La noche del lanzamiento fui parte de la mesa de poetas mencionados a quienes el autor nos pidió acompañarlo en un acto de egoísmo poético, como él lo definió.

 

Por Martín Rodas*

Una tarde de febrero conversando con mi amigo el poeta y gestor cultural Carlos Mario Uribe me invitó a participar en la edición de su tercera publicación de poesía. Específicamente quería que ilustrara la carátula de un libro de pequeño formato llamado El pez rojo. Por supuesto dije que sí, pues yo fui testigo de algunos pasajes que aparecen tatuados en estas páginas delirantes donde la imagen y la intimidad del poeta son ese río donde este animal poético navega a sus anchas.

Me invitó a hacer parte de un pequeño grupo de poetas muy queridos por él, que participaban en la aventura editorial. Mencionó a Edilberto Zuluaga, quien en su ánimo de apoyar nuevas apuestas editoriales, financió la edición (de la que hablaré más abajo); a Teresa González, Guillermo Calvo Mahe, Carolina Guancha, Juan Carlos Acevedo y Julio Correa.

Unos días después le entregué la ilustración que enarbolaba una silueta divagando por un paisaje acuífero sosteniendo de un cordel un pez purpúreo que flotaba en el firmamento. Al poeta le gustó mi idea porque tenía cierto aire infantil que atraviesa nerviosamente sus poemas.

La noche del lanzamiento fui parte de la mesa de poetas mencionados a quienes el autor nos pidió acompañarlo en un acto de egoísmo poético, como él lo definió.  Se trataba de leer tres poemas, dos inéditos y uno del libro en cuestión. Le pregunté por qué lo llamaba egoísmo poético y me dijo que lleva muchos años organizando de manera exitosa el lanzamiento de innumerable cantidad de libros de todos los géneros, pero que esta era su noche y quería que se leyera su poesía. Así lo hicimos, rodeados de gran cantidad de personas que llegó a presenciar este acontecimiento literario, rodeado como dice Carlos Mario «¡…de vino, amor y siempre poesía!».

De manera singular resalto la presencia de Carolina Guancha, una hermosa y misteriosa amiga del poeta, de frondosa cabellera ardiente, quien leyó el prólogo que escribiera para El pez rojo el poeta y amigo Mario Armando Valencia. Como colofón, circularon unas copas de vino rojo, como es tradición en los eventos de La nave de papel, fundación que dirige Carlos Mario, quien estuvo bastante ocupado firmando la gran cantidad de libros que vendió aquella noche.

Debo señalar que la edición es un primer volumen de la Editorial La nave de papel y su colección «Bitácoras», que será lanzada oficialmente el mes de abril con dos libros más de poesía: Sueños y tiempo de Edilberto Zuluaga y Anatomía de mí autoría.

El volumen de 38 poemas, 60 páginas, en papel de fibra de caña de azúcar y carátula de cartón, es una bella edición rústica que se ha vuelto adictiva entre quienes lo estamos leyendo, porque además es como dice el autor: «la banda sonora de un desamor».

Quiero finalizar con los últimos versos de El pez rojo, pues me parecen un buen augurio para tan especial edición:

Ve pues, navega,

sé feliz en sus aguas,

no regreses,

sé feliz.

 

maleTíN (microlibrería)

Referencia bibliográfica: Uribe, C. M. (2019). El pez rojo. Manizales: Editorial La Nave de Papel (Colección Bitácoras).

*  Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».