Una despedida

Hoy me despido de este espacio que albergó un importante crecimiento para mí y sin duda un deseo de expresar otra cara de la realidad, una cara que se silencia constantemente porque el sistema establecido se encarga de aplastar todo aquello que le incomoda y entorpece su vigencia y legitimidad.

 

Por: Adriana González Correa

Han pasado casi dos años desde la primera vez que hice una columna para Tras la Cola de la Rata. Desde ese momento podría decir que hubo un embrujo que me atrapó.

Eso de escribir, reflexionar y pensar la ciudad desde una tribuna, que en libertad y sin censura me permitió expresar críticas, realizar análisis y denunciar todo aquello que sin duda debe salir a la luz pública, merece un reconocimiento a este medio que admite el pluralismo ideológico como un patrimonio.

Debo además reconocer, que si bien la identidad ideológica nunca fue un objeto de censura, a cambio la rigurosidad al momento del análisis fue una solicitud enfática del medio. De la mano de Tras la Cola aprendí la importancia de escribir no a partir de la mera y sencilla especulación, sino de las certezas que pueden dar las constancias probatorias.

La formación de abogada enseña que todo lo afirmado debe ser probado, pero también es claro que los escenarios mediáticos no son judiciales, de ahí que exista cierto relajamiento al momento de escribir una columna de opinión.

También es cierto que cuando se asume el ejercicio de la opinión, se llama para cumplir esa tarea, opinar. Que es fundamental en una democracia. De hecho, la libertad de prensa fue uno de los elementos fundantes en la Revolución francesa.

Pero esa opinión debe –en mi criterio–, estar acompañada de cierta rigurosidad, de criterios serios que lleven al lector a formarse una idea real de lo que se afirma, porque esa opinión contribuye a forjar ideas políticas en la ciudadanía, a elevar los juicios en los lectores y, sin duda, aporta veracidad.

Hay que reconocer que en Colombia, sumado a ello el vértigo sumatorio de las redes sociales, la opinión en muchos casos carece de rigor, que la especulación se reviste de certeza y se camufla entre verdades a medias o entre mentiras bien contadas y emotivas que ahora las llaman posverdades.

La emotividad cívica es lo que marca el pensamiento político, lo afirma Martha Nussbaum, de ahí que las emociones son definitorias en las decisiones políticas de los ciudadanos. Y si bien no me opongo a que lo sean, debemos tener claridad que la emocionalidad puede manipularse para alcanzar un fin, por noble o deleznable que sea.

Es por ello que se debe estar atento a los trasfondos de lo que se oye, se lee y se ve. Porque nuestra educación política depende de esto, y es justo esto lo que determina nuestras decisiones ciudadanas.

De ahí la importancia que implicó para mí reconocer esta realidad y tratar de ser lo más fiel a la verdad en cada una de las cosas que transmití a través de este medio. Debo aclarar a los lectore/as de esta tribuna que cada una de las columnas escritas tiene un sustento probatorio y que solo escribí sobre aquello que podía demostrar.

Hoy me despido de este espacio que albergó un importante crecimiento para mí y sin duda un deseo de expresar otra cara de la realidad, una cara que se silencia constantemente porque el sistema establecido se encarga de aplastar todo aquello que le incomoda y entorpece su vigencia y legitimidad.

Quiero agradecer a los lectores de este espacio, todos y todas aquellas que me acompañaron durante este tiempo. A quienes con paciencia leyeron mis insistentes quejas y persistieron conmigo en la búsqueda de la verdad y en la denuncia pública de las oscuras situaciones que se dan en Pereira.

La democracia se construye no solo con el ánimo de las mayorías, sino además con la inclusión de las minorías desconocidas. Se construye con la verdad oficial y con la verdad subrepticia que fluye gracias a la tozudez de medios como este que insisten en dejar de navegar en las tranquilas aguas de la oficialidad. Por eso doy gracias a Tras la Cola de la Rata por esta oportunidad y a los lectores/as que me permitieron entrar en su vida sin ninguna restricción.

A partir del lunes 11 de diciembre seré candidata a la Cámara de Risaralda por la coalición Polo-Verdes-Compromiso Ciudadano, cumpliendo la cita a la historia para intentar un nuevo papel en este país, no se si la historia cumpla su cita, pero mi tarea es estar ahí a la espera de su llegada. Muchas gracias.

@adrigonco