Tanto que una rata pendiendo de una cuerda como un reo recién subido al patíbulo pronto se vuelve parte del paisaje. Igual que el mundo de transacciones irregulares, amenazas veladas, obstinación y juegos de poder en el que se mueven los presos por el delito de rebelión en la cárcel de Bellavista.

Cuba IV

Por: Laura Sánchez Largo

Ilustraciones: Chucho Barrera y Pablo Calle

Mientras la sociedad colombiana polariza cada vez más su actitud ante los diálogos de La Habana, al interior de sus cárceles los presos por el delito de rebelión parecen reflejar esas tendencias. Las declaraciones de Nilson refuerzan la percepción. Para el ELN la paz en Colombia tiene mucho en común con la cosmovisión de los punkeros: no hay futuro. En otro frente se ubican quienes, en medio del escepticismo, dejan una puerta abierta a la esperanza. Por eso, entrar al patio Cuba de la cárcel de Bellavista funciona a modo de radiografía de país en lo tocante al rumbo a seguir.

Entre el coro de mujeres que aguardan su turno de entrada para la visita dominical sobresale una voz. La preocupación es común a la humanidad: la comida. En este caso la calidad de la misma y las posibilidades de acceder a ella. Una mujer cuenta y las otras escuchan: durante muchos días sus hombres no recibieron una ración distinta a la sopa de apio.

rataJornada tras jornada tenían que conformarse con las  hojas de la planta flotando en agua. La paciencia se fue agotando. A pesar de los reclamos, cada vez más airados, nadie los escuchó. Entonces apelaron a una forma extrema de protesta: tomaron una enorme y robusta rata adoptada como mascota y la sacrificaron ante la vista de todos. Acto seguido la colgaron en el comedor a modo de sangriento mensaje. Aparte del súbito rapto de náuseas el acto no tuvo repercusiones mayores: en la cárcel la gente se adapta rápido a las situaciones extremas. Tanto que una rata pendiendo de una cuerda como un reo recién subido al patíbulo pronto se vuelve parte del paisaje. Igual que el mundo de transacciones irregulares, amenazas veladas, obstinación y juegos de poder en el que se mueven los presos por el delito de rebelión en la cárcel de Bellavista.