CARLOS AYRAM Y LOS CUERPOS DE ANA MARÍA JARAMILLO

Carlos Julio Ayram traza con acierto una relectura de ambos tomos de cuento, valiéndose de las inquietudes del filósofo Jean-Luc Nancy sobre el cuerpo.

 

Escribe / Jáiber Ladino Guapacha – Ilustra / Stella Maris

Quizá, después de Alba Lucía Ángel, la escritora pereirana más reconocida y estudiada ha sido Ana María Jaramillo, a razón del libro Las horas secretas. Desde de su aparición, hace ya 30 años, el horizonte de esta novela no deja de conmover a investigadores, críticos y lectores que se adentran en la historia de amor entre una narradora anónima y su Negro, bacán y revolucionario. Las inquietudes por el lenguaje desinhibido de la mujer, el contenido de historia colombiana y lecturas políticas sobre una visión alternativa de país, siguen siendo temas que no agotan la reflexión.

La riqueza de los títulos posteriores Crímenes domésticos (1993) y Eclipses (2007) está todavía por conocerse, como puede colegirse del trabajo que Carlos Julio Ayram ha realizado en Suicidantes, enamoradas y subversivas. La escritura de los cuerpos en la narrativa de Ana María Jaramillo (México: Ediciones Del Lirio – Ediciones Sin Nombre, 2020).

El autor es un joven profesor, licenciado en Lengua Castellana de la Universidad del Tolima, con dos maestrías en el área, una de la Universidad de Los Andes (2015) y la otra, de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2020), en la que actualmente adelanta estudios doctorales.

Ayram traza con acierto una relectura de ambos tomos de cuento, valiéndose de las inquietudes del filósofo Jean-Luc Nancy sobre el cuerpo, y presentes en sus libros Corpus, Ser singular plural y 58 indicios sobre el cuerpo, valorando así la trasgresión presente en las diferentes mujeres narradas por Jaramillo: “cuando el cuerpo femenino subvierte los ordenamientos patriarcales, abre las posibilidades culturales y políticas de su existencia en un estado de emancipación que aboga por una lógica corporal asumida desde la diferencia”.

Y es que, para el lector que no conozca dichas obras, vale la pena recordar la característica común que subyace a cada antología. En Crímenes domésticos la premisa pareciera mostrar cómo el lugar más seguro para la mujer no es precisamente el hogar. Por ejemplo, en “Nunca es demasiado tarde”, Alicia, la protagonista, sufre la explotación de su esposo: “cada día trabaja más: cosía, criaba gallinas, hacía tamales por encargo, vendía canastas tejidas por ella, lavaba ropa ajena. Ya Pedro no daba un quinto para el diario. Cuando se emborrachaba, lo cual sucedía todos los días, llegaba a insultarla y a golpearla para luego marcharse dando un fuerte portazo y maldiciendo, pero con los pocos pesos que Alicia había logrado ganar”. A medida que se internan en la selva, los esposos van perdiendo la apariencia de las buenas formas que tuvieron en los primeros párrafos. La brusquedad, la sequedad, el maltrato terminan por llevar a la mujer a una liberación de esa opresión. Este y otros casos dan pie a Ayram para corroborar que en la cuentística de Ana María Jaramillo “[el corpus es] esa posibilidad de hacerse relato desde una experiencia de vida; es un cuerpo que se escapa en la escritura poética para plantarse como una carne y una piel que pueden gozar de libertad”.

La premisa en Eclipses es mucho más compleja: las mujeres que los protagonizan optan por el suicidio. Durante más de diez años, el silencio de la crítica frente a esta obra nos habla de cierta incomodidad o dificultad para abordar un asunto con tantas aristas. Sin embargo, Ayram logra hacerse a la tarea de descubrir en un acto tan censurado por la moral religiosa, la dimensión en la que la muerte por mano propia es un acto político, de afirmación. Para plantear esta relectura, Ayram se vale, entre otros autores, de Jean Améry, Diana Cohen y M. Onfray.

El trabajo de Ayram revisa también la novelita La curiosidad mató al gato, incluida en Crímenes domésticos y también ofrece una mirada a la primera publicación de Ana María Jaramillo, en el capítulo “Cuerpo enamorado: el pacto erótico” en Las horas secretas, con lo que podemos señalar que es, hasta el momento, el proyecto más aglutinador sobre la obra de la pereirana. Si bien es cierto que las dos últimas novelas El sonido de la sal y La dama, el poeta y el ropavejero, quedan excluidas de esta reflexión teórica, precisamente constituye un aporte valioso para comprender los vasos comunicantes entre la obra anterior y estas novedades, pues como lo evidencian sus palabras ya cerrando la disertación: “permite seguir pensando cómo el proyecto estético es inseparable del efecto político que los cuerpos engendran en la consolidación de otras lógicas corporales y de género que replantean y rebaten las leyes en las que se ha fundamentado el patriarcado”.

La mirada de Ayram, además, disfruta de esa estrategia tan presente en estos cuentos, como lo es el humor, pues en la sencillez del texto “Mustia de indiferencia”, él encuentra “el trasfondo político […] ¿son las mujeres las verdaderas desesperadas? La subversión de Pilar, desde su aburrimiento, es desestabilizar la paciencia patriarcal. ¿Son las mujeres las que en verdad están en peligro frente a este tipo de situaciones? Pilar sigue y seguirá aburrida aún después de la golpiza de Héctor. El texto tiene un desplazamiento de lo paródico a lo político: la mujer y su cuerpo, que es destrozado por otro, revierten la falsa idea de las mujeres como encarnación de la debilidad y la desesperación”.

La publicación del libro de Ayram es posible gracias al trabajo en equipo de las editoriales mexicanas Del Lirio y Sin Nombre (esta última dirigida por la propia Ana María Jaramillo y su esposo, el escritor José María Espinasa).

Suicidantes, enamoradas y subversivas estará llegando al país en los próximos meses, ofreciendo una ocasión para volver a esta obra cuentística y descubrir, en ella, esas luces que necesitamos para comprender situaciones problemáticas que siguen ocasionándonos perplejidad y resentimiento. La represión militar durante las jornadas del paro nacional, iniciado el 28 de abril, ha demostrado que los cuerpos de las mujeres siguen desprotegidos y silenciados. Vigente entonces la tarea propuesta “hacer memoria desde el cuerpo consiste en un ejercicio de traducción de la experiencia y la singularidad de los sujetos femeninos”, como afirma Ayram.

Twitter: @JaiberLadino