Como es conocido en nuestra comarca, el señor Vega Lemus ha iniciado un proceso de censura hacia las voces ciudadanas y del periodismo independiente que cuestionan sus actuaciones al frente de la Cámara de Comercio. Acallar la participación de la sociedad en los asuntos de su interés no sigue precisamente el mensaje papal ni contribuye a un futuro en paz.

 

Por: Carlos Mario Marín Ossa

@MarioossaM

Aprovechando el  artículo que le fue publicado al presidente de la Cámara de Comercio de Pereira en el periódico local El  Diario, y cuyo título es El presente y el futuro de Colombia están en la paz (ver); me decidí a realizar algunos planteamientos que se contraponen a esa visión reduccionista que gustan dar las élites al asunto de la paz.

Porque es un discurso que trae una matriz comunicativa e ideológica que intenta convertir la paz en algo que solo se circunscribe a desarmar a las guerrillas, a convencernos de avanzar en un camino en donde no existan cuestionamientos dentro del seno de la sociedad –pues ello conduce a una confrontación y exaltación de los ánimos que se antoja inconveniente– y porque se entiende el proceso dialéctico de las contradicciones sociales como algo que no debe existir, ya que es mejor que todos hablemos bien de Pereira, o que todos vivamos Colombia y viajemos por ella, pero abandonando el ejercicio de preguntarnos por los asuntos de fondo.

Por supuesto, la visita del Papa Francisco y sus mensajes se esgrimen en dicho artículo como el faro que debe guiar los pasos hacia la consecución de una patria en paz y soportada en la búsqueda de consensos que surjan como producto de exponer las diferencias con respeto.

Los mensajes del Papa son acertados en su mayoría (el contexto de Colombia y su historia la conocemos los colombianos) y un futuro nacional que se construya en términos de construcción de paz, también es lo que queremos la mayoría de los colombianos y colombianas.

Ahora bien, en donde comienzan a contraponerse las concepciones y los hechos es cómo se entienden la paz, el consenso, el respeto por parte de los sectores de élite, y cuál es la claridad que tiene Francisco acerca de la realidad colombiana; pues como se vio, muchos de sus mensajes fueron en términos muy generales (entendible por aquello de la diplomacia, como también sugiere algún desconocimiento de nuestra realidad).

Como es conocido en nuestra comarca, el señor Vega Lemus ha iniciado un proceso de censura hacia las voces ciudadanas y del periodismo independiente que cuestionan sus actuaciones al frente de la Cámara de Comercio. Acallar la participación de la sociedad en los asuntos de su interés no sigue precisamente el mensaje papal ni contribuye a un futuro en paz. Por supuesto, el mencionado ciudadano tiene el derecho a apelar a la ley para defender los derechos que considera se le vulneran.

También es un hecho que dicho ciudadano pertenece a la élite económica y política de la región y que las leyes a las que apela son hechas por sus pares, que se han acomodado a través de la historia en el legislativo y que nombran al judicial que debe otorgarle o no los amparos respectivos. Algo muy diferente ocurre cuando el amparo se reclama desde el interior de una humilde ruana.

Entonces, para avanzar en términos de construcción de paz en este aspecto, es necesario contar con un sistema de leyes y de garantías de justicia iguales para todos. Aún no existe ese sistema justo. Tampoco cuentan con las misma suerte los afiliados a la entidad que él dirige, cuando no tienen tras de sí abultadas chequeras.

Alude también el presidente de la Cámara de Comercio a la inutilidad de enfrascarnos en temas cotidianos que se pueden superar deponiendo intereses particulares. Pero el accionar de la Cámara de Comercio de Pereira, sea dicho mejor, de sus directivos, es precisamente la materialización de intereses particulares que intentan venderse como públicos o de la ciudad.

Sus propuestas son presentadas con gran despliegue, pero favorecen solo a los círculos de élite de la ciudad y de la región, pues los beneficios generales que se anuncian, no los palpa esa mayoría que lo espera.

Y es lógico que así sea, pues los intereses de la élite local no son los mismos intereses de la mayoría de la población. Es algo claro y no representa ningún descubrimiento fabuloso. Lo que debe cambiar para avanzar en construcción de paz, es que las decisiones de alcaldías y gobernaciones no se dirijan exclusivamente a la defensa y garantía de esos intereses minoritarios sino que garanticen una mejor y mayor garantía de los intereses del pueblo. También, que si la Cámara de Comercio se beneficia de captar recursos del público, deba responder cuando el público pregunta.

Las cosas han cambiado en esta comarca pereirana y regional, pues hay nuevas generaciones que realizamos una mejor lectura de los acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales; como también conocemos la historia nuestra (no solo la oficial) y estamos dispuestos a dar la batalla por buscar los cambios que amparen los intereses mayoritarios.

Si la élite concita acuerdos y cede privilegios en favor de la ciudad, de la región y del país –como lo predican con bello estilo–, podremos estar de acuerdo en que el presente y el futuro de Colombia está en la paz. De lo contrario, la visión de paz de la élite será contrapuesta a la paz de las mayorías y los conflictos deberán alargar sus capítulos en el libro de la historia de la Nación.

Y estas reflexiones se amplifican hacia el resto del territorio nacional, de sus élites y de las mayorías nacionales. Como diría Marx (a propósito de los 100 años de la revolución rusa) partiendo de lo abstracto a lo concreto.

Es que la paz son cambios. Participar es paz.