Segunda parte de la entrevista a Eduardo Jaramillo Escobar, poeta nadaista mejor conocido como X-504. Aborda en esta parte su cercanía con la obra de Porfirio Barba Jacob y sobre la influencia que este y otros autores ejercieron en su temprana formación.

 

Vida entre libros. Foto cortesía

Por: Juan David Hernández N.

Su relación con Porfirio Barba Jacob

¿Cuál fue su primer acercamiento con la poesía y cuales fueron aquellas primeras lecturas que lo influenciaron y mediante las cuales usted se sintió inspirado para escribir?

J.J: Esas primeras lecturas depende siempre de la época de cada quien, no va a ser lo mismo para ustedes ahora, que lo que fue para mí hace años, eso va cambiando porque todo va cambiando.

Yo tuve buenos profesores de literatura y también unos malos, como siempre hay en todo, por ejemplo. Tuve un profesor de literatura muy bueno que aún lo recuerdo con mucho afecto, y él nos daba a leer textos de los poetas que en ese momento eran los famosos e importantes de la época como Barba Jacob, por ejemplo, quien conserva su puesto, todavía sigue siendo Barba Jacob.

En ese tiempo todavía no estaban Álvaro Mutis ni León de Greiff ni esa gente, sino que eran los de la época; y entonces había un profesor que nos daba a leer por ejemplo a Barba Jacob, y después ese profesor salió del colegio, se vino para Medellín y lo reemplazó un sacerdote y nos dijo que no se podía leer a Barba Jacob, que era muy malo y que quedaba prohibido. Entonces yo empecé con las prohibiciones.

Cuando estuve estudiando en la Normal de Varones acá en Medellín había una buena biblioteca y los estudiantes teníamos la posibilidad de escoger el libro que cada uno quisiera, sobre eso no había ninguna guía ni nada, aparentemente nos dejaban escoger los libros, pero siempre que yo estaba leyendo un libro aparecía el Vicerrector y me lo quitaba diciéndome que ese libro no era para niños; pero si no era para niños, ¿por qué estaba allá? ¿Sería para los profesores?

Tampoco eran para los profesores porque eran dos cosas diferentes. El profesor y el niño que está estudiando son dos mundos diferentes; entonces me quitaban los libros y no me los dejaban leer porque no eran para niños a pesar de que los estaba entendiendo perfectamente y estaba contento leyéndolos y venía el profesor y me los quitaba, entonces yo me formaba mala idea del profesor, y el profesor se formaba una mala idea de mí porque estaba leyendo a los prohibidos.

A partir de esto me di cuenta que es una tontería decirle a los niños lo que hay que leer ¡Que lean lo que se encuentren! Es que los niños no son bobos, el bobo es el profesor que cree que el niño es bobo; sin embargo, eso se explica muy bien porque son dos etapas de la vida que coinciden pero en distinto nivel. Entonces yo leía de todo lo que se suponía que no se debía leer, lo cual fue muy bueno porque mientras más le prohíban a uno algo, más lo va a hacer, pareciese que se lo prohíben a uno deliberadamente para que uno lo lea.

El primer libro grande y completo que leí fue la Biblia, porque eso era lo que había disponible en el momento y que todo el mundo leía, además porque es un buen libro que se considera perdurable, pero antes de eso había leído muchos poetas de la época, uno de los más importantes y más cercanos a nosotros, Barba Jacob, y los demás, los españoles que siempre estaban presentes en los textos del colegio.

¿Por qué me interesó la poesía inicialmente? No lo sé exactamente, pero creo que fue debido a que mi mamá tenía relación con la poesía, con la música y las canciones son textos poéticos; mi mamá era muy artista, ella pintaba, cantaba, tocaba guitarra, todo eso; en cambio, por el lado de mi papá era la parte práctica y comercial.

En ese tiempo parece que las mamás tenían más influencia en los niños que en la época posterior, esto por muchas razones prácticas. En cambio, hoy los niños tienen desde muy temprano guarderías y lugares donde los tienen que llevar para librarse de ellos o para que les enseñen algo, pero bueno eso ya es otro mundo.

Contrario a las costumbres, la desnudez total o parcial no sonrojan al poeta. Otra manera de mostrar lo que es, sin adornos. Foto cortesía

Empecé a escribir estando en la escuela, cosas bobas que ya no existen, y luego en el colegio yo tenía un periódico mural en el que escribía, y de ese colegio me echaron por criticar cosas, entonces siempre tuve desde niño esa idea de escribir, pero tal vez haya sido por los periódicos que llegaban o porque no me gustaba otra cosa sino eso, y también de malas que es uno y sale así. ¡Dizque poeta! Y no sabe por qué, eso es lo mismo que salir bobo o así, cada uno nace con sus defectos.

El que quiere escribir tiene que leer mucho para darse cuenta qué es la literatura y poder intervenir en ese campo o de lo contrario será un mal escritor porque le falta alimentarse bien y tener puntos de comparación. Porque cuando tu escribes una página tienes que compararla con todo lo que conoces escrito y con toda la literatura que existe, aunque uno no la conozca la puede intuir, y tienes que compararla con eso y ya tú verás si te parece que la puedes poner ahí o no, ya eso es tu responsabilidad.

Escribes una página y la puedes poner al lado de Cervantes, si no la puedes poner así pues tienes que volver a pensarla, eso se llama autocrítica, si no se tiene eso entonces no se hace nada.

Todo artista necesita tener una autocrítica muy rigurosa para poder romper páginas sin darle pesar, porque tu empiezas a escribir una página, te parece muy buena y la guardas, dentro de cinco años la ves y dices “Yo sí que era bobo en ese tiempo”, entonces todo es una autocrítica permanente, pero para adquirirla hay que conocer, puesto que tienes que comparar: ¿con qué me voy a comparar, con Cervantes o con Shakespeare o con quién?

O no te comparas con nadie y te quedas en la bobería, entonces todas las artes son muy complicadas y complejas, requieren mucho estudio, práctica y un criterio con lo cual concluimos que escribir es muy complicado, no es tan fácil.

Pero es lógico que los primeros libros que se publican puedan resultar, con el tiempo, vergonzosos para el autor, claro que ese no fue mi caso, el primer libro que publiqué fue Los poemas de la ofensa, del que todavía se hacen muchas ediciones.

Hice ese libro sin conocer nada, lo hice estando en el bachillerato, antes de los 20 años, fue el resultado de cosas que salían casi que inconscientemente, solamente escribiendo cosas que se me ocurrían porque no conocía mucho de literatura debido a que vivía en un pueblo, y el acceso, en aquella época, a una biblioteca, era muy limitado.

Si tú vives en Medellín tienes unas bibliotecas magníficas para consultar y tienes muchas librerías y lo tienes todo, pero en pueblo hace 60 años en el colegio había una pequeña biblioteca con llave la cual la tenía un estudiante que no la prestaba a nadie, con lo cual no había mucho dónde leer, y cuando estuve en Medellín sí había una buena biblioteca pero también unos profesores que prohibían libros porque no eran para niños.

¿Dónde aprendí? En el colegio. ¿Quién le enseño? ¡Nadie! Yo mismo me enseñé porque lo hice en contra de las negativas del No lo haga, lo cual fue muy bueno para adquirir mi propia experiencia y coincidió con la época.

 

¿Cuál fue el primer poema que se sentó a leer con detenimiento, a estudiarlo, a sentirlo, a hacerlo más propio, a aprendérselo de memoria?

J.J: No fue un poema sino un autor. Barba Jacob. El primero poeta que me impactó por su creación literaria fue Barba Jacob, el cual aún sigo considerando como un gran poeta.

A propósito, hace pocos días me di cuenta de algo que por alguna razón no estaba enterado pero que descubrí en un libro que estaba leyendo; como bien se sabe “Porfirio Barba Jacob” es un seudónimo, pero ¿por qué Barba Jacob?

Resulta que Porfirio, luego de irse de su pueblo natal, Santa Rosa, se fue un tiempo para Barranquilla. Una vez, Porfirio tenía una cita con una joven prostituta con la cual quedó de encontrarse, pero cuando él llegó a la cita resulta que a la joven la habían matado antes de que él llegara, y esa niña tenía los apellidos “Barba Jacob” y después Porfirio resultó firmándose con esos apellidos o porque le gustaron o porque quiso hacer una especie de homenaje a esa muchacha.

Jaime en un homenaje realizado en Medellín en 2013. Foto cortesía

Pero yo nunca había leído, hasta estos días, de dónde había salido el seudónimo de Barba Jacob, y era que esa joven tenía esos apellidos Barba y Jacob, porque en la costa hay apellidos muy raros provenientes de Centro América u otros países, puesto que la costa es un puerto que en una época fue muy visitado por mucha gente de otra parte del mundo; eso me parece muy interesante y hasta ahora lo vengo a saber.

Luego de ésta pregunta, Jaime Jaramillo mira su reloj de mano y pregunta la hora, a lo cual nosotros contestamos que no sabemos, que el tiempo no lo tuvimos en cuenta ante tan placentera conversación y reflexión. Jaime nos indica que ya son las 12 del mediodía y que es hora de almorzar. Cuando yo pensaba que el poeta nos estaba despidiendo, en medio de mi torpeza y gracias a mi compañero me di cuenta de que se trataba de una invitación a almorzar y a pasar un rato más con el poeta y el joven que lo acompaña mientras nos preparamos para salir hacia Manizales.