SALSA PARA LA PROTESTA

La salsa también protesta. Un recorrido por títulos de este género musical que invitan a la reflexión sobre la sociedad y las injusticias.

 

Escribe / Jorman S. Lugo – Ilustra / Stella Maris

En el barrio latino se construyó una revolución que aún suena. El desarraigo, la desigualdad y el carisma se condensaron en canciones de pocos minutos para reflejar el alma latina. Trombones, congas y maracas. Los ingredientes listos para que toda una cultura cantara la historia de sus vidas al compás de la clave.

La revolución salsera empezó mirando el pasado. No era posible proponer una historia distinta sin narrar las vidas de quienes fueron subidos a barcos y esclavizados. Ismael Miranda levantó su voz haciendo que las palabras de Tite Curet tuvieran vida, acercándolas al corazón de quien las escucha, para que quizá, conociendo los sufrimientos de los antepasados, la espiral del dolor no se repita; para que la “Galera tres” no se transforme en una calle donde “no existe el derecho”, para que nadie entre a corregir con puños, palos y empujones.

Ismael Rivera, acompañado de unas trompetas alegres y de una tonada serena, relata la estrategia que ha perpetuado el dolor en las sociedades latinas. El verdugo del mayoral, muchas veces elegido por el patrón, es el encargado de castigar a sus semejantes. En uno de sus pregones “Maelo” subraya que Carimbó ya no se debe preocupar, porque la marca infame que le infligieron ya no se aplica más.

Pero mientras la salsa explotaba en cada esquina a golpe de tumbadora, la sociedad actual aprovechaba los avances sociales, políticos y científicos, para modernizar los sistemas de control y vigilancia.

Ahí fue donde hacer salsa fue más que hacer música. Las orquestas enfilaron sus trombones para que la desigualdad tuviera una vibración rasgada, y los montunos los construyeron con el fuego que da revelarse ante lo injusto. William Cano, aprovecha su sensibilidad para hacer de la salsa un asunto social, para hacer una crónica del barrio, para mostrar lo que pocos se atreven a mirar. Enfoca su lupa en el barrio y a él dirige su pregón, “hay que cambiar nuestra forma de pensar”. Ante tanta desigualdad, injusticia y pobreza, Cano y su Son de Cuba proponen una revolución desde el pensamiento.

El canto de Celia Cruz lo entona sin su alegría característica, lo hace en forma de oración, de súplica, pidiendo por aquellos a quienes el esfuerzo, el trabajo y la lucha no les garantiza el pan en la mesa al anochecer. Su voz la levanta por los que sufren el triste infortunio de nacer sin los privilegios de otros, por los que gastarán su vida engañando con tretas al hambre, al destino y a la muerte.

A golpe de guaguancó La Excelencia pregona sobre la desigualdad económica que viven los pueblos modernos. “Los ricos se hacen más ricos y el pobre más pobre”, repite el coro, mientras que el vocalista, en una suerte de lista, comenta las circunstancias que viven las clases populares. Todo lo hace con la precisión de la clave, hasta que en medio de un cambio de ritmo suelta: “Y yo asfixiado pagando impuestos y los banqueros no pagan nada”.

Sociedad 76 cambia el tono. No se puede seguir ante tanta injusticia, no se le puede crear a los políticos y, sobre todo, los pobres no pueden cargar más con sus vidas desgraciadas. Yayo El Indio y Adalberto Santiago, con la potencia de sus voces replican el mensaje. “Abajo los de arriba, arriba los de abajo” . ¿Qué se puede hacer cuando el dinero no alcanza para la comida? ¿Qué se puede hacer cuando hay algunos que gozan y se hastían mientras otros viven de la miseria? El sonido arrastrado que propone Johnny Zamot y lo repetitivo del coro, no solo afianza el mensaje, también propone el inicio de la acción.

Ernie Agosto cambia los trombones por trompetas para amplificar la voz de una juventud que tiene fuego en la sangre. Con el estilo que caracteriza a la orquesta, los metales golpeando fuerte, el piano punzando en los oídos un montuno, y el tono rasgado de Miguel Quintana, relata la historia de jóvenes que no tienen miedo de mirar adelante, que se levantan ante lo injusto y que dejan sentir su voz incluso debajo de la tierra. Además, pone como centro de la revolución al barrio. “Mira, ya se formó en el barrio lindas ideas. La juventud de este pueblo no está durmiendo”

El conjunto La Revuelta plantea todo un trabajo para alimentar la protesta y la revolución. En “La gente”, avanzan a tempo de guaguancó para ambientar la historia de un pueblo que se levanta contra quien lo oprime. La introducción es simple: “tú que te creías que la gente no decía nada”. Luego entran a ritmo de cueros, vibráfono y bajo, para repetir el coro. La Revuelta plantea la revolución como protesta y cambio: es el punto de tensión donde se seduce con un futuro distinto, donde los establecimientos tiemblan, donde un solo de conga explota como una bomba molotov en medio de las arengas.

Ante los reproches del pueblo los Estados más débiles responden con la fuerza bruta para mantener el orden. Poco importa si ese orden cambia algo, si les brinda soluciones a quienes protestan. Lo único que buscan es, por medio de sus fuerzas armadas, acallar los gritos, borrar los murales, apagar el fuego que arde en las vidas con tanquetas repletas de agua, con armaduras, gases y balas. Su único propósito es reprimir, violar derechos, para que no se expanda la certeza de su debilidad.

“No puedo respirar” envía un mensaje directo a las fuerzas policiales: “Policía no dispare”. Edwin Pérez, el vocalista, interpreta la canción como si todo lo que narrara fuera la historia de su vida, como si sintiera la desesperanza de ser atacado por quienes juraron protegerlo, como si tuviera una rodilla presionándolo en la nuca. La orquesta SCC (Salsa Con Conciencia) recuerda que, a pesar de los avances, del cambio de época, hay grupos de personas que no pueden respirar, que siguen siendo señalados por su origen, por su piel; a los que nadie cuida.

Los Hacheros hacen que la desgracia tenga nombre. En “Justicia” relatan la historia de una víctima de brutalidad policial. El violín y la flauta le dan profundidad al relato: tejen un dialogo constante, creando una atmósfera que hace sentir la historia como propia. “Papote” Jiménez es el encargado de, en los pregones, alzar un llamado de dignidad “Sin justicia no hay paz”. En cada intervención hay un reproche, una pregunta sin respuesta “¿Pero los malos qué pasa con esos?”; utiliza su rol de vocalista para confesar sus convicciones “Yo lo que creo es en mi gente”. Entiende que en la unión está la clave para superar los momentos adversos, que si la comunidad se une en un clamor por la justicia de sus propios muertos las respuestas llegarán, que si todos están juntos la policía no podrá seguir abusando.

Pete El Conde hace dúo con “Papote” en el llamado a la unión. Con su elegante estilo característico, traza cada frase con la intención de generar en su público oyente la necesidad de unirse. Su llamado lo hace no solo para generar más fuerza si no para protegerse. Si las manos se entrelazan, si los barrios, las ciudades encuentran los puntos en común, si después de escucharse tienden los puentes para acercarse, encontrarán el sendero que los aleje de la infelicidad.

Los trombones del Conjunto Libre son un portal en el tiempo. Suenan aguerridos y elegantes a la vez. Transportan al oyente a Quisqueya, a La Habana, a Puerto Resistencia. En su tonada hay un discurso que viaje en notas musicales. Trata de decir que la imagen latina sigue llena de dolor, que los tiempos cambiaron, pero la sangre sigue derramada en las calles. Manny Oquendo trata que el lamento del trombón no produzca desesperanza y hace pasar al bajo de Andy González, para que su mensaje coloree con otro tono la realidad latina. Andy se desliza por el pentagrama con dedos afilados, no elude el dolor, toca la herida y la abraza, la hace visible. Después la orquesta lo acompaña, el piano conversa con la tumbadora, con el timbal. Todos se unen para crear un cuadro completo, para seguir levantando la voz en nombre de la unión, para seguir luchando por la dignidad latina.

Si al final el pueblo unido vence, las propuestas que hace Fruko en la voz del Joe, serían las primeras en ser elegidas. No habría fuerzas armadas, los impuestos bajarían y el dinero sería usado para el bien de la comunidad: se invertiría en educación, salud y cultura. Arroyo asume su rol como líder de campaña, y en los pregones, con un tono impostado y jocoso, postula al ministro de la trompeta.

Los tiburones que han acechado por el Caribe y el Pacífico no han podido devorar la etnia latina. Las semillas que cultivó la revolución salsera aún siguen cosechando frutos. Algunas de esas semillas no solo saben a dulce, también se siguen cosechando para que la sangre ardiente no se extinga nunca.

Twitter: @JormanLugo