Cuando estamos frente a una caricatura, tan importante como la caricatura misma es la interpretación que le demos a ella, y he ahí una de las ventajas y desventajas que tiene este tipo de formas de expresión.

Por: Leandro Toro Valencia

La variedad de formas de las que disponemos en el siglo XXI para expresarnos desborda el límite de nuestra creatividad y nuestras aptitudes. Podemos componer una canción, cantarla, hacer un grafiti, un mural, una pintura, una manifestación, un programa de radio, grabar un video, en fin, las oportunidades que nos ofrece nuestra creatividad son inmensas. Y añadido a esto esas oportunidades se ven respaldadas con plataformas de difusión muy eficaces como lo son internet o un simple muro en la ciudad.

Hoy quería enfatizar sobre una forma particular de expresión que se ha vuelto tan difundida como controversial: la caricatura. La palabra caricatura proviene del italiano caricare, cargar. Por ello, a este tipo de dibujos se los llamó pequeños retratos cargados1 y no es un desacierto llamarla un retrato cargado, pues en nuestro país se logra sintetizar en un solo cuadro un mensaje, una situación, una ideología y una crítica, que pueden penetrar mucho más fácil en el imaginario colectivo que otros medios.

Cuando estamos frente a una caricatura, tan importante como la caricatura misma es la interpretación que le demos a ella, y he ahí una de las ventajas y desventajas que tienen este tipo de formas de expresión. Es una obvia ventaja porque permite que el espectador cree sus propios imaginarios, genere otros nuevos, conecte ideas en su cerebro que antes no podía conectar viendo la realidad ante sus ojos, pero que sí puede al tener condensado en ese retrato cargado todo eso que vive día a día. Así, pues, la caricatura se convierte en ese puente entre el ciudadano de a pie con la realidad que vive.

Pero cuando estamos frente a una caricatura, al igual que frente a cualquier otra forma de expresión, deben de haber unas bases en nuestra mente que nos ayuden a construir esa interpretación. Surge, entonces, una clara desventaja a la hora de interpretar un mensaje como este, pues no puedo sacar alguna interpretación si no entiendo mi contexto, si no entiendo mi realidad. Deben existir unas bases previas, un conocimiento mínimo de lo que nos rodea y lo que nos afecta, y un conocimiento mínimo también de la realidad que se nos quiere mostrar para lograr esas conexiones en nuestra mente. Si no conozco físicamente al Presidente de mi nación no podré distinguir que se trata de él en una caricatura, y lo mismo sucede con otras personalidades.

Pero el hecho de desconocer los rasgos físicos de alguien es el menor problema si lo comparamos con el desconocimiento de realidades, de situaciones o hechos, y sobre ese desconocimiento creamos una interpretación tergiversada que sólo hace daño a la caricatura misma y a la realidad que pretendemos desconocer.

Quisiera referirme a una experiencia que tuvimos un grupo de jóvenes la semana pasada cuando un profesor de la región trataba de dar sus interpretaciones sobre una caricatura que se ha vuelto ícono de la lucha estudiantil en nuestro país. Se trata de una caricatura donde un grupo de policías están protegiéndose de un estudiante que posee un libro y está en actitud de ataque con él, mientras los policías gritan: ¡Tiene un libro, tiene un Libro! Interpretar lo que nos parezca acerca de esta caricatura es fácil, y mucho más fácil cuando no se conoce la realidad de las agresiones de las fuerzas del Estado en las manifestaciones y protestas las cuales tenemos todo el derecho constitucional de realizar cualquier ciudadano. La interpretación de este profesor era que este tipo de caricaturas les hacía mucho daño a los estudiantes pues se mostraba que eran bélicos y que estaban en actitud de ataque, que esto reforzaba lo que hay en los imaginarios de las personas. Considero que es una interpretación un poco superficial que no toca de fondo el tema que la caricatura quiere transmitir.

Este tipo de interpretaciones no analizan elementos gráficos como por ejemplo que el estudiante no posee capucha, el elemento con el cual algunos estudiantes tapan su cara para poder cometer alteraciones al orden y hacerse visibles ante el gobierno y la sociedad, o el hecho de que en la mano del estudiante hay un libro y no un arma o un bolillo. Es fácil dar cualquier interpretación cuando no se conoce la realidad de lo que sucede en las manifestaciones o protestas. Desafortunadas esas interpretaciones a la ligera que un docente universitario le pueda dar a este tipo de mensajes gráficos. Pero creo que más desafortunado fue el haber promovido estas interpretaciones frente a un auditorio donde se encontraban estudiantes de colegio. Afortunadamente en el mismo auditorio nos encontrábamos algunos estudiantes de varias universidades de la ciudad quienes logramos persuadir al docente de que sus interpretaciones eran un poco inconvenientes.

¿Cuál es la interpretación adecuada? Bueno, eso es una de mis tantas preguntas sin respuesta, pero considero que la interpretación será más y más adecuada en la medida que conozcamos la realidad que está detrás de esta caricatura, las acciones de las fuerzas del Estado, los ideales de los estudiantes, los ideales mismos de un gran sector de la población que ven en la educación su salida al atolladero en el que se encuentra la sociedad actual. E inadecuadas en la medida que sólo nos sentamos en nuestra limitada visión periférica para explicar todos los hechos del mundo.

Nota: 1. Extraído de la recopilación que por el motivo del bicentenario hizo la Biblioteca Luis Ángel Arango y el Banco de la República de la historia de la caricatura en Colombia. Una material completamente recomendado que pueden encontrar en  http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/exhibiciones/la-caricatura-en-colombia/index.html y también ayuda a mejorar nuestra interpretación de las caricaturas en nuestro país.