“Es que la presunción de inocencia es una falacia. Desde que uno es indiciado se tiene que someter a todo un procedimiento acomodado donde su defensa se ve apocada simplemente por intereses, personales o de otra índole, que aplican los funcionarios de la ley”.

El hacinamiento se suma a la falta de recursos, incluso faltan guardias penitenciarios. Las filas de espera para ingresar a una visita pueden durar horas al sol y al agua./Foto tomada de El Tiempo

Por: Wilmar Vera

En Colombia los falsos positivos ya no llenan cementerios, sino cárceles. Y contrario a lo que pregonan la Constitución Nacional y el Código Penal, todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Esta situación ha hecho del Sistema Judicial colombiano algo inhumano, culpable en gran medida de que las cárceles estén llenas de personas que en lugar de aplicárseles justicia terminan entonces física, mental y socialmente, por que como explicó Fredy*, un estudiante de último año de derecho recluido por  corrupción, “las cárceles no están llenas de gente mala y la Justicia no se preocupa por la verdad sino por lograr resultados, a veces alejados de la realidad”.

Falso imaginario

Colombia tiene una población carcelaria de 160.000 personas, de las cuales 130.000 se encuentran en centros penales y 30.000 cumplen sus penas extramuros. Esta situación ha llevado a que se presente una grave situación no sólo de hacinamiento (en celdas que son para cuatro albergan 14 o 18) sino de salud y hasta de carácter social. No tenemos EPS ni servicio de salud, la atención de emergencias se da dos días después, “si le va bien, declara Aníbal*”. En el centro penitenciario donde está ha solicitado cuatro veces por carta una revisión médica y atención odontológica. “No hay turnos, solo emergencias”, es la respuesta casi robótica de Alejandra, la asistente de enfermería que visita los diferentes patios repartiendo medicamentos a hipertensos o diabéticos.

Sistema carcelario

Como ocurrió con la Constitución Federal de 1863, la nueva suena muy bonita pero al llevarla a la realidad apesta como letra muerta.

La Constitución Nacional y el Código Penal promulgan diversos artículos donde se declara la inocencia como presunción ineludible que en cualquier acto jurídico condiciona el actuar de los funcionarios de acuerdo con la ley, con ”especial consideración cuando se trata de valorar el injusto, la culpabilidad y las consecuencias jurídicas del delito” (Art.7 Código Penal). Nada más alejado de la realidad.

La razón es que una cosa dice la ley y otra la que aplican jueces, Fiscales, Ministerio público y hasta abogados defensores.

“Yo vivo en un barrio peligroso y por eso adquirí un arma hechiza, la tuve varios meses y cuando se calmó la situación decidí venderla, la mañana que la iba a entregar, iba con mi mujer en una moto y nos detuvo la policía. No habíamos hecho nada malo pero el abogado de oficio con sus palabras complicadas, nos convenció de que aceptáramos cargos para que los dos fuéramos beneficiados, le hicimos caso y después me di cuenta de que yo solo podía aceptar cargos porque mi esposa no había hecho nada, el arma la tenía yo”, comentó Felipe*. Hace cuatro semanas, con el preacuerdo, fue condenado a ocho años de prisión, su esposa espera sentencia y su pequeña hija de nueve años está de arrimada donde unos tíos. ”Si hubiera sido líder paramilitar con centenares de muertos encima o un ladrón de cuello blanco, en tres años, si mucho, sale libre y nada pasó”,  concluye otro recluso, ingeniero de profesión y que está pronto a salir.

“La culpa es del Sistema Judicial, de fiscales y jueces carceleros que no indagan sobre las personas y se basan en una versión, alejada de la realidad”, añadió el futuro abogado, que a pesar de estar hoy en el banquillo de los acusados, ama y cree en el espíritu humanista y de justicia que pregona el Derecho.

Cuando la esperanza se pierde, lo único que queda es la fe en la Justicia Divina, la misma que se busca y se solicita todos los días por medio de la oración. “Yo le pido a mi diosito y a la virgencita que me den la casa por cárcel o a mi mujer para estar con mi hijita, que extraño tanto”, recalcó Felipe. Por eso, todos los días: a las 6:30 am, a las 3:00 pm, a las 4:45 y, antes de dormir, reza al Justo Juez para que ablande los corazones de sus colegas terrenales.

“Es que la presunción de inocencia es una falacia. Desde que uno es indiciado se tiene que someter a todo un procedimiento acomodado donde su defensa se ve apocada simplemente por intereses, personales o de otra índole, que aplican los funcionarios de la ley”, resumió Fredy.

Así las cosas, con un sistema judicial que produce reos a nivel industrial, sin pensar en las personas y el impacto que genera el encierro, se puede decir con dolor, pero sin asomo de vergüenza, que en Colombia “un carcelazo  no se le niega a nadie”.

Los otros males carcelarios

No sólo la justicia carcelaria afecta al sistema judicial colombiano. Las cárceles se han convertido en universidades del mal, donde se tiene que ser muy fuerte para no caer en la desesperanza y la desazón.

La resocialización no existe, las aulas las convierten en celdas, la alimentación es para animales. No hay salud y atención ni salud digna y a nuestros familiares y allegados los tratan muy mal cuando nos visitan. Aquí estamos como muertos en vida, atrapados en un ataúd gigante, y al final, por culpa del olvido, terminamos como fantasmas”, dice Israel*, un joven pintor de brocha gorda que descubrió que también tiene el don para pintar cuadros.

 *Los nombres se han cambiado, a petición de las fuentes.