Argentina, Ecuador y otros países latinoamericanos, cada uno con particularidades.

Es lógico que así sea, porque es la generación que nació en el tiempo del No Futuro que decidieron las clases dominantes para extraerle a las mayorías nacionales todo el jugo posible, con tal de enriquecerse más y concentrar la riqueza en un minúsculo grupo. Con la llegada de César Gaviria Trujillo a la presidencia de la República, se abrió la compuerta a la fase neoliberal que convirtió todos los derechos en mercancía (ya había dado los primeros pasos, en esta vía, Virgilio Barco). Los posteriores presidentes han continuado la obra.

A 29 años de este crimen, la generación que está en la calle, jamás conoció la educación pública (no gratuita, porque la pagamos con nuestros impuestos) y de calidad en la extensión del concepto, ni la garantía real del acceso a la salud (condición para tener el derecho fundamental a la vida), ni los platos de alimentos en la mesa (producidos de forma soberana por nuestros propios campesinos, y condición necesaria para tener salud y, por ende, vida);  ni conocieron los contratos de trabajo a término fijo e indefinido, que les permita plantearse un proyecto de vida digna; ni conocerán una pensión para vivir con cierta tranquilidad la última etapa de su vida.

Lo que sí han conocido es el arrasamiento de la naturaleza, la esclavitud moderna de los seres humanos, el exterminio de procesos sociales, de líderes y lideresas, el secuestro “legal” de adolescentes y jóvenes pobres para que peleen las guerras de los ricos, la toma del poder de los carteles de la droga, la manipulación grosera de los medios de comunicación privados, para justificar la injusticia y la maldad.

Por eso, ahora que los viejos que han mantenido en el poder a los injustos, comienzan a morir, y con ello, a debilitar la base electoral y de legitimación de estos males, emerge la generación que debe decidir si el “estado de las cosas” sigue así, o el futuro se construye para todos por igual.

Los que están en la calle, con justeza, están reclamando un lugar en el mundo y respeto por su futuro, uno con garantías de dignidad. El Paro sigue, y Colombia ha comenzado a cambiar.

P.D. Dejo un listado básico de las Leyes que ha aprobado la élite desde 1990 para eliminar las garantías laborales de la clase trabajadora, con el fin de enriquecerse con el trabajo indigno a que han sometido al pueblo colombiano. Leer su contenido, permite entender la magnitud de la perfidia y puede dar luces (en materia laboral) de lo que debe cambiar para recuperar niveles básicos de vida digna desde la perspectiva del ingreso laboral.

Ley 50 de 1990, Ley 200 de 1995, Ley 550 de 1999, Ley 789 de 2002, Ley 797 de 2003, Acto legislativo 01 de 2005, Ley 80 de 1993 (artículo 32), Ley 79 de 1988, Ley 10 de 1991, Ley 1258 de 2008, Decreto 1429 de 2010, Decreto 160 de 2014, Decreto 133 de 2018, Circular 049 de 2019.  Fuente: Periódico “desde abajo” No. 263.