CUANDO SE VIVE AL FILO DE LA MUERTE

Hoy, hace 35 años, se dio la toma del Palacio de Justicia por parte de un comando del M-19. En este fragmento, la escritora Ana María Jaramillo recrea la voz de la amante de uno de los guerrilleros que interviene en el holocausto.

Por / Ana María Jaramillo

Ana María Jaramillo

Las horas secretas.

Ediciones Sin Nombre.

México, 2003

Págs. 53-54

Esta difícil convivencia requirió de un pacto: yo no diría nada ni pondría orden en la casa mientras él estuviera presente. Cuando se fuera de viaje yo podría hacer lo que quisiera. Cada cierto tiempo botaba a la basura pedazos de sillas, platos quebrados, libros desbaratados, montañas de colillas, calcetines por remendar, camisas para ponerles los botones. Los destrozos de la guerra no estaban sólo en el exterior; en nuestra casa, su paso era evidente.

Más tarde comprendí que esto no tenía importancia; en la mayoría de los casos las despedidas son para siempre y es cuando se entiende lo irracional de la lucha por la permanencia de las cosas materiales. Cuando se vive al filo de la muerte, las cosas se colocan en su justo lugar, lo que verdaderamente trasciende es lo que queda en la memoria y es lo que hay que defender. La sonrisa de complicidad y la carcajada de satisfacción del amigo que pronto entrará en combate no pueden ser mediadas por el orden y el aseo. A Fernanda del Carpio la enterré hace tiempo, pero necesité sepultar antes a algunos seres muy queridos.

La existencia de los que son está marcada por otros códigos. El negro sabía que el hombre que decide hacer de una causa el sentido de su vida, también decide morirse por ella y mientras lo hace, va sufriendo un proceso de cualificación que pronto lo lleva a ser y a olvidarse de poseer. Él sabía que llevar como equipaje un morral con una camiseta, unos pantaloncillos, un blue-jean, un cepillo de dientes y una ración de comida, obliga a sacar la mejor sonrisa y los más generosos sentimientos. Las cosas atan, suprimen la libertad, nos vuelven mezquinos, nos impiden dar lo mejor de nosotros mismos; las cosas, cuando las tenemos, van por delante, hablan y actúan por nosotros, nuestra persona es lo último que ofrecemos, en caso de llegar a hacerlo.

El negro sabía que cuando no hay nada más que ofrecer que una sonrisa, un mal verso, un poco de calor y comprensión, unas cuantas caricias en el hoy y un montón de sueños para el mañana, la vida se vuelve al fin la vida y el amor es de verdad.

Ana María Jaramilo y Rigoberto Gil compartieron una lectura de sus novelas Las horas secretas y El laberinto de las secretas angustias el 30 de noviembre de 2008. Ambas obras tienen como temática los hechos que rodearon la sangrienta toma y retoma del Palacio de Justicia hace 35 años. Fotografía / Jáiber Ladino