¿DE QUÉ ME HABLAS ALICIA?

La novela Dos veces Alicia de Albalucía Angel Marulanda fue escrita entre 1967 y 1971, entre Londres y Roma; inicialmente fue publicada en 1972 por la editorial española Seix Barral.

 

 

 

“La vida es un sueño, lo que nos mata es despertar”

Virginia Woolf

 

Escribe / Mónica Charry Naranjo

 Narrar los imaginarios de temas como la guerra, la maternidad, la convivencia en casa, el matrimonio o el enviudar, los amantes, los pretendientes, la vida juvenil en contraste con la vida adulta, la muerte prematura o extraña e inesperada, la búsqueda de sentido o el sinsentido de la vida, tantas situaciones por nombrar debido a que son múltiples y diversas en aquello que señalamos como la realidad… o –tal vez– ¿serán visiones imaginadas, proyectadas en lo material? Porque a veces la realidad parece más ficción y lo imaginario parece de carne y hueso lleno de seres con corazón andante por las calles de las ciudades, realidad diariamente trastocada por las angustias que todos llevamos a cuestas, con o sin un regreso a lo que llamamos existencia.

Así como en la vida diaria se presentan situaciones complejas e incomprensibles en las relaciones humanas, las historias desarrolladas por la autora nos hacen encarar con la hipocresía social como bastión principal en los púlpitos de la intelectualidad o en los ambientes productivos, los cuales son sedimentados en la educación funcional de la vida familiar y social.

La novela Dos veces Alicia de Albalucía Angel Marulanda fue escrita entre 1967 y 1971,          entre Londres y Roma; inicialmente fue publicada en 1972 por la editorial española Seix Barral. Nos narra la historia de una mujer con dos matrimonios, con varios hijos e hijas, que luego de enviudar cambia su vida. Se desarrolla en un ambiente familiar que juega a las convenciones tradicionales y a la práctica de las buenas costumbres a costa de perder lo que se hereda y abrir espacio a un nuevo esposo que parece un fantasma bonachón y con una reputación deshonrosa, asunto vedado en el hogar, porque al parecer el olor repugnante de las apariencias puede enfermar a quien pregunte, aclare o diga. Y ni qué decir de las relaciones prohibidas cuando se está en una buena o mala posición social.

Llama la atención cómo la autora aborda el consumo de la marihuana, algo presente una y otra vez, marcando el ambiente social de una época londinense de revolución cultural y artística, como lo fueron aquellos años en que sonaban Los Beatles, la revolución sexual estaba en pleno auge, las minifaldas estaban de moda y tomar cerveza era una conducta común no solo para los fines de semana.

A veces la vida nos pone en ”situaciones color hormiga”, quedando la evidencia y la necesidad de encontrar una máquina del tiempo e ir más allá de las bendiciones del papa, el jefe o la reina, para poder sacar las narices de asuntos que tal vez son irrelevantes pero a la final afectan el círculo social del que escapamos a diario por no encajar con las expectativas familiares y sociales. Allí queda un deje de aprender a guardar en el sótano todo lo que nos hace humanamente vulnerables o indolentes, cuerdos o locos, bellos o feos, inteligentes o sagaces, cobardes o valientes. Antes de que suene el último campanazo de aliento de vida y el reloj que marca nuestros sueños a diario se estropee para siempre. La fina filigrana del mundo simbólico de lo humano sigue siendo un asunto insondable y a veces engorroso de abordar porque resultamos en discusiones y soliloquios “de once varas” y tal vez nos distraigamos viendo como

“las mariposas se volvieron locas” mientras nos atosigamos con el dulce olor de las tostadas fritas.

Queda la sensación, como lectora, de que el lenguaje usado por la autora es figurativo para narrar las diferentes situaciones y personajes alrededor de la maternidad y lo que significa tanto en público como en privado, situaciones construidas en su imaginación y a su vez recreadas en una realidad próxima a ella como escritora, que a medida que narra los hechos cotidianos la hilaridad cambia de rumbo y –¡suazz!– rompe con una frase coloquial o un personaje diferente al que estaba desarrollando. Intercambia historias dentro de una gran historia hilada con frentero misterio, cuasi detectivesco e irreverente, frente a lo convencional de narrativas de suspenso o policiales. Llegar a la novela de la escritora Albalucía es adentrarse en una narrativa del mundo imaginario femenino en suspenso lleno de intermitencia visual, saciado de interrogantes y confrontaciones con lo real o situaciones que están evidenciando algo diferente a lo que parece ser.

 

¡Ay! Conejo blanco: ¿qué pasó con la señora Wilson que no despierta? Creo que está cansada de fingir y está en su sueño profundo.

Mañana será otro día para tomar el té y preguntarnos:

¿por qué la señora del segundo piso nunca baja al encuentro con los viernícolas?

Bibliografía