C. Luis

Es difícil la subida, nunca me ha gustado esta cordillera, por acá empinan los árboles, solo bajan cuando mueren. ¡Como todo! El caso es que venimos de abajo, no entiendo. ¿Más abajo es posible?  

Por: Alex Noreña

-Camarada Luis. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que esta guerra lo acogió?

-El tiempo se ha estirado como un elástico. Son 5 años desde eso camarada.

-Uhmmm… eso es tiempo.

-Lo suficiente para ver estas montañas rojas.

-¿Desde hace cuánto no habla con su familia?

-Camarada, eso hace que me vine para la guerra, lo que me pesa es no haberme despedido, seguramente me creen muerto, lo cierto es que ya lo estaba en medio de la miseria, allá en la ciudad es duro, acá por lo menos tenemos comida; eso sí, si no hay enfrentamientos, de cualquier manera esta es mi nueva familia.

-Hombre, eso es duro. ¿Ha pensado en llamarlos, en volverlos a ver alguna vez?

-Sí claro, es mi familia; pero ya entenderá usted que no se puede llamar a la familia mientras estemos aquí. ¡Nunca ha sucedido!

-¡Hable con el comandante!, él lo dejará llamar, lo sé porque a mí me concedió ese regalo, es un buen tipo, lo comprenderá.

-La verdad camarada, sé muy bien porque usted está aquí. Vio usted en mí, el horror, la palidez que me ha resultado después de hablar con el comandante esta mañana; tengo para decirle, que me ha concedido el permiso para llamar, me ha dicho a demás que es un reconocimiento a mi labor de 5 años de servicio en la revolución.

-Se lo dije, él es un buen tipo.

-Lo sé, lo es, nosotros también lo somos porque sentimos hambre y hacemos algo para calmarla.

-Pero no entiendo por qué el espanto, Camarada Luis.

-Bien, no lo sé tampoco, creo que es porque no recuerdo el número de teléfono, lo tenía en algún bolsillo del camuflado, siempre lo llevo allí, pero hoy mismo no lo encuentro, hoy, precisamente hoy.

-Y no recuerda el número de otro familiar.

-Creo que sí, el de mi abuelo. ¡Pero qué me gano yo!, quiero hablar es con mi madre.

-Pues eso no importa, llamas al abuelo y que le dé el número de su mamá.

-¡La revolución te ha servido estimado amigo! Eres el genio de la conspiración y la clandestinidad.

 

***

-El comandante ha dicho que en este lugar es muy escasa la señal del celular, que debemos ir a lo alto de la otra cordillera. Eso nos tomará todo el día, seguramente regresemos mañana. Toda esta campaña por una llamada, ahora entiendo. Aprecio mucho al comandante, estos son los tipos que necesita la revolución, creo que él no sólo servirá para hacer la revolución sino también para construir la nueva sociedad que queremos. Sería ministro de comunicaciones o algo así.

 

***

-Camarada Luis, es hora de marchar.

-Es difícil la subida, nunca me ha gustado esta cordillera, por acá empinan los árboles, solo bajan cuando mueren. ¡Como todo! El caso es que venimos de abajo, no entiendo. ¿Más abajo es posible?  

-Camarada Luis, este es el lugar. Desde acá haremos la llamada.

-Este es el número de mi abuelo.

-Ahí lo tiene, está sonando.

-Aló, aló, con quién hablo, Abue abueloooo. Habla con David, abuelo sí, estoy vivo, no se preocupe, estoy muy lejos, escucha abuelo, usted tiene el número de mi mamá, quiero hablar con ella. No abuelo, no sé cuándo vaya. No tiene celular mi mamá, uhmm, abuelo no importa, dile que la amo, que me perdone, que lloro cada noche pensando en ella… Lo sé, no importa abuelo, a usted también lo quiero, pronto los llamaré de nuevo… chao abuelo, salúdame a todos.

-Camarada, parece que no tuvo tanta suerte.

-¡Seguro que sí la tuve!, hablé con mi abuelo. Si la revolución triunfa, quiero que mi abuelo tenga su casa.

-Camarada Luis, debemos regresar. Si marchamos ahora mismo podríamos estar mañana temprano en el campamento.

 

***

-¡El bombazo no dejó nada! ¿seguro qué es aquí donde estaba el campamento? ¿seguro?

-Sí, camarada Luis, es aquí. ¿Será que se acabó la guerra? ¡Perdió la revolución!

-¡Se acabó! ¿Acaso dice usted que ya no estaremos aquí, que podré estar con mi abuelo, sin su casa, con mi madre, sin su celular? Es maravilloso. ¡Qué viva la revolución!