Un llamado a la memoria, en eso se convierte el nuevo libro de William Ospina “Pa que se acabe la vaina”. De manera ágil, mediante un entramado histórico, William conduce al lector al pasado, al presente y a un posible futuro del país, debido a todos los errores cometidos desde la clase dirigente. Sentado en un sillón antiguo, rodeado por libros y un selecto grupo que lo escuchaba con interés, el escritor habló en la librería Roma sobre el papel de la iglesia y del ejército en la actualidad; el apoyo que reciben los escritores en nuestro país y el asunto más controversial del momento: la destitución del alcalde mayor de Bogotá –el reinsertado ex guerrillero Gustavo Petro- por parte de la Procuraduría General, en una medida que ha sido cuestionada por diferentes actores políticos y sociales. Horas después de esta charla se presentó en el auditorio de la Cámara de Comercio de Pereira ante un teatro lleno de público.

"Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total".

“Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total”.

Por: Jhonwi Hurtado

Fotografías: María Laura Idárraga

J.W.H.M: En cierta parte de su reciente libro encontramos esta frase: “Pero al fin se abrió camino la arbitrariedad del que no tiene quién lo fiscalice”. ¿Estamos frente a un hombre (el procurador) que está haciendo uso de su poder para limitar la democracia?

W.O: Sí, yo creo que todos los funcionarios deben tener quién los juzgue y quién los sancione. Lo que principalmente se discute en el caso de Petro, no son las facultades del procurador para tomar una u otra decisión. Es que no se puede sancionar a alguien sin que haya habido un fallo de la justicia en contra, porque eso es una arbitrariedad total. Y el modelo en el cual un mismo funcionario inicia el proceso, aporta las pruebas, las examina y dicta el fallo, solo existía en la Edad Media. Eso no tiene nada qué ver con un modelo moderno del manejo de la justicia. Entonces, cómo es posible que en las instituciones supuestamente modernas, en una democracia del siglo XXI como la colombiana, persistan instituciones totalmente medievales que pudieran caer en manos de funcionarios como el procurador Ordóñez, que ha demostrado de mil maneras posibles  que sus decisiones están siempre sesgadas. Por supuesto, hay que criticar al funcionario, pero también hay que criticar a una sociedad que no ha sido capaz de darse instituciones verdaderamente modernas, y que siempre deja en algún lugar de su derecho positivo un reducto donde puedan anidar las sombras más arbitrarias.

J.W.H.M: Guadalupe Salcedo, el guerrillero de los llanos, fue traicionado luego de rendirse; Petro está ante una aparente persecución política; los militantes de la Unión Patriótica (UP, partido que en los 90 era la apuesta política de las FARC) fueron asesinados. Con este historial ¿se puede creer en un triunfo de los diálogos de paz o de un verdadero pos conflicto?

W.O: Ese es el tema más sensible de la realidad colombiana hoy. Pero es bueno que pase porque el país se está preguntando muchas cosas, y el país se va a tener que preguntar realmente a qué llama reconciliación y a qué llama perdón y a qué llama realmente reinserción. Porque es costumbre de los seres humanos llamar con nombres pomposos, pero no obrar en consecuencia. Reinserción, pero que no actúen como si fueran reinsertados; desmovilización pero se los sigue tratando como si fueran guerrilleros o ciudadanos de segunda categoría; acuerdo y firma de la paz, pero después, a media noche, asesinatos en los campos y en los barrios  y yo rastreo un poco la tradición de esas traiciones desde el momento mismo en que un par de artesanos asesinaron a Rafael Uribe Uribe en las puertas del Capitolio Nacional, después de que había terminado la guerra de los mil días. De manera que es bueno recordar esas cosas porque es una vieja costumbre  humana la de no cumplir con los acuerdos y después atribuirle siempre a los otros la falta de respeto por esas decisiones, y porque la sociedad, si se va a reconciliar de verdad, tiene que llegar a unos pactos y cumplirlos; todos los bandos tienen que cumplirlos.

Ahora, con respecto a lo del M-19 (Movimiento 19 de Abril, al que pertenecía Petro), que es el ejemplo más reciente que tenemos de una desmovilización exitosa, diría yo, si algo han hecho ellos es cumplir con los acuerdos que celebraron. Creo que no firmaron nunca nada y ningún ejército rebelde debería firmar el acuerdo de que para abandonar la guerra tienen que abandonar también sus ideas, sus principios y sus proyectos. Lo que tienen es que luchar por ellos en el ámbito de la democracia. Sin embargo, aunque me parece que el M-19 ha cumplido con su parte en ese convenio, yo he visto a los gobiernos seguirlos tratando a veces como si fueran guerrilleros, recordándoles sus viejos delitos y sus viejas insurrecciones, me parece que a Petro le están pasando una cuenta de cobro, por eso fundamentalmente, y tal vez por eso es tan saludable que la reacción que se ha despertado ante la decisión del procurador no sea solamente una reacción desde la izquierda. Porque si fuera una reacción desde la izquierda diciendo que es una decisión parcializada, peligrosa para la reconciliación del país, cualquiera diría que es una posición sectaria o parcial, pero cuando uno ve los editoriales del diario El País, de Madrid, cuando uno ve las declaraciones que el gobierno ha censurado por inconvenientes del nuevo embajador de EE.UU. en Colombia, o las declaraciones del juez Garzón, pues ya no puede tan fácilmente decirse que esos señalamientos sean parciales o sean sectarios.

"Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación".

“Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación”.

J.W.H.M: ¿Cree que lo sucedido con Petro permita unir a las divididas fuerzas de la izquierda colombiana?

W.O: La respuesta a una decisión no jurídica, difícilmente podría ser una respuesta meramente jurídica, lo que estaba ocurriendo allí era un hecho meramente político. Lo que me pareció más significativo, o una de las cosas que me parecieron más significativas del discurso de Petro (luego de ser informado sobre su destitución), fue en primer lugar que tuviera allí a Navarro Wolff a su lado, porque no sabíamos muy bien cómo eran las relaciones desde que Navarro se retiró de la Alcaldía. Que estuviera (Aída) Abella es muy importante porque acá la izquierda nos ha estado dando unos ejemplos de desacuerdo y de fragmentación y de incapacidad de diálogo. Eso fue un gesto muy importante y muy significativo. Me pareció también que el llamado que hizo a la mesa de negociación de La Habana de que no abandonaran la lucha ni la reconciliación por la paz fue muy valioso, porque evidentemente uno de los propósitos de este gesto (del procurador) era el de frustrar el proceso de La Habana, enviándole a la guerrilla el mensaje de que no hay espacio para la democracia ni para la reconciliación.

Entonces, esos tres gestos me parecieron muy valiosos de parte de él. Un cuarto gesto muy valioso también, el que hubiera convocado a la solidaridad continental, porque él no ignora el momento que vive América Latina, no ignora el entorno político y social. Hasta dónde llegue todo eso, uno no sabría decirlo, pero a mí me parece que fueron decisiones acertadas y una prueba de ello es que al día siguiente no cabía la gente en la plaza. Si eso va a tener continuidad y persistencia, va a depender del grado de madurez que se haya ido logrando y que solamente se revelará en los hechos mismos, pero eso también le dio comienzos a una campaña electoral sui generis. Hacía tiempo que no ocurrían las campañas electorales como un despertar, una agitación, una expectativa como la que está ocurriendo ahí. Y a mí me parece que uno de los males del país, el mal de que la izquierda o que los movimientos alternativos o que la oposición siempre tenían como un papel secundario en el escenario de la democracia, está cambiando en este momento. Por lo menos tiene un papel más protagónico sin que sepamos hasta dónde va a llegar ese protagonismo.

J.W.H.M: Aún seguimos esperando el nacimiento de la nueva Colombia. ¿Qué hace falta para que esa Colombia empiece a darse a conocer?

W.O: Yo creo que ese proceso está en marcha, y está en marcha de una manera mucho más grande de lo que alcanzamos a percibir, porque el país ya no cabe en el molde de esa vieja aristocracia, de esa vieja casta del poder, de esa vieja dirigencia; ya todas las catástrofes, todos los dolores,  todos los sufrimientos, todas las guerras que hemos padecido en medio siglo, lo único que demuestran es el fracaso de una manera de interpretar el país, y de una manera de gobernarlo. El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro. De manera que el país se está debatiendo buscando por todas partes sus horizontes. Muchas veces solo los encuentra por el lado del delito, de la insolidaridad y de la violencia, pero hay otro país que está buscando ese camino por la vía de la solidaridad, del pensamiento, de la reflexión y eso se va abrir camino y por eso Colombia, que sabe dar sorpresas, no sabríamos decir en qué momento de su transformación está, pero está en un momento de su transformación.

 

El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro".

“El país ha crecido demasiado y es un país demasiado poderoso y diverso, para caber en un molde tan pequeño y tan simplificador, tan poco responsable, con tan poco sentido de grandeza y de futuro”.

 

J.W.H.M: ¿Qué aporta con su libro “Pa que se acabe la vaina” a  la memoria de un país que se considera sin memoria?

W.O: Bueno, mi propósito es tratar de responderme a mí mismo algunas preguntas sobre lo que ha sido la historia reciente del país, la historia del último siglo. Ya había intentado hacerlo en el ensayo “Dónde está la franja amarilla” hace como 17 años, pero viendo que ese ensayo sigue latente, lo cual significa que el país no ha cambiado desde entonces y más bien algunos de sus males se han agudizado, sentí la necesidad de volver sobre esos temas y de escribir sobre ellos, más reflexivamente, con más detalle, no hacer un ensayo breve sino un libro. Más que para contar cosas que yo ya sé, siento que fui descubriendo muchas cosas mientras avanzaba con ese libro, así que siendo el mismo tema, hay unas diferencias tal vez de profundidad, de complejidad de la mirada sobre el país. Pero también hay una diferencia de tono, porque este es un libro más indignado y más impaciente, que quiere llamar a la comunidad a una respuesta más vigorosa y más comprometida en el enfrentamiento de los  problemas que el país vive.

 William 5

J.W.H.M: En “Dónde está la franja amarilla” usted hace una mención al llamado “pacto aristocrático” Ahora, en “Pa que se acabe la vaina” lo retoma. ¿Hasta cuándo cree que se sentirán los efectos de aquella decisión que se tomó en una época importante para el país?

W.O: Bueno, los efectos del Frente Nacional los hemos padecido desde el comienzo mismo. Ese pacto se celebró en 1958, durante 16 años los partidos que habían hecho la violencia se repartieron el poder; nunca hicieron un juicio de responsabilidades, nunca asumieron el compromiso de reparar a las víctimas, de corregir las causas de los males. Una reforma agraria, que había sido anunciada por el liberalismo en los años 30, y que había sido detenida por la gran pausa de Eduardo Santos en el año 38, no se hizo nunca. Y ya desde los primeros momentos del Frente Nacional, a pesar del entusiasmo con que la gente lo recibió porque creyó que era la paz, porque creyó que era la modernización del país, porque creyó que todas esas tareas pendientes se iban a cumplir. Ya empezamos a vivir las consecuencias de un modelo tan excluyente de las libertades como el que el Frente Nacional obraba. Ya cada gobierno empezó dejándole a  la sociedad u problema sin resolver: las FARC, el ELN, el EPL, los otros movimientos guerrilleros a partir del fraude del año 90, también el M-19. A partir del gobierno de López Michelsen también la corrupción, también el narcotráfico; a partir del gobierno de Turbay Ayala, también conductas ilegales por parte del Estado y de las Fuerzas Armadas, ejercicios represivos violadores de los derechos humanos y mientras no se hacían los esfuerzos por corregir los viejos males del país, se permitía que nuevos males se fueran añadiendo a la lista. Entonces empezamos a sentir temprano los efectos negativos del modelo y como las reformas no se han hecho; como la única reforma agraria que ocurrió después de eso fue para concentrar más la propiedad de la tierra, como se le volvió a arrebatar la tierra a los campesinos y como no se cumplió con un proceso verdadero de industrialización, ni de modernización de la agricultura, ni una reforma educativa verdaderamente valiosa, pues todos esos males estancados y la sociedad en pausa siempre esperando la reforma que nunca llega, nos han llevado a una crisis terrible y los últimos 50 años han sido de guerras cíclicas, de violencias y de un país como una olla a presión acumulando respuestas con una élite irresponsable que pretende que ya todo está resuelto, que simplemente hay que seguir votando por la misma gente para que haga las mismas cosas y que la sociedad no puede esperar que sean unos redentores, unos benefactores los que vengan y le hagan el favor de hacer un país civilizado.

Encuentre aquí la segunda parte de esta entrevista.