El ideal es construir una nueva cultura, una cultura dinámica, que enfrente a la cultura narco, impregnada desde hace más de 20 años, tanto en lo social como en lo político.

 

Por / Adriam Bastidas

Algunos de los pioneros de la antropología, como el inglés Edward Burnett Tylor en 1871, daban su opinión sobre el concepto cultura: “La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es ese todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una sociedad”.

Otro reconocido antropólogo, el norteamericano Franz Boas, se aleja un poco de la teoría etnocentrista, del desconocimiento de que existen muchas culturas con características propias, planteada por Tylor, propone una individualidad cultural: “las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en el que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida en que se ven determinadas por dichas costumbres”.

Pero a medida que surgían nuevas definiciones sobre cultura por más antropólogos y humanistas, la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales organizada por la UNESCO en 1982 dictaminó una definición global para la comunidad internacional, en donde resaltaba: “cultura es el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Dicha organización reconoce el papel fundamental de proveer al ser humano de poder reflexionar sobre el entorno en que se mueve, sobre sí mismos, reconociendo los valores, para lograr ciudadanos críticos, pensantes comprometidos con su sociedad, desde los fundamentos éticos y morales.

Partiendo de la premisa planteada por la UNESCO, y llevándolo al plano nacional, encontramos que en Colombia la cultura no ha ocupado el lugar sobresaliente que se merece y es muy probable que las distintas problemáticas que tenemos desde hace décadas –en especial la violencia desde todos los frentes– sean producto de la carencia de esta.

El ideal es comenzar a dar soluciones estructurales para la construcción de una nueva sociedad más solidaria, más fraternal. Las críticas ya están dadas, los fenómenos sociales que atacan constantemente son el alimento diario, son más que conocidos.

Por eso es momento de plantear alternativas para el cambio y para dar el salto  se resaltan cuatro pilares fundamentales: educación, artes, ciencia y tecnología. Estos modelos, bien canalizados, serán la revolución en las mentalidades de todo un pueblo.

El ideal es construir una nueva cultura, una cultura dinámica, que enfrente a la cultura narco, impregnada desde hace más de 20 años, tanto en lo social como en lo político.

Una cultura dinámica, fresca, genuina, que borre por completo esos clichés culturales que tenemos, y nos nublan los panoramas para avanzar, que entendamos que doctor solo se le dice a aquel o aquella que ha estudiado un doctorado, o a quien estudió y se graduó de medicina, y no llamarle doctor a cualquier granuja bien vestido, de discurso fluido.

Dichos personajes abundan en el ámbito político, clichés como por fin entender cuál es la verdadera labor del funcionario, que son ellos quienes deben trabajar para nosotros, y olvidarnos de hacerles reverencias y brindarles pleitesías, como lo manifestaba Jaime Garzón.

Estos cuatro ejes del cambio también le harán entender al ciudadano del común que el derecho a la salud, a la educación, a una vivienda digna, al trabajo, no tiene nada que ver con una ideología política en particular.

Que exigir estos derechos básicos no lo hacen comunista, guerrillero, socialista o terrorista, son derechos que están plasmados en la declaración universal de los derechos humanos, creada en 1948, después de la segunda guerra mundial, amparada por más de 100 países, incluidas las grandes potencia mundiales.

Esta utopía monumental requiere de lideres valientes, honestos, en especial requiere de movimientos sociales que se desliguen del poder, donde sobresalga la unión, la camaradería y enfrenten el statu quo.

Se requiere de una fuerte inversión en la construcción de instituciones educativas públicas en todos los rincones del territorio, equipadas con la última tecnología de punta, construir más sedes de las universidades públicas, capacitar al gremio docente, brindarles mejores salarios, facilidades para su preparación profesional, construir bibliotecas interactivas donde florezcan las ciencias, y acercar a los niños, niñas y adolescentes a estos espacios.

También fomentar y patrocinar las editoriales independientes, para que los libros sean de bajo costo y todos puedan tener acceso a ellos, invertir en las casas culturales, apoyar a los gestores culturales, para que la música, el cine, las artes plásticas, la fotografía, la danza,  sean las herramientas que ayuden a estimular la sensibilidad, a construir carácter, pensamiento crítico y autonomía.

Construir cientos de museos interactivos de la ciencia y la tecnología moderna, centros culturales donde sobresalgan nuestras costumbres, los legados de nuestros indígenas y afrocolombianos, donde nos enseñen de nuestras cosmovisiones, del amor e interacción con la madre tierra.

Todas estas edificaciones del saber, del conocimiento, deben llegar a las puertas de los hogares populares, no debe ser un privilegio de pocos. Bibliotecas, casas culturales, universidades, centros para ciencia y tecnología, museos, planetarios, jardines botánicos, centros agrícolas, libros, instrumentos musicales, etc., deben ser una política pública que se expanda por todos los pueblos, por todos los barrios de estratos bajos de las ciudades que existen en Colombia. Se debe exterminar la segregación cultural, dar un paso gigantesco para la proyección de una nueva visión, un  nuevo pensamiento.

De esta manera, con este sueño utópico, es que se alcanzará una espiritualidad transparente. Es como el intelecto, sabrá reconocer al politiquero, al corrupto, sabrá que esa estrategia publicitaria de cargar niños en las calles del barrio, de abrazar al vendedor informal, de colocarse el sombreo vueltiao, la ruana, el collar de arepas, es una farsa, que nuestros modos de vida no radican en fanatismos por expresidentes genocidas, ni exguerrilleros que se proclaman salvadores,  ni mucho menos en el dinero fácil.

Que nuestros modos de vida sean la alegría, el trabajo honrado, la diversidad, la empatía, la amabilidad, que nuestras creencias se destaquen por el respeto del otro, por la admiración a nuestros campesinos, por amar y proteger a nuestros niños y niñas, por creer en Dios, por no creer en él, por la conexión pura con la naturaleza, y que nuestra tradición más importante, a partir de esta utopía cultural, sea la paz entre todos los colombianos.