Al fin y al cabo, pese a ser una batalla perdida de antemano, el escribir es un sano -ante todo divertido- ejercicio de locura y tozudez.

 

Tomado de http://lengua1d1.blogspot.com

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Por: Juan Moncada

Es ir a boxear contra el campeón mundial de los pesos pesados, es visitar al Barcelona en el Camp Nou, con Messi a bordo, es como medirse a un “pique” con Bolt, o en carros contra el propio Michael Schumacher; escribir equivale a estas y a otras especies de complicados desafíos, enfrentarse a un monstruo, a un molino de viento creyendo que es un gigante al cual se puede  vencer, pero contra el cual se tropezará el escritor, ante unas duras aspas, pese a las advertencias del amigo Sancho.

Se trata pues de una batalla perdida, más cuando se intenta escribir una obra de ficción, de carácter creativo, sufriendo los menos habilidosos en labores más cotidianas como pequeños artículos o, bien, columnas que se han de publicar el último día del año, mientras los mortales se sirven los tragos de coñac, whisky o brandy, y alguien ve en los molinos de viento gigantes a los cuales se enfrentará, teniendo esta vez la esperanza de ganar algo, así sea un golpe increíble.

¿Por qué tanto pesimismo? Falta de talento sin lugar a dudas, aunque a esto se anexa el hecho de que la escritura se convierte en un ejercicio relativo, que no es ni bueno ni malo en sí, pese a la existencia de manuales de estilo o unas leyes o pautas sintácticas y ortográficas las cuales pretenden, entre muchas otras cosas, lograr las anheladas coherencia, además de la cohesión.

Ante esto es de esperar que existan siempre dudas hacia el texto: es probable que se crea que pudo ser mejor, aún así, también es probable, un poco más quizá, presentir que puede ser mejor pero no se sabe cómo puede ser más contundente, bello, creativo y, por qué no, desastroso.

Empero, tiene que llegar un momento, el de la resignación, ya sea porque toca presentar o publicar, quedando el sabor de boca que una vez más el texto dominó a la persona que hizo las veces de escritor, siendo contadas las veces en que sucedió lo contrario o queda flotando esa sensación.

Así que, si se pretende con la escritura la perfección, la satisfacción total, es algo complicado, en este caso tomando a título personal dicha sensación, lo cual puede ser asumido como un ejercicio de impotencia ante el hecho de escribir una columna decente y no poderlo hacer; pese a ello, como en otros episodios, a pesar de las heridas causadas por el enfrentamiento ante los molinos, el escritor volverá a la carga viendo en ellos gigantes. Al fin y al cabo, pese a ser una batalla perdida de antemano, el escribir es un sano -ante todo divertido- ejercicio de locura y tozudez.