Gramáticos pedantes que hicieron de la literatura una violencia intrínseca para los escritores que emergían desde su regionalismo. Técnicos del lenguaje, no podían abordar una temática tan interesante como la de Albalucía Ángel, sin consultar sus manuales canónicos de literatura y sin obviar las predicciones climáticas del almanaque de Bristol.

Albalucía Ángel. Tomada de Poligramas.

Albalucía Ángel. Tomada de Poligramas.

Por: Diego Firmiano

“Colombia tiene una literatura hecha por mujeres
que honra la vida cultural latinoamericana”
                                           Germán López Velásquez

El boom patriarcal

Si algo hizo el famoso “boom” latinoamericano, fue opacar en alguna manera las figuras femeninas de la literatura que también tienen su historia entre la historia de la literatura. Así, entonces, bajo Cortázar y Sábato se ocultó a Estela Canto, Alfonsina Storni; de Mario Vargas Llosa, Patricia de Souza, Marilucha; de Onetti, Juana de Ibarbourou o Delmira Augustini y de Gabriel García Márquez, Albalucía Ángel, Marvel Moreno, María Elvira Bonilla, Laura Restrepo, solo por mencionar algunas escritoras y poetas maravillosas que pasaron a ser la sombra de esos colosos escritores, unos premiados, otros inmortalizados por los latinoamericanos.

El “Boom” fue una visión masculina de la realidad latinoamericana,  por eso a fin de poder hablar con claridad, de comunicarse y establecer vínculos con otros –para ser social– la mujer tenía que hablar y escribir como un hombre. En consecuencia las mujeres se veían privadas del acceso por sí mismas a la sociedad y a la cultura en la medida en que esos grandes escritores de la narrativa del “boom” se erigían como jueces del canon narrativo.

El feminismo incursionó también en ese contexto literario. Esta tendencia que no solo llegó a América como protesta civil sino también como literatura, no buscaba denunciar y combatir las desigualdades sociales que soportaban las mujeres, sino que examinaba y criticaba también las estructuras ideológicas hondamente arraigadas en la sociedad, transformándolas por la narrativa femenina. Una tendencia literaria, específicamente ambientada en la situación política de cada país.

Es cierto que el itinerario de estas escritoras se insertaba en las trayectorias de los grandes nombres de la literatura  de América Latina, pero su propia expresión les asignó nuevos escenarios donde pudieron expresar la conciencia de ser ellas mismas, haciendo presencia literaria. Como dice Luisa Ballesteros Rosas, en su libro “La escritora en la sociedad latinoamericana”, esta tarea (la de ser mujer en un contexto  de violencia y tensión machista) las asocia aún más estrechamente al inmenso proyecto de la literatura latinoamericana que parece tener como objetivo reconciliar a la América Latina con su memoria y expresar las complejas tensiones de su interioridad colectiva. Consiguiendo construir un territorio propio para el desarrollo de sus literaturas.

Mujeres literariamente comprometidas, audaces, que la histórica opacó, pero no relegó, por cuanto su historia está intacta como precursoras de la literatura femenina en Latinoamérica.

Tomada de Arcadia.

Tomada de Arcadia.

Albalucía Ángel

Una de esas escritoras, la pereirana Albalucía ángel, fue sin duda una mezcla de Simone de Beauvoir (filósofa feminista), Violeta Parra (música y arte) y Clarice Lispector (escritura); una figura literaria genial dentro de la narrativa realista colombiana, específicamente la literatura femenina, no “feminista” como se ha estigmatizado su obra. Porque el trabajo de esta pereirana no se centra tanto en la condición de las mujeres, y en su reivindicación, sino que se orientaba por vías precisas que consagraron su participación plena en todas las formas literarias de expresión: la poesía, la narrativa, la música, la actuación, para incursionar en lo social.

Albalucía Ángel intenta desarrollar con su escritura, específicamente realista (violencia) y femenina (erótica), una escritura que subvierta la hegemonía de una imaginación masculina que condenaba a las mujeres a guardar silencio como mujeres. Con su espíritu cosmopolita se fue abriendo al nuevo territorio en el que sólo contaba por principio el absoluto compromiso estético respecto a la obra creadora: así, del cuento, pasó a explorar la esencia y la realidad de la sociedad colombiana, por medio de la novela.

Su tercera novela más leída (las anteriores fueron Los Girasoles en invierno y Dos veces Alicia), Estaba la pájara pinta sentada en su verde limón, con cinco ediciones, que la hace la obra más importante sobre el tema de violencia en Colombia, sigue siendo desconocida por la crítica y por los lectores comunes. La complejidad estructural de su novela, poco entendida por los críticos especializados, logra un equilibrio extraordinario entre la fidelidad del hecho histórico que violentamente marcó a Colombia y la complejidad estética que tramita el diálogo entre lo social y lo individual.

Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón entiende, en lo político, dos únicos caminos para la juventud de los años sesenta y setenta: la lucha clandestina o la renuncia. La literatura de esta pereirana de pura cepa es una adentramiento a un mundo realista, mezclado con una narrativa existencial; crónicas, historias, sucesos entrelazados en lo que los críticos no dudan en llamar cronotopos. Como dice Nadia Nailet Báez Rojas, una especialista en literatura feminista,  la obra de Ángel pretende, en su fondo, una reflexión de tipo social que permite la construcción de un imaginario femenino, a partir del carácter revolucionario de la narración.

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La violenta crítica

La violencia de la crítica también deja sus víctimas en el camino y Albalucía Ángel es una condenada más por las pasiones violentas de ser humanos en un país donde incluso el arte parece estar estancado en esas absurdas modas llamadas “Movimientos literarios”, como diría Germán López Velázquez. Las llamadas generaciones que, como modas, empobrecen la crítica literaria y blindan la medianía. El problema de los críticos es pensar que la literatura es una moda. Por eso se entiende y no se justifica que los críticos de la obra de Ángel hayan victimizado a tan grande narradora, al punto de que sus novelas no alcanzaran el éxito editorial entre otras novelas de violencia de la misma época.

Con Albalucía Ángel la crítica literaria fue más mordaz, condenando su texto y a la vez su investidura de escritora. Gramáticos pedantes que hicieron de la literatura una violencia  intrínseca para los escritores que emergían desde su regionalismo. Técnicos del lenguaje, no podían abordar una temática tan interesante como la de Albalucía Ángel, sin consultar sus manuales canónicos de literatura y sin obviar las predicciones climáticas del almanaque de Bristol.

La crítica asumió como un hecho incontrovertible que el caos del enunciado, el entramado de cronotopos en la obra de Ángel, no permitía el reconocimiento de una arquitectura narrativa coherente. A lo mejor a la crítica le faltó elementos valorativos y una seriedad teórica para acercarse a tan importante obra, a la altura de otras como: Noche de pájaros, de Arturo Álape; Una y muchas guerras, de Alonso Aristizábal; Cóndores no entierran todos los días y El último gamonal, de Gustavo Álvarez Gardeazábal.

Quizás alguna especie de orgullo histórico de algunos escritores que no soportaron que una mujer, y menos pereirana, escribiera narrativa desde el Bogotazo, por ejemplo; mezclando literatura e historia, y retratando esa cruda realidad de violencia de la Colombia que desencadenó un espiral de muertes y rencores que no cesa de reinventarse. El estigma de generalizar la literatura femenina de Ángel como feminista, y el preconcepto general de ver en las obras femeninas un espíritu antipatriarcal y deconstructivo, fueron elementos claves para que la crítica diera sus juicios y valoraciones extra-textuales.

Hoy, las escritoras latinoamericanas, al fin libres del ostracismo de los siglos pasados, se destacan en todos los registros de la vida intelectual. Sus obras abordan con éxito los géneros más diversos, que ellas enriquecen con sus múltiples perspectivas. El carácter patriarcal del “Boom” de la literatura latinoamericana, no desestimó los esfuerzos y la fecundidad creadora de grandes escritoras y poetas. Una nueva era de escritura femenina se abre como un mundo de posibilidades, explorando no solo la mujer, sino todas las estructuras que atañen a su existencia y desenvolviendo. Se devela que el “Boom” fue más que una visión masculina de las cosas.

Lo confirma el hecho de que el año pasado en la ciudad de Murcia, en España, se reuniera un conglomerado de personas a celebrar el 50 aniversario del Boom de la literatura latinoamericana, y empezaran con la siguiente pregunta: ¿hay que matar el boom? Los exponentes e interlocutores eran todos masculinos (Vargas Llosa, Donoso y García Márquez). Con poco espacio para la mujer. Aquí, entre tertulia, foros, charlas, se dejó al descubierto que el “Boom” no fue esencialmente masculino como se creía,  sino que detrás de todos esos escritores embarazados de historias, se encontraba la señora Carmen Barcells, la verdadera inventora del “Boom Latinoamericano”.