Baruch Spinoza quiso pulir el cristal de un lente que estaba opaco, para detallar aquellos rasgos imperfectos.

Por: María Inguilan*

Tomado de www.pre-textos.com

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Imaginemos el contexto a mediados del siglo XVII, en la que prima la obediencia bajo una dominación religiosa con mucho poder de persuasión, donde el mandato divino de Dios dicta obedecer las leyes sagradas, dado que esto implica obtener, bien un castigo o un premio, el infierno o el cielo; no queda más que obedecer. Llegará para la época un personaje con carácter crítico e intelectual que pondrá en duda muchos de los argumentos dados por los ortodoxos para explicar las Sagradas Escrituras.

Si bien Baruch Spinoza venía de una estricta tradición judía y tenía futuro como rabino, esto no sería un impedimento para sacar a la luz sus críticas y desacuerdos frente a aquellas instrucciones estipuladas en unas leyes “divinas” que se las proclamaba como inquebrantables. Además de proponer que dios debe ser pensado filosóficamente, adhiere que ese Dios es necesidad, naturaleza, que es un todo causa de sí mismo; su ideología lo llevaría a ser  tachado de ateo y panteísta hasta finalmente llegar a ser excomulgado, maldecido y expulsado de la religión judía; suceso que trazaría su vida para siempre.

Decidido a tener una vida modesta y sencilla rechazó dinero y ofertas de trabajo como académico, dedicándose exclusivamente a estudiar documentos, escribir, tachar, buscar la palabra correcta (escena que me resulta nostálgica). Igualmente apartaría y dedicaría algunas horas para pulir lentes, oficio con el que se mantenía. Enfermo de tuberculosis se consumiría poco a poco, padeciendo, pero rodeado de amigos y personas que valoraron su conocimiento, aunque quizá fueron pocos (o tal vez no) los que se aproximaron a entenderlo.

Baruch Spinoza quiso pulir el cristal de un lente que estaba opaco, para detallar aquellos rasgos imperfectos. Limpiar o pulir el lente en este caso del entendimiento, significaría apartar esos perjuicios y creencias sin fundamentos que  impiden encontrar la verdad y por ende la felicidad. Verdad y felicidad por las que se sintió motivado y dedicó gran parte de su vida y obra. El Cristal Spinoza muestra como un personaje a pesar de vivir dificultades y estar oculto en su época, se ha convertido en un gran exponente de la Filosofía actual.

 

*Estudiante de Historia y de la Lic. en Filosofía y Letras, Universidad de Caldas.