La unión de la izquierda es necesaria, pero es difícil atendiendo a la nueva ley electoral, que va en contra de los pequeños grupos políticos, dice Avella. No desea recordar el atentado que la exiló del país, pero llama “a quienes hicieron todo eso a que reflexionen para que nunca más se vuelva a repetir”.

Por: Antonio Molina
“¡Nos quieren asesinar porque somos miembros de la Unión Patriótica!”, gritaba una mujer angustiada mientras al fondo todo era caos luego de que con rockets y 40 disparos intentaran acabar con su vida en el momento mismo que era entrevistada por una cadena radial. Esa mujer era Aída Avella Esquivel, la misma que hoy se lanza como candidata presidencial por la UP (Unión Patriótica), un partido que casi se extingue tras el asesinato de miles de sus partidarios en los años 80 y 90. Era el 17 de mayo de 1996 y transitaba con su escolta por la Autopista Norte, rumbo al Concejo de Bogotá (escuchar audio).
La exconstituyente y exconcejal de Bogotá estuvo en Pereira en un homenaje con motivo de los 25 años del asesinato de Gildardo Castaño, otro líder político y exconcejal de esa misma colectividad que cayó abaleado en Pereira el 6 de enero de 1989.
Luego de 17 años y medio en el exilio regresó a Colombia. Atrás quedó su trabajo como empleada de una chocolatería en Suiza, entre los muchos oficios que debió realizar para poder sobrevivir económicamente. Estas sus palabras durante una entrevista concedida en un intermedio de la conmemoración realizada en la sede del Concejo de Pereira en recuerdo de Castaño.
Antonio Molina: ¿Qué significa volver a Colombia después de casi dos décadas, qué implica eso para usted, como mujer y como ciudadana?

Aída Avella: Primero una gran emoción, y segundo un inmenso compromiso, dado que me han encargado de representar la Unión Patriótica (UP) en la contienda electoral, y tercero con los ciudadanos, realmente algo que uno nunca imaginaba, volver a Colombia para contribuir al cambio que necesita este país.
A.M.: ¿Qué la incitó a tomar esa decisión?
A.A.: Dos cosas: una el haber devuelto la personería jurídica a la UP arrebatada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) en el año 2000 y la segunda esa luz que se ve en el túnel en el que está sumergido Colombia, que es el proceso de paz. Yo creo que la instalación de los diálogos en La Habana abre una inmensa compuerta y una enorme esperanza de ver este país pacificado pero con justicia social.
A.M.: ¿Ha cambiado Colombia en estas dos décadas?
A.A.: Sí, yo creo, y ha cambiado a veces para mal, y a veces para bien. Es como un claroscuro, oscuro por ejemplo veo que están explotando los recursos naturales sin que quede mucho para el país. Vengo de recorrer un poco Boyacá y encuentro que sacan de todo, material de hierro, material de cemento, sacan carbón, sacan petróleo y no le quedan ni siquiera las carreteras al departamento. Ahora leía una crónica sobre El Cerrejón y eso es muy doloroso para los colombianos, saber que alrededor de la mina de El Cerrejón, la más grande del mundo a cielo abierto, se venden nuestros niños por sus padres -a 5.000 y 10.000 pesos- para la prostitución infantil. Entonces uno se pregunta si la gran riqueza que genera este país es para todos o es para las trasnacionales o, sino, es para una clase mal dirigente que ha estado guiando a Colombia por muchos años.
A.M.: ¿En un mundo de globalización, de mercado libre, de esos lenguajes, cómo hacer compatible términos como “la confianza inversionista” con regímenes de izquierda que tradicionalmente siempre han sido incompatibles con eso?
A.A.: Es fácil, ustedes ven lo que está sucediendo en Brasil, ahí no ha salido la inversión exterior, lo que pasa es que hay que hacerla con otro criterio, y el criterio tiene que ser que la riqueza que genere el país deje dividendos positivos para los habitantes de ese país. No podemos aceptar que en la zona de gran riqueza en Colombia impere la miseria al lado de las grandes minas, no, eso no puede seguir así, tiene que haber una política distinta y yo en ese caso plantearía una revisión de las concesiones que se han hecho porque están entregado la tercera parte del país, y si esa tercera parte del país no sirve para generar empleo y no sirve para dejar bienestar a los ciudadanos, mejor que no lo haga.
A.M.: Cómo enfrentar críticas -estoy haciendo como abogado del diablo- de todos estos inversionistas extranjeros, cuando se cambian las reglas de juego sobre la marcha, aduciendo que no son países que confiables para la inversión. ¿Cómo atraer inversión a un país que indudablemente requiere de inversión?
A.A.: Desde luego, se requiere inversión, pero hay otros países que nunca han venido y que podrían hacer una inversión mucho más decente.
A.M.: China…
A.A.: Puede ser, pero también de América Latina. Hay países que se empiezan a desarrollar. Brasil es un país ya muy poderoso, hace parte del grupo del G20 y podríamos llegar a algunos acuerdos con los países grandes de América Latina que necesitan nuestros productos y nosotros los de ella. Es que América Latina es un continente que se autoabastece. Tenemos todo para autoabastecernos, pero no tenemos todavía una unidad que se requiere para formar un comercio fuerte y un desarrollo sostenido y un desarrollo que vaya a generar bienestar para todos los latinoamericanos, ese es el ideal, ojalá pudiéramos llegar algún día. Ojalá pudiéramos traer otros capitales que no sean los mismos que se han enriquecido con nuestras riquezas. Y lo único que nos van a dejar de continuar como está, son grandes desiertos, grandes cráteres y una población completamente empobrecida y despojada de su territorio. Porque a lo último lo que se van a perder son tierras que en este momento están para la ganadería, la agricultura y que si se explotan como se vienen explotando simplemente quedarán los huecos, quedarán los grandes cráteres y quedará la miseria tal y como lo encontraron o peor.

Unión de la izquierda
A.M.: ¿Cómo hacer para que la izquierda sea una alternativa de verdad, una izquierda que en Colombia se muestra tan dividida y atomizada a los ojos de la ciudadanía?
A.A.: Yo creo que lo ideal sería eso, una unidad que nos impide hacerla la ley electoral. La ley electoral ha sido como una rueda en el palo. La última que ha aprobado el Congreso y la hicieron para eso, para que los partidos chicos no nos podamos unir para construir una alternativa y seguir manejando el poder político en Colombia. Eso es muy censurable de un Congreso que piensa de esa manera, como tan censurable es la aprobación y no decir nada, a excepción de algunos representantes y senadores, a los Tratados de libre comercio. La riqueza de un país no se puede entregar así, no se puede entregar toda la labor que han desarrollado nuestros campesinos produciendo papa, café, arroz, no se puede entregar como lo han hecho, es decir, dejando a nuestros campesinos en condiciones tremendamente diferenciales de lo que produce la importación a menor costo, pero también dejando a nuestra gente sin trabajo. Por Dios, es que los gobiernos no piensan en la gente, piensan siempre en llenar sus caudales personales y en enriquecerse más. Estas 150 familias que han gobernado este país no han hecho más que eso. Y yo creo que el pueblo debe cobrarle en votos, deben sacarlos del parlamento, a la gente que no solo ha usufructuado el poder político, ha usufructuado las tierras, la banca, ha usufructuado todos los niveles de la economía, pero además de todo se pelea con los pobres la basura. Esto es una vergüenza.
A.M.: ¿Qué puntos, desde la UP, se podrían plantear en una hipotética alianza desde la izquierda, que serían los puntos fundamentales para llegar a un acuerdo entre todos estos grupos de izquierda minoritarios que hay en Colombia?
A.A.: Ya se ha previsto, incluso en charlas anteriores habíamos visto: primero el apoyo al proceso de paz; queremos una paz duradera con reformas sociales, con justicia social; lo segundo, también una democracia participativa y una democracia decisiva, donde al pueblo se le escuche, pero no solamente que se le escuche sino que sea protagonista en las decisiones. Porque lo que están acostumbrados acá, es que se nombran unos señores, que hacen lo que quieren en el Congreso, que nunca rinden cuentas a nadie, que se suben el sueldo cuando quieren y que no tienen en cuenta absolutamente nada para el bienestar de la ciudadanía. Y eso tiene que cambiar. Y bueno otro de los puntos que se han visto es lo relativo a los TLC, hacer una revisión de los TLC que han llevado el hambre y más pobreza a nuestro campo, y también a los puntos de educación, salud, que todos realmente coincidimos.
Ahora, hay puntos que unos partidos plantean y que otros no plantean; pero son más las cosas que nos unen que las que nos diferencian. Desgraciadamente esa ley electoral nos condenó a no hacer listas, por ejemplo, unificadas para Congreso porque debíamos renunciar a las personerías jurídicas. Y nadie quiere perder las personerías jurídicas por una u otra razón. Y no se puede hacer en este momento y yo creo que esa ley hay que reformarla si quieren que los sectores políticos que no tienen una votación de más de 400.000 votos, que es el umbral electoral aproximadamente, pues puedan participar en la vida nacional. ¿Por qué los paperos, por qué los campesinos que desarrollaron el paro agrario no han podido formar un partido? Porque no tienen 240 millones de pesos para inscribirse. ¿Esto qué es? Y si ellos no alcanzan el umbral, los desaparecen como partido. Eso es el colmo. En la Constitución habíamos dejado 50.000 votos, previendo también que sectores chicos ingresen al Congreso, es que esto no es ninguna propiedad privada de ninguna de casta política, la democracia es la democracia, pero acá han hecho lo que quieren de la democracia y siempre la restringen para seguir los mismos con las mismas.
Pasado que se deja
A.M.: ¿En este momento usted cómo recuerda ese atentado que sufrió? ¿Qué piensa de ese suceso en vivo que fue tan dramático para todos los que pudimos escucharlo en el momento?

A.A.: Prefiero no recordarlo, porque pienso que esas páginas deben haber pasado a la historia, y yo lo que hago es un llamado a la tolerancia, al respeto, a la diferencia, llamo a curar las heridas de la guerra y llamo a que todos pensemos que podemos construir una patria distinta y que independientemente de nuestras ideas podamos ser amigos, podamos ser vecinos y podamos discutir desde el plano de vista político las cosas como se deben. Y llamo a quienes hicieron todo eso a que reflexionen para que nunca más se vuelva a repetir, porque ellos están ahí, están pendientes de qué está pasando y ellos deben reflexionar sobre el hecho de que si entre todos tenemos ideas y las podemos discutir en un espacio político civilizado, vamos a construir un país más generoso, pluralista y donde la gente no tenga que morir por lo que piensa.
A.M.: ¿Qué es valor para Aída Avella?
A.A.: Valor es vivir la vida pensando en los otros, y no pensando exclusivamente en una persona. Yo creo que eso es más representativo que cualquier otra cosa, si pensáramos en toda la sociedad, las cosas no serían como están en Colombia, serían muy distintos, muy diferentes y todos seríamos mucho más felices


