Por: John Harold Giraldo Herrera

Fotografía: Rodrigo Grajales

En Manizales cerca de 15.000 personas de varios rincones de Colombia marcharon por la crisis que afecta a los caficultores. A ese producto, que antes era insignia y orgullo de los gobiernos y de los colombianos, hoy lo arruina el invierno y lo tiene desprotegido el Estado.

Dos décadas atrás el café representó el 25 por ciento del PIB, ahora es el 6 por ciento. Muchos campesinos cambiaron sus cultivos por otros que fueran más rentables, pero muchos más fueron desplazados por la violencia.

Angela Gómez, una mujer líder de una alterna cooperativa de caficultores en Caldas ASPROINCA, marchó porque además están indignados por el manejo dado por la Federación Nacional de Cafeteros, quienes –considera- tienen unos privilegios y manejan una línea de monocultivo de café. Ellos, en cambio, integran 350 familias: “estamos trabajando hace más o menos desde hace quince años en una propuesta de producción, en un modelo de desarrollo desde la gente, implementación de prácticas de manejo de la finca agroecológica y eso es lo que nos integra”.

En Colombia, aunque han crecido en 927 hectáreas las zonas cultivadas de café según la Federación Nacional de Cafeteros, la productividad cayó en un 35 por ciento. Hasta el 2007 se mantuvo una producción de 12,7 millones de sacos, del 2009 para acá no se sacan sino 8 millones.

Varios de los reclamos de los caficultores, como el de Erme Reinel Izquierdo de 29 años de la comunidad de los indígenas Arahuacos del Norte de Santander, es que la carga de café quede en un precio que les permita obtener ganancias. Por ello piden que sea a un millón de pesos, ya que según él, el precio de los abonos, los fertilizantes, han hecho que los productores sufran porque lo que ganan: “No alcanza ni para un tinto”.

Alonso Ruiz Cano, caficultor de Trujillo, Valle, dice que además de la crisis por el bajo precio de la carga que oscila entre 500 mil y 600 mil pesos, el café también ha decaído porque no hay un relevo generacional: “En Trujillo los campesinos cambiaron la fincas cafeteras por pasto, por ser más económico, y en Trujillo nos falta gente para coger café”.

En la marcha, aunque fue convocada por integrantes del Polo, hubo marchantes de varios partidos políticos. Participaron la Asamblea de Risaralda en pleno y senadores de varios departamentos. El senador Juan Carlos Vélez dijo: “El tema del café no tiene color político”.

El promedio de ingresos de un trabajador del campo es de menos de un salario mínimo, afirmó Aurelio Suárez, uno de los dirigentes de la marcha. Clímaco Berrío, un recolector de café de 68 años, de Salento, Quindío, comenta: “nos pagan el café a como ellos dicen, no como nosotros quisiéramos. Cogemos la platica y pasamos al supermercado yallí hay que pagar lo que tiene que ser, porque si no, no lo lleve. ¿Entonces, qué nos toca hacer? Traer la plática por ahí a cuadra y media y entregarla. Otra vez para la casa a jornalear caiga agua, truene, haga sol o no, expuestos a las enfermedades. ¿Y sabe por qué son las enfermedades?, por mala alimentación, porque ya no comemos sino platanitos asados”.

500 millones de pesos se requieren para el sector de los caficultores el año entrante, que sean incluidos en el presupuesto del Estado, para generar subsidios para las familias cafeteras y matizar un poco la crisis.

Dicen los líderes de la marcha que: “Hay 900 mil millones de pesos perdidos en la Federación Nacional de Cafeteros”. Los malos manejos en la Federación hace que los caficultores pidan la renuncia de su presidente, Luis Genaro Muñoz.

Varias de las consignas se oponían a más impuestos para los cafeteros. “Si nos graban nos desaparecen”, decía un marchante.

Olmedo Gonzales Jaramillo, un productor y comerciante del café, se siente muy afectado: “Estamos maltratados, el gobierno nos tiene desprotegidos, la Federación ya no cumple y los caficultores perdimos el sentido. Si nos suben la contribución cafetera vamos a desaparecer”.

 “Con la revaluación no hay salvación”, se arengaba, dado que con la inestabilidad del precio del café los cafeteros se encuentran muy golpeados.

Una carga de café de 10 arrobas hoy se compra entre 500 y 600 mil pesos, cerca de tres sacos de café. José María Herrera, del Huila, de 65 años de edad, comenta que “necesitamos que nos regulen el precio del café y los insumos, ya no nos alcanza para alimentar la familia”.

Clímaco afirma: “El café es lo primordial para nosotros, porque si no fuera por eso, en las partes donde vivimos no se puede sembrar la coca, no se puede sembrar marihuana, por muchas cosas. Uno, el gobierno no deja y segundo, aunque dé plata, porque a nosotros no nos gusta eso”.

Los cafeteros también están enojados por lo que ha dicho el ministro Juan Camilo Restrepo: “Los cafeteros andan en las muletas del gobierno”, expresó en una entrevista, a lo cual le respondieron: “Nosotros lo que vamos a hacer es estar en pie de lucha”.

Un diputado de Risaralda dice que marchó “porque hay que solidarizarnos con los cafeteros, porque son los artífices del país durante los últimos 80 años”. Además agregó que: “El gobierno no ve a al café como el pilar de la economía nacional sino como un negocio más”.

Los cafeteros están dispuestos a seguir marchando hasta que sean escuchados y apoyados por el gobierno. El senador Jorge Enrique Robledo manifestó: “Nos podrán entrar los años y las canas, pero no las ganas de luchar por la dignidad cafetera”.