Exijamos que la empresa UNE devuelva la caseta que usufructúa para convertirla en un museo que cuente la historia de El Lago y la ciudad, no solo con fotografía sino también con objetos y videos, y complementarla con otras exposiciones. Comencemos por lo básico, recuperemos El Lago.

  

Por: Jaime Peláez Ortiz

En una charla reciente el empresario Diego Panesso, hoy miembro de la junta directiva de la Cámara de Comercio, afirmaba: “Pereira necesita un turismo de alto impacto que obligue al turista permanecer en Pereira 3 o más días”, y colocaba como ejemplo construir un teleférico que uniría El Cedral con la laguna del Otún, o al menos al Cedral con  La Pastora, donde ya existe un centro de alojamiento.

Claro que un proyecto de esta magnitud atraería turistas que disfrutarían de los diferentes pisos térmicos que van desde el bosque de niebla al páramo con una vista sobre el nevado de Santa Isabel. Este es el objetivo.

Pero mientras se encuentra un inversionista, se hacen los estudios, se contrata y se realiza el proyecto que de paso debe ser amigable con el medio ambiente, podríamos dedicarnos a objetivos más inmediatos, más cercanos, que podrían igualmente impactar positivamente en el turismo, como es convertir el parque Rafael Uribe Uribe, cariñosamente llamado El Lago, como un referente del centro histórico de Pereira.

El Lago posee una historia encantadora, fue creado como reservorio de agua por si ocurría un incendio como el de Manizales, que destruyó el centro de la ciudad, luego se llenó de botes y fue llamado el parque de los Novios. Por los años 70 fue lugar de encuentro de las juventudes pereiranas –a falta de centros comerciales– en donde muchos encontraron su pareja, hoy en día cuenta con unas maravillosas fuentes de aguas danzarinas.

El Lago posee todos los atributos para convertirse en un lugar de atracción para los turistas posee restaurantes, hoteles, patrimonio arquitectónico, iglesia, préstamo de bicicletas y coloridos cafés para pasar la tarde.

Pero los centros diversión que hoy operan en el sector lo convierten en un lugar poco seguro, nada más frustrante que ver El Lago de noche convertido en una plaza de mercado donde las carretas con todo tipo de verduras son ofrecidas con megáfonos, las ventas de chorizos y pizzas se tomaron los andenes y los camiones con sus ventas de comida rápida se tomaron las calles.

Se nos pide que seamos flexibles y tolerantes, que los dejemos tranquilos ganarse la vida; pero es hora de disociar la pobreza y el derecho al trabajo, del derecho de los ciudadanos a la ocupación, uso del espacio público y movilidad; el respeto a la ley es para todos. Exijamos que la empresa UNE devuelva la caseta que usufructúa para convertirla en un museo que cuente la historia de El Lago y la ciudad, no solo con fotografía sino también con objetos y  videos, y complementarla con otras exposiciones.

Comencemos por lo básico, recuperemos El Lago.