Me gustaría decir que es bueno que leyeran los programas y vieran los debates para conocerlos mejor, pero en esta época del marketing todos son “de centro”, todos son “buenos administradores”, todos son “para la gente”, todos son lo mismo y los programas políticos son solo mentiras, propuestas inalcanzables y que buscan agradar a todos.

 

Por: Camilo Andrés Delgado Gómez

A menos de un mes de las elecciones regionales, en Bogota parece que ya se tiene un candidato ganador que, como los otros candidatos y los anteriores alcaldes, no representa a la multitud ni tiene una visión de ciudad en la que la mayoría de los ciudadanos se sientan incluidos. Igual, todos son relativamente parecidos y, a la postre, alcalde hay que elegir.

Sin embargo, creo que quedó un sinsabor en esta campaña pues, al menos yo, esperaba que fuera una oportunidad para discutir de fondo algunos grandes temas regionales, como a nivel nacional sucedió en las presidenciales, pero no se prestó para ello. Tampoco se dio la gran construcción de argumentos y razonamiento alrededor de las mejores propuestas en tanto posibles y viables; ni siquiera el metro que se vaticinaba como la gran discusión lo fue, en parte porque solo un candidato quería discutirlo. Los debates solo se animaron cuando comenzaban los ataques personales. Pero claro, ¿qué más se podía esperar de una campaña entre iguales?

Después de todo, las propuestas de López y Galán son supremamente parecidas, y representan un continuismo con las de Peñalosa. Algo inexplicable pues con esto se desconoció lo mal que va la ciudad, lo estructurales que son sus problemas y la necesidad de un cambio de rumbo real. Pero los dos candidatos, junto con Uribe, solo proponen “cambiar lo que está mal”. Es casi como si se creyera que la ciudad solo necesita pequeños ajustes, y no merece discutir su rol a nivel local y a nivel global sobre temas tan importantes como el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Asimismo, al inicio de la campaña se creyó, o al menos yo lo creí y la apoyé públicamente, que Claudia López era una alternativa, pero luego se descubrió o, mejor dicho, ella misma se destapó, revelándose como una neoliberal más que no le importan las personas ni sus proyectos de vida individuales, sino que deben estudiar “lo que las empresas requieren”.

¿Cómo se me ocurre estudiar artes o filosofia si eso no lo requieren las empresas? ¡Ingenieros debemos ser todos, como lo propuso Bolsonaro! A la postre, aunque había indicios desde hace tiempo, en esta campaña se le salió además lo oportunista y politiquera.

Morris, que en efecto era el diferente, negó su diferencia desconociéndose como de izquierda, actitud que denota su populismo, que busca “decirle a la gente lo que quiere oír” y solo para quedar bien, desconociendo que el político no puede ser el que le dice al ciudadano lo que quiere oír, sino el que les enuncia lo que está mal, conforme a su punto de vista, y les da propuestas a estas situaciones buscando persuadirlo, siempre con ideas, de que está en lo correcto. Ademas, Morris cayó en ese juego de competir no con ideas sino con el objetivo de mostrarse como el mejor administrador, actitud propia del neoliberalismo tecnócrata.

Si, en efecto, actúa de manera populista, fue un hipócrita, y la hipocresía de los candidatos a cualquier cargo popular es el mayor ataque que se le puede hacer a la democracia. Es propio de quien no cree en ella, de quien aún cree que el fin justifica los medios y de quien cree que el poder, solo por poseerlo, por no más que un simple capricho, es el fin último. Claro que esta crítica tal vez no le quede a Morris, sino a su mentor.

Por otro lado, si lo dijo como fruto de su pensamiento, se denota su ignorancia sobre la política, en la medida en que, si es así, ni siquiera sabe qué es el progresismo, aunque lo defiende a capa y espada, y aun no se ha enterado que la izquierda no es sinónimo de comunismo. Lo anterior sin mencionar lo pésimo candidato que fue: no expresó nada claramente, siempre intentando parecerse a su mentor y se evidenció su desconocimiento de la ciudad con el “Bogotanos y bogotanas” con el que abría sus intervenciones. ¿A quién se le ocurre hablar de “bogotanos” en una ciudad que alberga a personas de todo el país y en la que incluso muchos nacidos acá no se consideran “bogotanos”?

Galán, por su parte, jugó bastante bien e hizo lo que no pudo hacer Claudia López: ondear la bandera de independiente y que la gente se lo creyera. Igual desarrolló una campaña bastante buena, si gana, lo que es muy probable, se deberá más al marketing que a las propuestas. Es tan bueno el marketing que ha usado y tan aplicado en su ejecución que, aunque quisiera, no hay nada que criticarle más que su pasado, claro que como el mismo ha vendido “todos pueden cambiar de opinión”. De Uribe solo se puede decir que es Peñalosa, esa es la peor crítica que se le puede hacer; claro que esta crítica les queda perfectamente a los dos candidatos “independientes”.

A pesar de todo lo anterior, no voy a votar en blanco, aunque por la evidente decepción que tengo con la campaña así pareciera. Me gustaría decir que es bueno que leyeran los programas y vieran los debates para conocerlos mejor, pero en esta época del marketing todos son “de centro”, todos son “buenos administradores”, todos son “para la gente”, todos son lo mismo y los programas políticos son solo mentiras, propuestas inalcanzables y que buscan agradar a todos.

A pesar de todo, invito a quien me lea que no vote en blanco, que tome posición; siempre hay que tomar posición, porque siempre es necesario elegir para exigir.