LEO TOROClaro y es que nos es más fácil criticar que entender, nos es más fácil atacar que contextualizar, no es más fácil atrincherarnos desde lo que nos parece “correcto”.

Por: Leandro Toro Valencia

Condenan a una mujer en Kuwait a 11 años de cárcel por insultar al emir de ese país por twitter.  Huda Al Ajmi fue sentenciada a 11 años de prisión por los cargos de insultar al emir, llamamiento al derrocamiento del régimen y mala utilización de su teléfono celular. Esta noticia ha causado revuelo en el mundo occidental por la fuerte condena que recibió esta mujer en el país islámico y nos pone a repensar algunos de nuestros derechos, como el de la libertad de expresión.

Y es que lo más típico es que nos rasguemos las vestiduras criticando al régimen islámico de Kuwait de coartar la libertad de expresión. Encima le podemos poner el agravante de que haya sido a una mujer y nos lancemos en bomba en contra de un régimen que es completamente permeado por una creencia religiosa. ¿Acaso nuestra legislatura no es igualmente permeada por otra creencia religiosa?

Claro y es que nos es más fácil criticar que entender, nos es más fácil atacar que contextualizar, no es más fácil atrincherarnos desde lo que nos parece “correcto”. No quiero defender las acciones del régimen islámico, sería como defender una justicia que envía a un hombre a cárcel por robarse un caldo de gallina y ofrece lujos a corruptos que han estafado el país, ni más faltaba. Ambas acciones son acciones sin sentido, son acciones que no se piensan desde otros ámbitos sino desde el fanatismo religioso o desde el rigor de una “justicia” descontextualizada y viciada por todo tipo de poderes.

Y es que no se puede pensar una libertad de expresión completamente hegemónica y totalizadora para todos los pueblos del mundo, iría casi que en contra de la misma libertad. Todo debe de ser contextualizado y para entender un hecho en particular hay que entender multitud de factores que entran a jugar, como el desarrollo propio de los pueblos, conflictos de intereses, entender el juego propio de los medios y muchas características sociales, culturales, religiosas, económicas y políticas. Por eso rasgarse las vestiduras desde lo poco que se puede leer de un acontecimiento es tan “malo” como lo que intentamos criticar, si es que es “malo”.

El caso de Huda Al Ajmi no se puede analizar solo desde nuestra perspectiva occidental de derechos humanos y libertades individuales. Kuwait también ha tenido un desarrollo propio que no podemos invisibilizar solo porque salgan triunfantes los derechos humanos que consideramos correctos; es lo más contradictorio de este mundo.