A UNA SÍLABA DE FUEGO

Camina y prende el fogón es una composición del cubano Benigno Echemendía, según sus cuentas la canción ha llegado a ser grabada más de 52 veces.

 

Escribe / Daniela Ceballos – Ilustra / Stella Maris

Las sílabas son las divisiones fonológicas en las que se fragmenta una palabra. Golpes de voz. En la primaria me las enseñaron con aplausos: ca (aplauso) – sa (aplauso); las olvidé. Pronto las retomé en el bachillerato y luego las relegué otra vez en ese rincón de la mente al que van las cosas sin importancia. Allí se habrían quedado si no fuera porque una de ellas le cambió el sentido a una de las canciones que más disfrutaba: Camina y prende el fogón.

Camina y prende el fogón es una composición del cubano Benigno Echemendía, según sus cuentas la canción ha llegado a ser grabada más de 52 veces. La primera versión pertenece a Félix Chapottín con arreglos de Lilí Martínez y voz de Miguelito Cuní. En interpretaciones posteriores están, por ejemplo, la de la Sonora Ponceña, Grupo Raison, Fruko, La Salsa Mayor y Orquesta Failde, por nombrar algunas.

Me atrevo a decir que de esas versiones posteriores la más conocida y destacada es la de la Sonora Ponceña. Fue esa en la que conocí la creación de Echemendía y me deslumbré con una historia inexistente.

Hube de escucharle a Tito Gómez, quien la vocalizó, los versos de esta manera:

Cuando yo llego a mi casa

Ella me mima y me abraza

Oye, papito, me dice

¿Qué quieres comerte papa hoy?

Para empezártelo a hacer

“¿Qué quieres comerte papa hoy?”, co-mer-te, con esa palabra me bastó para asumir que “papa” era vocativo[1] y encoñarme con la idea de que la canción era una alegoría sexual. Durante mucho tiempo la pieza musical sonó y yo la escuché pervertida y caprichosa como la historia de un matrimonio que se consumaba todos los días antes de la comida.

La letra inicia con una aseveración prometedora: “ahora sí tengo yo un querer que me conviene mucho”, pensé en esa conveniencia como la disposición de una negra lujuriosa para prender el fogón, pero no el de la cocina. Veía al negro llegando a casa, siendo recibido con mimos y con malicia: “papito, ¿qué quieres comerte, papa, hoy?  Para empezártelo a hacer”, veía a la negra zalamera, mojigata, caliente y carnal pidiendo amor con un doble sentido audaz y a él respondiendo a esa súplica solapada con la misma naturaleza: “camina y prende el fogón”, “si tú no tienes con qué yo traigo un mechón”, “si tú no lo prende ahora lo prendo yo”.  Los veía a ambos cocinando un juego sensual que alcanzaba su punto cuando el dueño de las blancas y las negras, Mr. Papo Lucca, hacía sonar su piano.

Aunque valoraba el aporte melódico, mi interés por Camina y prende el fogón siempre radicó en la genialidad de su letra, exaltaba la relación música – cocina – erotismo, me parecía fascinante. Eso me llevó a indagar por su compositor. Así llegué a Echemendía, a la ya mencionada versión original y también al desencanto. Hube escucharle a Miguelito Cuní los versos con una pequeña diferencia en una sílaba:

Cuando yo llego a mi casa

Ella me mima y me abraza

Oye, papito, me dice

¿Qué quieres comer de papa hoy?

Para empezártelo a hacer

“¿Qué quieres comer de papa hoy?”, “comer de”, lo que antes había oído como una sola palabra realmente son dos, eso significa que “papa” no es un vocativo, sino un sustantivo común y que la negra más que lujuriosa es obediente. Toda mi interpretación y mis imágenes mentales del matrimonio de prietos que juegan a tener hambre para entregarse a sus deseos amatorios se desmoronaron como un cristal que recibe un martillazo.

Volví a la versión de La Sonora Ponceña con el anhelo de que los arreglos hechos a ella hubieran cambiado esa frase a fin de justificar mi confusión y sostener mi fantasía, pero no, ese verso se adhiere al de la original. Caer en cuenta de la letra verdadera fue como apagar la llama que mantenía en punto de ebullición mi fascinación y encanto. Quizá por la proyección que a veces hacemos en las canciones prefiero a la negra coqueta y maliciosa que se insinúa, que a la que está esperando al marido para saber qué papa ir a buscar a la cocina.

Tras mi decepción, considero que lo mejor que le puede pasar a Camina y prende el fogón es ser malinterpretada. Intentaré seguir pensando en el matrimonio ardiente y voluptuoso cada vez que la escuche, aunque lo que diga sea casi todo lo contrario.

IG: @dani.c.g_

[1] El que expresa la invocación o llamada a una persona o cosa, en este caso a una persona.