Desde el inicio del cortometraje “Arre caballo, la voluntad de la sangre” tenemos en la presencia física del personaje de Alirio, una visión que obliga al silencio y a la admiración; es una figura legítima de la identidad campesina paisa, es también un rostro de arriero y de Quijote y un ser en cuya mirada pueden adivinarse cientos de vivencias ancestrales.

Poster del cortometraje

Por: Fernando Espinal Loaiza

En esa historia que el realizador Luis Montealegre nos cuenta a través de Alirio, vamos acompañando un avance extraño pero poético en pos de un gigantesco ataúd. Es un viaje que no se queda en el retorno físico de la ciudad a las montañas de hombre y objeto, pues simultáneamente hay una invitación a hacer otro recorrido: uno que nos lleva por la mente, las visiones, los afectos y las nostalgias del campesino ante un vacío inevitable.

El cortometraje nos introduce iasimismp en secuencias acertadamente diseñadas para narrar soledades y añoranzas; son instantes en los cuales los paisajes gritan y los espacios cerrados susurran lo que el hombre no quiere decir. En estos apartes es donde se logran los mejores aciertos en la conjugación del relato y los aspectos técnicos empleados para expresar lo que busca el equipo de realización; son silencios bien medidos y justificados, son sonidos e imágenes que se alternan para exponer un conflicto entre hombre sosegado y naturaleza iracunda, son también espacios y objetos cotidianos de la intimidad de todo hombre del campo no presentados por azar, sino para que ayuden a contar una historia.

Sucede con esta producción lo que ocurre cuando se aprecian filmes como “Una historia sencilla” (David Lynch, 1999) o “El camino de San Diego” (Carlos Sorín, 2006), las cuales bien confirman que el cine no requiere truculencias, maldad o extravagancias para impactar al público, ya que un relato sencillo, pero humano y sincero, puede dejar huellas en la memoria del espectador.

“Arre caballo, la voluntad de la sangre”, una muy buena historia y un excelente manejo técnico y de producción; fondo y forma, una conjunción cuyo producto final bien puede conquistar grandes espacios de exhibición y que merece ser visto por muchos espectadores en diferentes ámbitos nacionales y del exterior.