Sonidos poco ortodoxos

Las fronteras del cuerpo y la mente se desdibujan, el cuerpo baila con los otros, canta con los otros, escucha a los otros; la música es un sismo que nos vincula con el mundo, pero solo es en el silencio como sentimos que fuimos parte de algo, justo cuando la tormenta de la música ha pasado.

 

Por / Christian Camilo Galeano Benjumea

“La vida sin música es sencillamente un error,

Una fatiga, un exilio” Friederich Nietzsche.

Detenida frente a una venta una mujer mira los edificios y las calles que tiene delante de sí, intuye que la vida afuera es diferente, que el mundo no son las cuatro paredes que comparte con su esposo; pareciera que algo que se ha fracturado. La vida en una comunidad judía ortodoxa es compleja para quienes la observan desde afuera, ver cómo se configura un mundo cerrado, sus bailes, un lenguaje exclusivo, el sexo atravesado por el tabú y solo el deseo de procreación, resultan inquietantes. La mini-serie de Netflix, Unorthodox, recrea este micro-mundo del que huye la joven Esty de manera estridente.

Para muchas mujeres el matrimonio se alza como un oasis en medio del desierto, la posibilidad de realizarse al interior de su comunidad y ser feliz, como fue el caso de Esty. Dejar una familia rota y construir un hogar, es decir, encarnar la utopía de un matrimonio feliz; sin embargo, detrás de toda utopía suele hallarse el terror.

El sexo, la convivencia, un entorno familiar inmiscuido alrededor de la vida marital, los otros como jueces implacables de la vida y la necesidad de renunciar las pasiones en beneficio del matrimonio agrietan la vida de la joven judía. El matrimonio, en este caso, pasa a ser una hoguera donde la pareja se consume en la cotidianidad.

Ante las desdichas, Esty abandona el hogar paterno y el matrimonio. Quiere dejar atrás ese micro mundo infestado de normas que desdibujan a la mujer, donde se corta el cabello para anular la sensualidad, las palabras se limitan para anular el deseo y de la mujer solo queda una vagina al servicio de reino de Dios y la reproducción.

Huir es el deseo; no obstante, siempre cargamos con las tradiciones a nuestras espaldas, así estas ya no tengan sentido, suelen acompañarnos por largos trayectos de la vida, como lo padece la joven prófuga.

¿Qué hacer cuando todo se ha fracturado? Esty huye del espejismo de la resignación y se lanza tras el rastro de una pasión y de la figura materna. Así la música opera como elemento transgresor de la ortodoxia en la que vive esta joven mujer. La paradoja radica en que la comunidad judía construye un relato en el futuro alrededor de la consagración de su Dios, se proyectan.

La música, por su parte, afirma el instante fugaz, es un tiempo vivido que libera al hombre y a la mujer de sus condicionamientos. Las canciones, las tonadas, los ritmos y los bailes se han configurado, en muchos casos, como formas de resistencia de comunidades o individuos que padecen la opresión de las normas o de los otros; la música, a pesar de ser una forma de arte abstracta, encarna la libertad. A su vez invita a romper las reglas, transgredir para crear y crear en la música, como en el arte en general, es retornar al origen.

Este giro conlleva a que la música se constituya también en ese refugio donde las mujeres y los hombres se escabullen para resistir los embates de las culturas o, en el caso de Esty de la ortodoxia, entonces, ¿de qué manera la música sea vuelve un refugio? Lo es en tanto que conduce a los individuos a través de la sensibilidad a un espacio de comunión con los otros, es decir, en la música se vence a la soledad y nos encontramos con una comunidad imaginaria.

Las fronteras del cuerpo y la mente se desdibujan, el cuerpo baila con los otros, canta con los otros, escucha a los otros; la música es un sismo que nos vincula con el mundo, pero solo es en el silencio como sentimos que fuimos parte de algo, justo cuando la tormenta de la música ha pasado.

Después del barullo, el individuo, asediado por la cotidianidad, puede resistir un poco bajo la promesa de un encuentro efectivo con los otros, tal como lo siente con la música. De ahí que Esty, al ver el ensayo de esa orquesta universitaria, intuya que allí se encuentra su verdadera patria.

Ahora bien, la música también es un símbolo de la figura materna, apostar por esta pasión es retornar simbólicamente al vientre materno y las sensibilidades que son vetadas por la norma ¿Qué implica regresar al origen? En el caso de Esty, conlleva deconstruir la imagen de la madre cruel que abandonó a su hija dada por la comunidad de Williansburg, al tiempo que la invita a construir un camino hacia una pasión.

Unorthodox es una mini serie que se mueve entre el deseo de la libertad y el peso de las tradiciones, pero lo relevante de ella no resultan ser los personajes, ni el final, lo importante son los ecos transgresores de la música que invitan al espectador a mirar al origen.

ccgaleano@utp.edu.co

@christian1090