Desde entonces estoy a la espera, como carne de sapos, bebo de la lluvia, veo pasar pájaros y pájaros, unos negros y grandes que lanzan cajitas de regalos, uno de esos regalos vino a parar a la aldea, todos fuimos a ver que traía…

Texto: Alex Noreña

Ilustración: Daniel Román 

img

Hay hambre, la ha producido la espera.

Arrojo piedras al estanque ensayando  lo frágil que es la piel de los sapos.

Hace mucho que se escucha decir de una guerra. Yo la dibujo, ¡eso que vi era la guerra! Lo vine a saber cuando hasta acá llegó la fuerza descomunal de una bala, atravesó a Jorgito, su sangre parecía el cielo rojo de las tardes, esparciéndose por todo el lugar. Jorgito no dijo nada, nunca dijo nada, tenía sólo 2 años.

Desde entonces estoy a la espera, como carne de sapos, bebo de la lluvia, veo pasar pájaros y pájaros, unos negros y grandes que lanzan cajitas de regalos, uno de esos regalos vino a parar a la aldea, todos fuimos a ver que traía, Doña Ana no aguantó tanta hambre, con un cuchillo en su mano fue a abrir la cajita, no había nada allí, sólo eran armas, eso escuche decir, ¡armas!

La gente grande entonces se armó, tiraban de los fusiles y revólveres, sonaban  como el tambor de mamá Luca; los armados se fueron de la aldea, bajaron a la planicie buscando el lugar de donde siguieron viniendo balas, no han vuelto, las mujeres quedaron solas.

Yo solo espero a crecer para ir a buscar a los grandes, hacen falta…