Ahora bien, ¿por qué ocuparse del lenguaje? Porque “el lenguaje es el bien más precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre”, nos recuerda Hölderlin. Sin embargo, en la actualidad, ¿Qué tipo de ocupación se le está dando?, ¿Qué apropiación está teniendo entre el profesorado?

 profesoresPor: Ángela Fernández M.    

Desde pequeños estamos involucrados constantemente con el sistema de signos y símbolos del lenguaje, en la medida que nos vamos desarrollando iremos teniendo un acceso más amplio al lenguaje, es decir, en el momento en que comenzamos a hablar.

En ese punto cumbre es que ya podemos entablar vínculos con otros elementos relevantes que están ligados con el habla, en efecto, la lectura y la escritura. Por lo tanto, cuando somos partícipes del habla y nos acercamos a la edad promedio para ir a la escuela, se inicia aquel maravilloso proceso de aprender a leer y a escribir. Ha de considerarse entonces que son actividades significativas y decisivas para la evolución humana. ¿Pero qué es leer y qué es escribir?

En este caso leer, según la RAE, es pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Algo en apariencia sencillo y sin mucha importancia, pero que sin duda al ponerlo en análisis se pueden examinar  puntos decisivos, por ejemplo, “todos nos leemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea para poder vislumbrar qué somos y dónde estamos. Leemos para entender, o para empezar a entender. No tenemos otro remedio que leer. Leer, casi tanto como respirar, es nuestra función esencial”, afirma Alberto Manguel. Por consiguiente, es preciso asumir que la lectura cobra un papel fundamental para la vida.

Por otro lado y basados nuevamente en la RAE, escribir es representar las palabras o las ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie. Y a lo anterior se le puede añadir que su objetivo principal es llevar de manera acertada el mensaje al otro. De ahí que es indispensable fortalecer aquella competencia de escritura y más en este mundo moderno donde las TIC y la tecnología hacen su gran aparición. Casi todo el tiempo estamos sumergidos en las redes sociales y en el chat;  expuestos al uso de dicha competencia. En consecuencia, la escritura no sólo se vincula a lo más formal y académico, sino también a lo cotidiano.

De tal manera que al estar involucrados asiduamente con el ámbito de lectura y escritura no hay más remedio que enriquecer nuestras competencias comunicativas, pero, en definitiva ¿Quién o quiénes son los fieles responsables de enseñar a leer y a escribir? Sin mayor dubitación, son los docentes los encargados de esta majestuosa tarea. Desde siglos y si nos remontamos a Grecia, el rol del maestro ha estado allí para complementar el desarrollo moral de los niños. Se ha observado una necesidad de extra orientación, en otras palabras, alguien que se ocupe de “enseñar un saber científico, no meramente empírico y tradicional, como las matemáticas superiores, la astronomía o la gramática”, sugiere Fernando Savater. La última como conocimiento primordial para entender las reglas y principios que gobiernan el uso de las lenguas, por esa razón hay personas, en este caso docentes que se especializan en el tema, y ya el caso de la especialización cobra significación.

Necesidad del lenguaje

profesor2Ahora bien, ¿por qué ocuparse del lenguaje? Porque “el lenguaje es el bien más precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre”, nos recuerda Hölderlin. Sin embargo, en la actualidad, ¿qué tipo de ocupación se le está dando?, ¿qué apropiación está teniendo entre el profesorado? A saber, es el dominio de la lengua quien nos abre la puerta para la eficaz lectura y escritura, a pesar de ello, aún hay docentes que no se preocupan por esto. Cabe resaltar que a todos de alguna u otra manera les compete profundizar en el estudio del lenguaje, ya que es el dominio del mismo lo que les permitirá manejar su área de especialidad de forma más acertada.

Aunque, ¿cuál es la inducción para adentrarnos en el dominio? Sin más ni menos, la lectura puede ser el hito para familiarizarnos más con el lenguaje, no obstante hay profesores que no leen. Así lo afirma Carlos Sánchez en su texto La escuela, el maestro y la lectura para un cambio revolucionario:

Nadie puede enseñar lo que no sabe. Un gran número de maestros de educación primaria reconocen que no les gusta leer, que no han leído más novelas que las que vieron en clase de literatura en bachillerato, que los libros que han leído en su carrera fueron casi exclusivamente los requeridos para aprobar sus exámenes, y muchos de ellos declaran, como queriendo rescatar un cierto mérito a pesar de todo, que leen regularmente la prensa. Por su parte, los maestros que se consideran lectores, lo son de best-sellers o de libros de los llamados de “autocrecimiento”. En todo caso, los lectores de textos literarios constituyen una muy pequeña minoría. Son muy pocos los maestros que escriben sin faltas de ortografía y menos aún quienes son capaces de redactar correctamente un texto expositivo. El problema más grave que confronta la enseñanza de la lectura en la escuela es que los maestros, en su mayoría, no son usuarios competentes de la lengua escrita, no son buenos lectores.

Profesores que no leen

Así que, si no son ellos los que se forman, mucho menos los niños. Si la cabecera orientadora no es orientada, por consiguiente los resultados en las aulas serán nefastos. Y vemos esos resultados una y otra vez en la prueba PISA, donde Colombia ocupa los últimos puestos. Lo anterior, no es más que una señal de alarma para buscar una solución. En este caso, no es un dato para resaltar las carencias del sistema educativo y empezar a replicar un sinfín de lamentaciones y críticas, sino el motor para encontrar una solución.

ZZZZZZZPara iniciar,  es propicio traer a colación la capacitación que se le está brindando al docente, no basta el conocimiento de las letras (es decir, la alfabetización) para leer bien. No es suficiente, del mismo modo que conocer las notas no nos convierte en músicos, ni saber cómo se mueven las piezas nos hace jugadores de ajedrez. De ahí las preguntas, ¿cómo se forma un buen lector?, ¿de qué manera se está atendiendo el problema en el profesorado?

Según expertos de la Universidad de Harvard, “el último informe se basa  fundamentalmente en reivindicar que el mejor modelo para preparar a los futuros profesionales que han de afrontar el rol de enseñar a leer, ha de estar basado en transmitir los resultados que aporta la investigación científica en el campo de la lectura. Por tanto, el principal objetivo ha de centrarse en facilitar contenidos al profesorado, esto es, dotar al profesorado de conocimientos que proporciona la ciencia de la lectura. Los principales contenidos serían respecto al lenguaje oral y escrito, desarrollo del lenguaje y de la comprensión, etapas en el reconocimiento de palabras, y evaluación”, expone Juan E. Jiménez.

Sin embargo este modelo parece tedioso y fatídico, cuando lo que necesitamos es motivación para ya luego vincularnos a temas más técnicos como aquellos contenidos mencionados. Por esa razón es mejor optar por una lectura significativa, dicho de otro modo […] una lectura que no sea impuesta, cuyo efecto es dar respuesta a interrogantes, inquietudes o intereses individuales, textos que verdaderamente satisfagan sus expectativas. Esta forma de leer, significativa, no impuesta, es la única que permite el desarrollo de la competencia lectora […], según Sánchez. Quien complementa afirmando que

Así que mientras el maestro pueda darle sentido a la lectura, en la medida en que la lectura resulte para él una actividad significativa, y aprecie cognitiva y afectivamente los distintos tipos de textos, sentir que de la lectura surgen respuestas a interrogantes vitales, muchas de las cuales tal vez ni siquiera hayan sido formuladas explícitamente, todo esto conducirá al maestro a querer compartir la experiencia. Un aspecto esencial de la vocación docente es el deseo de compartir saberes, de enriquecer mutuamente las experiencias vividas o sentidas. Este “descubrimiento” es lo que hace al lector, es la llave que abre el acceso al mundo de los libros, al mundo de la cultura escrita, y es lo que le permitirá al maestro, como lector, conducir de la mano a sus alumnos, incorporándose con ellos a una dimensión cultural a la que todos tienen derecho.

    En suma, después de una formación rigurosa, el docente ya puede implementar estrategias y materiales que permitan a los estudiantes un acercamiento más fructífero a la lectura, o de otra manera, hacerse cargo de promover la mejoría en la comprensión de lectura, valiéndose de teorías que le suministren un sustento crítico de aplicación, por ejemplo las seis lecturas propuestas por Miguel de Zubiría. En fin, el maestro puede apoyarse en diversas herramientas y enfoques para cultivar el hábito de lectura y llevarlo a la calidad deseada, lo cual le permitirá más adelante proponer ejercicios de escritura que ilustren un buen recorrido de lecturas.

Para concluir, es preciso recordar que el lenguaje es una condición propiamente humana, gracias a él encontramos una mediación con el mundo y los demás. La comunicación es un ejercicio que se produce desde el nacimiento hasta la muerte y merece nuestra atención, a través de la adquisición de competencias comunicativas como la lectura y la escritura. A partir de éstas enriquecemos nuestro pensamiento, logramos autonomía y criterio frente a las cosas que suceden en el entorno. Así pues que la escuela y los docentes son los principales entes en atender aquellas prácticas contundentes para los estudiantes y sobre la institución recae gran parte de la responsabilidad en darle la significación sublime a las mencionadas competencias.