A Edwin Alejandro Hurtado

Ivan Rodrigo GarcíaEs por eso que considero “terrorismo”, pero no del que destruye la vida, sino del que atenta contra la  inteligencia, de la que usted bien se precia, todo aquello que reprime la sátira y al humor, por malo que sea, como el mío.

Por Iván Rodrigo García Palacios

Me encanta cuando se produce un debate y se suscita una polémica, máxime cuando, como me dijo un buen amigo, a ver si así “nos sacan de la inercia intelectual”. Pero, lo que no me gusta para nada, es el tema y las formas o maneras con las se le trata y por las obvias razones que se pueden consultar en la historia de la humanidad, de la cual, El tratado de ateología de Michel Onfray (que me recomienda), es una buena muestra y guía. Este es una tema subjetivo y peligroso hasta para la integridad de los polemistas, sobre todo cuando se los intimida, amenaza o manotean (bullying), como ya diré más adelante.
Fue por ello que desde mi primer escrito y en el segundo y ahora en este, aclaré y aclaro que para nada hablo de lo qué es el ateísmo y de lo qué creen los ateístas y tampoco dije nada sobre lo qué es y lo qué cree o piensa un ateo. Creo que una cosa es un ateo y otra son los ateístas y sus ateísmos, lo que se hace indispensable diferenciar para evitar malentendidos.
Por eso si, y vuelvo a enfatizar, si enfaticé sobre lo excesivo de las respuestas a la sátira en la que Gustavo Colorado se burlaba de los excesos de algunos ateístas y eso si era claro, sólo de “aquellos” ateístas. Así que, por favor, no funda ni confunda “mis opiniones” sobre su forma de leer y la de los comentadores a mi primer escrito. Yo nunca dije “esta boca es mía” para decir si dios existe o no existe y si es una obligación mortal creer lo uno o lo otro o afiliarse con los unos o los otros o no decir nada sobre lo uno o lo otro o insultar a los unos o a los otros. En fin. Sólo pedí un bueno y gustoso debate, retomando su metáfora de los comensales y por aquello del refrán: “en la mesa y en el juego, se conoce al caballero”.
Para contrastar las diferencias y sin “comparaciones odiosas”, remito al comentario hecho a mi segundo escrito por Diego Firmiano, no por los elogios, que me enaltecen, o por su defensa ante quienes me insultaron, sino por su aporte al tema, al que agrega un pertinente e inteligente punto de vista, una inquietante pregunta y una muy adecuada referencia shakespereana. Pero, lo más importante, por la elegancia y buenas maneras al tratar a otros y a los asuntos de los que escribe.
Creo que no es necesario ni ser excesivo ni insultante ni bullying al defender las propias creencias. Basta con un poco de buenas maneras y con muchas buenas razones. Se puede ser apasionado y lo soy, es más, en cierta forma me considero una especie propia de ateo y, como lo afirmé en mi primer escrito, rechazo la ignorancia y la superstición que implica creer en los dioses, pero más importante, expuse mi opinión sobre dónde se re-producen esas malignas creencias y de dónde habría que expulsarlas. Sobre esto si que valdría la pena debatir largo y tendido, bien lo agradecerían aquellos que van a nacer en este “valle de lágrimas”.

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Ahora y para hacer unas comparaciones que espero, esta vez, no le sean odiosas:
Tiene toda la razón en lo siguiente:
1. Tiene toda la razón, su escrito: Generalización y ateísmo – respuesta a Gustavo Colorado, se diferencia del escrito de David Osorio, sólo que fue David Osorio quien puso en escena el suceso de Charlie Hebdo y, además, a Boko Haram.
2. Tiene toda la razón, la gracia de mi humor es mala, nunca tuve ese “don”, pero aun así persisto en satirizar, en la creencia de que no necesariamente la sátira tiene que hacer reír, sólo exponer y denunciar lo perverso de la condición humana.
Es por eso que considero “terrorismo”, pero no del que destruye la vida, sino del que atenta contra la  inteligencia, de la que usted bien se precia, todo aquello que reprime la sátira y al humor, por malo que sea, como el mío. Por eso pienso que las discusiones de los fanáticos de fútbol son un buen ejemplo a seguir, a pesar de que las considere “odiosas”, pues esos fanáticos discuten por juego de su juego y algunos, hasta por ejercicio de crítica intelectual, tal los buenos ejemplos de Albert Camus, Oswaldo Soriano, Daniel Samper Pizano.
3. Tiene toda la razón y el derecho, junto con su tiempo y voluntad, para meter la cuchara y criticar los asuntos de debate público, sean buenos o malos, humorísticos o no. Y parodiando la frase atribuida a Voltaire: no estoy de acuerdo con sus ideas, ni me gustan, pero estoy dispuesto a morir por defender su derecho a expresarlas. Que viva el Tratado de la tolerancia de Voltaire, que es un magnífico alimento y una buena dietas contra cualquier indigestión o subjetiva o ideológica o intelectual o todas las anteriores.
4. Estoy de acuerdo con lo que usted dice que hizo Stephen Jay Gould y que es lo mismo que debiéramos hacer, pues todo este asunto del ateísmo y del creacionismo, que es el caso de Stephen Jay Gould, son un engaño. Pues, por supuesto, una cosa es un ateo y otra son los ateístas y el ateísmo, como dije atrás, los que, y para ironizar, parece que hacen lo mismo que los creacionistas y su creacionismo hicieron con Stephen Jay Gould.
Sin embargo, vuelvo a insistir, bien valdría la pena intentar una definición y descripción de qué es un ateo, pues todos los grandes ateos dicen que son agnósticos, así como definir y describir que son el ateísmo y los ateístas, pues, hasta el momento y por las varias opiniones que se han expresado, más pareciera que es una especie de creencia común en no creer en dios o dioses y que, como lo dije en mi primer escrito, en su nombre se convierten en grupos de personas religados por esas creencias. Lo que me parece muy bien… hasta que se hacen excesivos.
Pero, en lo que no le reconozco razón alguna:
1. Una cosa es exigir respeto a los otros y otra es no ofrecerlo a los que no creen como uno. En ningún momento mis palabras fueron insultantes ni intimidantes ni ofensivas ni siquiera descorteses, acepto, si irónicas y satíricas y, ojalá, inteligentes, y persisto en ello.
Así como ustedes exageran la defensa de sus creencias, creo que bien vale la pena, por parte de los que no las compartimos, responder a tales exageraciones y excesos. Pero eso sí, en un mundo de decencia intelectual, me imagino que es de buenas maneras y hasta de buen gusto, debatir con elegancia y sacar buen provecho de ello. Que, por ejemplo, fue lo que no sucedió con Giordano Bruno y su interpretación de las ideas copernicanas en el aula máxima oxforina.
2. Mis dos escritos fueron, el primero sobre el exceso en la respuesta al escrito de Gustavo Colorado y el segundo sobre la forma, esta vez, sí “irrespetuosa” e insultante de los comentarios a mi primer escrito por parte de cuatro personas, de las cuales dos son insultos y las otras dos inelegantes opiniones, como lo es su caso al utilizar el término estupidez para rechazar mis escritos, simplemente porque no estaban de acuerdo con sus gustos y creencias (creo que lo mismo es válido para lo de su amigo Mateo Gómez y lo de Diego León, a los que bien separé de los otros en mi comentario, lo que, como usted lo considera, debía hacerlo).
Por lo demás, me parece bien que cada cual opine lo que crea sobre las opiniones de los otros, pero con la decencia que bien habla de quien bien se expresa. En términos generales, y esta vez sí generalizo, todo este asunto parece de malas maneras o, mejor dicho, carencia de buenas maneras y eso sí que me parece, para nada, inteligente. Los comentarios de Javier Velásquez a mi primer escrito y a un comentario de Diego Firmiano, son el perfecto ejemplo de la asnidad, como diría Giordano Bruno (a ver si estamos de acuerdo).

3. No acepto que Richard Dawkins sea un gregario o un prosélito ateísta por ser un apasionado ateo (la wikipedia dice que él dice que es agnóstico y no ateo ni ateísta) y el que tenga una fundación (fundación no es lo mismo que asociación, congregación o pandilla, aunque es miembro de algunas asociaciones y sociedades de carácter laico) para defender, no el ateísmo como usted lo dice, sino las falacias del creacionismo y la imposición de las religiones en la educación pública.
Como tampoco lo es Stephen Jay Gould por ser amigo de Richard Dawkins y haber participado juntos en campañas para impedir la imposición del creacionismo y las religiones en la educación pública. Aunque parece que Stephen Jay Gould se dio cuenta de la inutilidad, no de combatir, sino de prestarse como “payaso” de estafador de los creacionistas.
Además de los casos ya citados, agrego el más reciente de Neil deGrasse Tyson, quien también se considera agnóstico y es un apasionado combatiente contra la imposición del creacionismo y de las religiones en la educación pública (le agradecería que tenga en cuenta que digo educación pública y no educación, en generalización).
Discúlpeme si no atendí a todos sus requerimientos y el que podría haber agregado alguna que otra cosa, pero con lo dicho espero que sea suficiente, por ahora (si cree que faltó algo importante, me lo reclama y con gustó lo atenderé), así que sólo resta referirme al último párrafo de su escrito:
Le confieso que su intimidante recomendación de “cuidarme” de acusaciones (que no creo haber hecho injustificadamente) y de generalizaciones (que más me parecen consecuencias generales), me provoca tanto miedo como el imaginarme viviendo en un mundo polarizado entre dos extremismos o dominado por uno de ellos, porque en ese escenario el comunicarse si que será un imposible como lo es en 1984.
Por esto, por su actitud excesiva y por la agresividad y violencia de los otros, es que mis escritos NO me parecen una nimiedad, como usted dice, ni ES insignificante lo que los motivó, pues, por la intolerancia frente a unas irreverentes caricaturas o a unos malos chistes, se han desatado tantas tragedias que bien pudieron evitarse con un apasionado pero adecuado saber debatir las propias y ajenas creencias.
Y que conste que no creo que ahora vaya a ocurrir una tragedia tal, pero, quién quita, este mundo es de creyentes. Amén.

Medellín, 5 de febrero 2015.