JUAN MANUEL TORO (COLUMNA)Es duro decirlo pero la gente apenas está asimilando lo que sucede; tomó por sorpresa a todo mundo. Sin embargo, todavía queda una luz al final del túnel y Pereira está a un paso de ser indultado o, de otra manera, condenado.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

Todo parecía calma en los últimos meses. Luego de someterse a la ley de insolvencia económica ante la Superintendencia de Sociedades, el Corpereira, administrador de la ficha de Deportivo Pereira ante la Dimayor, tomó un respiro y pudo seguir compitiendo en el segundo semestre de 2012. Las deudas que Pereira había adquirido antes del 7 de junio del año anterior entraban en una especie de congelador y, por ende, los primeros acuerdos de pago se iban forjando.

De ese modo, Pereira recuperó su reconocimiento deportivo suspendido por Coldeportes y comenzaba la labor por intentar poner la casa en orden. Eso sí, Deportivo Pereira después de ese 7 de junio debía ser impecable en cuanto en cumplimiento de pagos y otras obligaciones. Los acreedores, aquellos a los que Pereira les adeudaba dinero, mediante asamblea se reunían y definían si aceptaban los planes de pago propuestos por la dirigencia pereirana.

Por un lado el rendimiento del equipo matecaña en el campeonato de la B consiguió que la situación financiera de la entidad pasara a un segundo plano. Cabalgando el torneo por encima incluso de un rival de peso como el América de Cali, hizo creer que los problemas económicos eran una cosa del pasado. No obstante, el primer campanazo se dio con aquella derrota en Sabanalarga por 3 a 0 ante Universidad Autónoma del Caribe, tirando al lastre las aspiraciones y los sueños de una ciudad por volver a disfrutar de su equipo en primera división.

Una serie de mitos se crearon intentando explicar la razón por la cual los matecañas debían seguir un año más como inquilino de la segunda división. Por conveniencia dirigencial o rendimiento deportivo, Pereira no logró el objetivo. Aún así en la ciudad en general y en el pensamiento de su afición, la parte financiera y el manejo administrativo se percibía como un obstáculo ya superado.

Sin embargo, se dio a conocer el día 30 de enero que Pereira incumplió con las obligaciones “post acuerdo”, es decir, la situación de pago con algunas entidades o personas que después del 7 de junio de 2012 no pudo suplir. Entre ellas la Dian que actúa como el mayor acreedor y el solo hecho de ver su nombre en primera lista, tiene a la dirigencia actual entre la espada y la pared. Ante ese verdugo, es difícil que le puedan sacar el cuerpo fácilmente.

De manera que la cifra de $1.284 millones fue la detonante para que el próximo miércoles se defina el futuro del otrora patrimonio de la Perla del Otún, cuando en la sede de Supersociedades en Manizales se reúna cada una de las partes en discusión. Allí los acreedores determinarán si aceptan la propuesta de Corpereira como plan de pago. De no ser así, el proceso de reestructuración no se llevaría más y la liquidación de la entidad sería la cuota inicial para la desaparición de Deportivo Pereira.

Mientras eso ocurre, el hincha queda a la espera de la decisión que se tome la semana siguiente en torno a su equipo. Es duro decirlo, pero la gente apenas está asimilando lo que sucede; tomó por sorpresa a todo mundo. Sin embargo, todavía queda una luz al final del túnel y Pereira está a un paso de ser indultado o, de otra manera, condenado. Eso sí, lo que espera el aficionado al final de esta tormenta es que tarde que temprano se diga que Deportivo Pereira se salvó y no que desapareció; la capital de Risaralda en definitiva requiere de su equipo.